Algunas Malas Traducciones

Por Hernán Isnardi

Pocos días antes de que se diera a conocer el nombre del ganador del premio Nobel de Literatura 2005, un miembro de la academia sueca renunció quejándose de la elección hecha en el 2004. Dijo que "Elfried Jelinek no sólo ha causado un daño irreparable a todas las fuerzas progresistas, sino que ha confundido la visión general de la literatura como arte". Knut Ahnlund, el crítico renunciante, agregó que la obra de la escritora es "una masa de textos sin el menor rastro de estructura artística".

América Latina es, creo, una plaza comercial importante, aunque muchas grandes editoras pretendan ignorarlo.

Luego de leer, o de intentar leer a tres de los últimos cinco premios Nobel, tuve por lo menos dos sensaciones: o estas monumentales editoras españolas desprecian al público latinoamericano, imponiéndonos malas traducciones, o como dice nuestro amigo el académico, algo no está bien en las selecciones de este gran premio.

Los libros de los que hablo y sus autores son: La Montaña del Alma, de Gao Xingjian (Nobel 2000); Deseo, de Elfried Jelinek (Nobel 2004); Desgracia, de J.M.Coetzee (Nobel 2003).

La Montaña del Alma, se inicia con una alentadora nota de los traductores que, confieso, me llenó de emoción; dos traductores y tres colaboradores!
La novela empieza en un extraño pretérito perfecto y en segunda persona del singular. El libro parece, más que la máxima expresión literaria, un informe policial: monótono, pobre, sin matices y con esa voz que le habla y le habla al protagonista. Pero hay partes en las que empeora:
"-¿Se dedica usted a investigar las tradiciones populares? ¿Es usted sociólogo? ¿Especialista en folclore? ¿Etnólogo? ¿O bien periodista? ¿Aventurero?
-Soy todo eso, pero como aficionado.
Os habéis echado a reír los dos.
-¡Eso no impide pasárselo en grande!
Aún os habéis reído más abiertamente. El ha encendido un cigarrillo y se ha puesto a hablar como un sacamuelas..."
Leyendo esto, no puedo imaginar el original. Un personaje dice: "Eso no impide pasárselo en grande". ¿Será alguien que tiene algo chico que quiere pasárselo a otro en tamaño grande? Y hay uno que habla como un sacamuelas... Cómo será eso? Por otra parte, ¿no se habrán enterado en España que en Latinoamérica no se habla con el "vosotros"? Si compran los derechos para América, sobre todo si se trata de un Premio Nobel, ¿no se justificaría pagar a un traductor americano (mexicano, argentino, por ejemplo)? Sería un poquito más serio.

El libro de Jelinek se lleva los laureles a la peor traducción (o será como dice don Knut, y la escritora es un horror).
No conozco el idioma original, pero conozco un poco del mío.
Entre las 20 y tantas páginas que llegue a leer antes de deprimirme, encontré cosas como éstas: "Los hombres, esa obra sobre la tierra, y quieren seguir construyéndola." Pienso en qué parte se habrá perdido el traductor o en cual la escritora. Más adelante descubro que los hombres tenemos "rabo", las mujeres "coño", que usan "panties" y sabes Dios cuántas cosas más, que me habría gustado leer traducidas. Sigo. Leo, unas páginas después, lo siguiente: "No, el director responderá a los anuncios...". Coloca el traductor la preposición "a" en un lugar equivocado, modificando el sentido; tal como está escrito, el director ve unos anuncios y responderá a ellos. Si hubiera puesto "responderá los anuncios", otra habría sido la historia, respondería al contenido y no al anuncio en sí. Entre errores de este tipo, faltas de concordancias de tiempos verbales, leí: "La mujer tantea torpemente hacia atrás con el tacón de la zapatilla, intentando alcanzar el monstruo de su marido." Parece que el señor este tenía un monstruo guardado y ella debía alcanzarlo.. ¿Estaría en una repisa alta? ¿O el traductor habrá equivocado ese "el", debiendo poner "al" y el monstruo sería realmente el marido? ¿O el monstruo será el traductor? ¿O la escritora?.

El tercero de los libros "Nobel", Desgracia, de Coetzee, no tiene los horrores de Deseo, ni los españolismos de La Montaña del Alma; es simplemente un libro interesante. La duda es recurrente: ¿está muy pobremente escrito o traducido? Las imágenes del autor, acaso hayan sido apagadas por otra mala traducción.
O los tres libros son malos, o las grandes Editoriales siguen despreciando a los lectores, porque que no se trata de abaratar costos, ya que en las ventas de un Nobel, sería el gasto más chico, o la mejor inversión.

Otros que han sufrido igual suerte: "El Guardián entre el Centeno", de Salinger, fue destruido por una señora Carmen Criado, o un señor Carmelo Criado, según rezan las dos traducciones, que son la misma, y que son de lo peor que he leído en mi vida. Una editora lo ha vuelto a publicar recientemente y es indudable que nadie de esa empresa se ha tomado el lógico trabajo de leer el libro. Aquí hay "tíos que están forrados" (¿?), "puñetas estilo David Coperfield" (¿?), "chavalas" (¿?). Esto en una sola página.

Tengo otras curiosidades: Esta es mitad buena y mitad mala. Cioran y sus traductores. Gracias a Dios existe Tusquets, y ha puesto a cuatro formidables traductores en custodia de la obra del rumano: Esther Seligson, Joaquín Garrigós, Carlos Manzano y Rafael Panizo. Cada uno de ellos ha hecho un trabajo excepcional. La poesía, la precisión, el cinismo se han mantenido intactos. Tusquets ha demostrado que se puede hacer un trabajo de excelencia. Otra editora ha optado por Fernando Savater como traductor de Cioran. La pregunta es: era necesario convocar a un filósofo que ha demostrado ser un pésimo escritor (no es un juicio de valor hacia el contenido de sus libros sino a su forma de escribir). Leo los tres libros traducidos por el español y no reconozco al autor, del que he leído los otros doce volúmenes traducidos por cuatro personas diferentes. ¿Cuál será el motivo de esta designación? ¿Vender por Cioran y por Savater?.

Otra buena: Emecé ha realizado dos trabajos monumentales. Las traducciones de Yasunari Kawabata (María Martoccia, Liliana Ponce, Juan Forn, Nélida de Machain y Amalia Sato) y de Fernando Pessoa (Rodolfo Alonso y Santiago Kovadlof, Rosa Corgatelli y Santiago Llach). Ha convocado a los mejores traductores y los resultados son extraordinarios. Es un placer leer ambas colecciones. Editorial Norma, bajo la dirección de Marcelo Cohen, han hecho traducir a Shakespeare por escritores de toda Hispanoamérica. Un emprendimiento digno de admiración, al que los lectores no podemos dejar de aplaudir. Estas traducciones han sido apoyadas desde siempre por La Máquina del Tiempo.

Vamos por última vez: ¿Es tan complicado, grandes editores, respetar un poco más a los escritores, a los lectores y traducir sus obras con responsabilidad, o seriedad, o dignidad?

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