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El
Kafkiano Caso de la Verwandlung Por Fernando Sorrentino
Compré
el libro pequeño formato, tapas desvaídamente anaranjadas en abril de 1962.
La portada dice textualmente: Franz Kafka / La / metamorfosis / Traducción y Prólogo de / Jorge Luis Borges / (Cuarta edición) / Editorial Losada, S. A. / Buenos
Aires. Es el nº 118 de la muy popular y agradable Biblioteca Contemporánea; esta
cuarta edición data del 29 de enero de 1962 y reproduce1 el texto aparecido por primera vez (15 de agosto de 1938) en la colección La Pajarita de
Papel, que dirigía Guillermo de Torre.
En
aquel entonces (1962), yo tenía diecinueve años, un ilimitado entusiasmo literario y una
no ilimitada facultad de discernimiento. De modo que leí el libro con el asombrado placer
que, ante el mundo kafkiano, ya no me abandonaría nunca, pero sin notar ninguna
curiosidad estilística. Claro que, en esos años, yo apenas estaba comenzando a conocer
las obras de Kafka y de Borges.
A
medida que fui acumulando más años, se produjeron también otros dos fenómenos
paralelos y complementarios: el entusiasmo fue tendiendo a disminuir y la facultad de
discernimiento fue tendiendo a incrementarse (y, posiblemente, cada término del binomio
fuera, a la vez, causa y efecto del otro término).
Por
estas razones, no es raro que, algún tiempo después, en una de las tantas relecturas que
hice de dicho libro, advirtiera que la traducción de Die Verwandlung no respondía a las costumbres
léxicas y sintácticas de Borges.
No
se trataba sólo de la inevitable presión que el texto original ejerce sobre la tarea del
traductor, obligándolo a adecuarse, en mayor o menor medida, a las características del
autor traducido. No: era una divergencia estilística tan evidente, que lo extraño no
consiste en que yo la hubiera advertido (digamos, unos veinticinco años después de su
primera edición, de 1938): lo extraño resulta que en ese cuarto de siglo en que
tantos y tan espectables intelectuales se dedicaron a hablar y/o escribir sobre Borges y
los diversos aspectos de su actividad literaria nadie, que yo sepa, se haya dado
cuenta de que tal traducción no era obra, ni podía ser, de nuestro mayor escritor del
siglo xx.
En
primer lugar, la simple lectura me indicaba dos cosas: 1) la traducción no pertenecía a
Borges, y 2) tampoco pertenecía a ningún traductor argentino: había una importante
cantidad de rasgos que la ubicaban como perteneciente a un traductor español, y de gustos
quizás un poco anticuados. Por ejemplo:
b)
Uso de léxico o de giros no argentinos: aparecía como de ordinario; una estampa ha poco recortada; Mas era esto algo de todo punto irrealizable; Y entonces, sí que me redondeo; Eran las seis y media, y las manecillas seguían avanzando; concentró toda
su energía y, sin pararse en barras, se
arrastró hacia adelante.
c)
Uso del pronombre le como objeto directo
(leísmo): un dolor [
] comenzó a aquejarle en el costado; Estos madrugones le entontecen a
uno por completo; Celebro verle a usted, señor
principal; motivo suficiente para despedirle sin
demora; harto mejor que molestarle con llantos y
discursos era dejarle en paz.2
Cuando,
unos pocos años más tarde, tuve la inolvidable experiencia de realizar el libro de
entrevistas Siete conversaciones con Jorge Luis
Borges,3 no quise, desde luego, desaprovechar la oportunidad de interrogarlo sobre este punto. El
diálogo fue así:
F.S.: Me pareció notar en su versión de La metamorfosis,
de Kafka, que usted difiere de su estilo habitual
J.L.B.: Bueno: ello se debe al hecho de que yo no
soy el autor de la traducción de ese texto. Y una prueba de ello además
de mi palabra es que yo conozco algo de alemán, sé que la obra se titula
Die Verwandlung y no Die Metamorphose, y sé que hubiera debido traducirse como
La transformación. Pero, como el traductor francés prefirió acaso saludando
desde lejos a Ovidio La métamorphose, aquí servilmente hicimos lo mismo.
Esa traducción ha de ser me parece por algunos giros de algún traductor
español. Lo que yo sí traduje fueron los otros cuentos de Kafka que están en
el mismo volumen publicado por la editorial Losada. Pero, para simplificar quizá
por razones meramente tipográficas, se prefirió atribuirme a mí la traducción
de todo el volumen, y se usó una traducción acaso anónima que andaba por ahí.
En
época reciente, al preparar y revisar las notas destinadas a la nueva edición de las Siete conversaciones, obtuve, gracias a Miguel de
Torre (devoto de su ilustre tío materno y conocedor de muchísimos detalles de su vida),
una información nueva: tampoco pertenecen a Borges las versiones de Un artista del
hambre (Ein Hungerkünstler) y Un
artista del trapecio (Erstes Leid),4 cosa que, en su momento, yo no había advertido, seguramente por no haberlas leído con
atención.
