El arte de traducir recupepado

 

La colección crece periódicamente con el objetivo de publicar

toda la obra del autor de "Hamlet" y "0telo"

 

Por Fernando Toloza

LA CAPITAL

9 de Julio del 2000

 

Los dadaístas sostenían que era necesario quemar las obras de Shakespeare para poder escribir, dada la genialidad con que Shakespeare había tratado todos los temas competentes a la especie humana, e incluso a la animal, cuando en alguna comedia convertía a varios de sus protagonistas en bestias.

Más civilizados, un grupo de escritores latinoamericanos y españoles comenzaron a traducir al castellano toda la obra de Shakespeare, en volúmenes individuales, para la editorial Norma. La iniciativa, según se aclara en el prólogo a la edición de cada una de las obras, busca ordenar lo que, en otras generaciones, no se dio o se dio azarosamente y servir de termómetro para la capacidad creativa del castellano, al verter en ella una obra maestra. Es decir, Shakespeare pocas veces fue traducido al castellano por escritores (una excepción son el puñado de sonetos que tradujo Manuel Mujica Lainez, o la curiosas versiones del dandy Leandro Fernández de Moratín, que llegó a llamar "Hamleto" a Hamlet), y muchos menos en forma sistemática como ahora se' propone, donde cada escritor que, traduce sabe que está midiendo su potencial creativo para tratar de dar la misma sensación de vida que dan las obras de Shakespeare en su idioma original.

El proyecto comenzó el año pasado con la edición de Julio César", "Como les guste", "Medida por medida", "Pericles,  príncipe de Tiro" y "Romeo y Julieta".

Ahora acaban de editarse otros cinco títulos: “La comedia de los errores” “Enrique IV, primera parte”, “Otelo”, “La doma de la fiera” y “Troilo y Crésida”.

Las cinco nuevas traducciones fueron un desafío para cada uno de los traductores. El peso de Shakespeare para un escritor sudamericano tal vez sea menor que para un escritor inglés, pero la obligación de recrear a uno de los más grandes escritores de todos los tiempos es algo que el escritor inglés no conoce, salvo que exista un Pierre Menard obsesionado con Shakespeare en vez de con Cervantes como el personaje inventado por Borges, que copiaba palabra por palabra la obra del Manco de Lepanto.

Shakespeare es uno de los escritores que más saqueos y peores traducciones recibió a lo largo de la historia. La cantidad de desaciertos está en proporción con su fama y en definitiva también en acuerdo con la esencia de su método creativo: para Shakespeare cualquier fuente era buena. Entresacaba sus historias de los peores libros, de las peores traducciones, de sus lecturas inconclusas de los clásicos, y también, en el polo opuesto, de la maestría de un Montaigne. Y los lectores, durante siglos, se enfrentaron a la aventura de descubrir el genio de Shakespeare en sus versiones a distintas lenguas,  en las adaptaciones moralizantes, en las obras expurgadas y en las representaciones teatrales.

Con el proyecto de Shakespeare por Escritores se obtiene entonces un plus: saber que los encargados de traducirlo forman parte de un proyecto que busca, además de la fidelidad, la calidad en el texto traducido. Aquellos que decían no leer a Shakespeare porque se quejaban de que estaba mal traducido, perdieron su excusa­. Tienen hoy una buena oportunidad de leer en traducciones confiables una por una todas las obras de Shakespeare y aprender algo de ese universo que ya dura cuatro siglos.

 

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