En
efecto, la lectura de ambos textos (páginas 113-127 y 131-134) nos ofrece las mismas
peculiaridades de la lectura de La metamorfosis que encabeza dicho volumen. Con la suma de estas tres seguridades (mi propia observación
de las divergencias estilísticas, la taxativa declaración de Borges de no ser él el
autor de la traducción y la ratificación ulterior de Miguel de Torre), consigné la
información en una nota de la página 256 de la reciente edición de las Siete conversaciones y di por concluido el asunto.
Sin
embargo, la alarmada consulta que recibí de una estudiante que, en Alemania, estaba
preparando un trabajo académico sobre la traducción que Borges hizo de Die Verwandlung por un lado, y la lectura de una
dubitativa publicación5 por el otro, me impulsaron a avanzar más allá y tratar de encontrar la traducción
acaso anónima que andaba por ahí (y que, sin duda, Borges siempre supo cuál era y
dónde estaba).
Como
me resulta más sencillo aportar gris información verdadera que elaborar brillantes
hipótesis falsas, cumplí de inmediato la búsqueda necesaria (además, muy simple y nada
misteriosa) y pude así encontrar en letras de molde las versiones de La
metamorfosis, Un artista del hambre y Un artista del
trapecio, que, transcriptas con las mismísimas palabras, fueron atribuidas a
Borges, desde 1938 hasta hoy, en las ediciones mencionadas.
Las
tres constan en la Revista de Occidente, que
en Madrid dirigía José Ortega y Gasset, y las tres se hallan de una manera muy de
entrecasa sin mención del traductor,6 sin mención del título original y sin mención de la publicación de donde fueron
traducidas. He aquí los datos precisos:
1)
La metamorfosis, de Franz Kafka (1ª parte), Revista de Occidente, tomo viii, abril-mayo-junio de 1925, nº xxiv, págs. 273-306.
2)
La metamorfosis, de Franz Kafka (2ª parte), Revista de Occidente, tomo ix, julio-agosto-septiembre de 1925, nº xxv, págs. 33-79.
3)
Un artista del hambre, de Franz Kafka, Revista
de Occidente, tomo xvi, abril-mayo-junio
de 1927, nº xlvii, págs. 204-219.
4)
Un artista del trapecio, de Franz Kafka, Revista
de Occidente, tomo xxxviii,
octubre-noviembre-diciembre de 1932, nº cxiii,
págs. 209-213.
Con
estas precisiones, tan fáciles de verificar, ya no será razonable seguir diciendo que
Borges tradujo al español Die Verwandlung, Ein Hungerkünstler y Erstes Leid, afirmación errónea que se repite,
con inmerecido éxito, desde hace cincuenta y ocho años.
Notas
1. En la
página 6 de la edición de La Pajarita de Papel dice Traducción directa del
alemán y prólogo por Jorge Luis Borges. Sin embargo, el título de la
introducción de Borges es Prefacio.
2. En Relatos completos (2 tomos), Buenos Aires, Losada,
1980-1981, vuelven a incluirse La metamorfosis, Un artista del
trapecio y Un artista del hambre en las versiones de Borges.
Pero, ahora, se presentan con notables correcciones estilísticas, de voluntad
deshispanizante, entre las que cabe citar la extirpación de muchos enclíticos y del
leísmo. Entre tantos posibles, he aquí algunos ejemplos: una estampa ha poco recortada se ha convertido en una estampa que poco antes había recortado; Mas era esto algo de todo punto irrealizable, en Pero era esto algo enteramente irrealizable; Y entonces, sí que me redondeo, en Y entonces, sí que me pondría a salvo; concentró toda su energía y, sin pararse en barras,
se arrastró hacia adelante, en concentró toda
su energía y, sin miramiento alguno, se arrastró hacia adelante;Estos madrugones díjose le
entontecen a uno por completo, en Estos
madrugones pensó lo atontan a uno por completo.
3. Primera
edición: Buenos Aires, Casa Pardo, 1974; nueva edición, con notas revisadas y
actualizadas: Buenos Aires, El Ateneo, 1996.
4. Dicho sea
de paso, el título Un artista del trapecio es del todo arbitrario, pues Erstes Leid debió traducirse como Primera
tristeza (o, quizá, Primera pena), que es, precisamente, lo que se ha
hecho en la edición de La Biblioteca de Babel (Franz Kafka, El buitre, selección y prólogo de Jorge Luis
Borges, Buenos Aires, Ediciones Librería La Ciudad, 1979).
5.
Homenaje a Jorge Luis Borges, en Voces (revista del Colegio de Traductores Públicos de la Ciudad de Buenos Aires), nº 15,
septiembre de 1995.
6. Sobre
quién será tal anónimo, se podría conjeturar que esa versión se ha hecho, no sobre el
texto alemán de Kafka, sino sobre el texto de alguna traducción francesa.
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