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¿Necesitas
de la realidad para ser moral?
Por
Alejandro Miroli
"Tal
vez una mañana, caminando bajo un aire de vidrio
árido, volviéndome, veré hacerse el milagro
la nada a mis espaldas, el vacío detrás
de mí, con terror de borracho
Luego,
como una pantalla, se detendrán de pronto
Colinas, casas, arboles para el común engaño
pero será muy tarde, y yo me iré callado
en medio de los hombres que no se vuelven
con mi secreto"
Eugenio
Montale(1)
Podemos
partir de un contraste, supongamos un relato que ponga una eliminación
singular de la realidad y hagamos un contraste con el poema de Montale: tú
y tu amada/o salen de viaje, y pasan una noche sin luna a la luz de las estrellas
en el campo, donde observan la plenitud de la Vía Láctea, y esa
noche tú percibes una extraña conjunción entre la luz estelar
y alguna otra cosa, como una perturbación de fondo, y en ese momento,
como movido por una inquietud que nunca te asaltó te vuelves para verla/o
y ves que ella/él es Gorgona/Minotauro, sus ojos brillando con una luz
propia, las serpientes silbando sobre su cabeza y sus afilados dientes asomándose
amenazadores de sus labios/sus cuernos afilados, la pelambre sudada y el aliento
sobre nuestro rostro (2). Y de pronto la imagen cede y es ella/él
aquellos que siempre conociste. Pero la impresión que tuviste te queda
tan intensa, los olores, los sonidos, la visión, la luz que la rodeó,
que te invade la certeza: has visto la verdadera naturaleza de ella/él,
es Gorgona/Minotauro; pero luego nada en su conducta posterior a esa revelación
lo delata (ni ningún recuerdo anterior pareciera preanunciarla); ahora
le miras con terror mal escondido sin dejar de preguntarte cómo esa mujer/ese
hombre que en nada lo aparenta podrá ser aquel ser proteico, fuente de
males y horrores que has percibido con extrema evidencia. De pronto te preguntas,
sea Gorgona/Minotauro o no, dado que -excepto ese único dato- nada parece
haber cambiado ¿debo
repudiarle, o entrar en un compás de espera, o amarle menos, o sencillamente
dejar que todo siga igual? Y si cambias tu actitud hacia ella/él ¿es
que acaso tu amor exige que ella/él sea lo que tu siempre has creído
que era, acaso cambiara si ella/él -sea quién sea- en nada defrauda
lo que esperas que haga, aunque en algún nivel profundo que nunca se
manifiesta, salvo aquella única vez, él/ella sea otra cosa? Cualquiera
sea la respuesta que des, en ella aparecerá el hecho que tienes un mundo
fijo y -Gorgona/Minotauro presente- ese mundo fijo te trasmite su fuerza y habitualidad,
la bóveda celeste no nos engaña y, contra esa estabilidad de fondo
que mantiene tus certezas, podrás decidir y podrás juzgar a Gorgona/Minotauro
en nombre de los fueros de la Realidad (3).
Y si le rechazas
podré entenderlo: tú esperarás en cualquier momento el
golpe traidor que según la tradición Gorgona/Minotauro ha profesado
siempre, i.e. el transformarte en estatua si la miras de frente/el ensartare
con su cornamenta, y ese conocimiento te ha transformado, la espera de algo
te hace ver a tu ¿amada/amado? como otra cosa y ese conocimiento puede
matar y cambiar todo el sentimiento que antes tenías hacia ese ser que
ahora es extraño, y allí aparece la ruptura. Tal vez las rutinas
diarias de ella/él lo desmientan, pero ¿dejarás de estar
esperando sin seguridad lo peligros que la tradición asociaba a Gorgona/Minotauro
y alejarás tal presencia extraña de tu ámbito de familiaridad,
no porque te amenace de modo efectivo, sino porque el conocimiento de la mera
posibilidad te cambió de manera irreversible (4)?
¿O por lo contrario la persistencia de los hábitos y de las costumbres
del mundo que tienes de fondo, te motive a seguir, a ocultar la certeza, sin
reparar en que ella/él no es quien tu creías?
¿Y si la revelación fuera mas extraña, si no fuera Gorgona/Minotauro,
sino algo amorfo, algo sin nombre, una pura extrañeza? ¿Y si hubiera
una pura incógnita, pura contingencia sin dirección? i. e. ¿qué
pasa si toda la realidad es Gorgona/Minotauro, si la certidumbre te alcance
cuando ella se revela un fraude total? Entonces no tendrías una realidad
de fondo y nada concreto te daría un sentido fijo, sino que estarías
sumido en dudas que nada parecería responder, y en este caso ¿cómo
puedes revelarte contra la Realidad, cuando no tienes un punto fijo de amarre
que no seas tu mismo? En esos casos parece que sólo la locura pueda salvarte.
Y si no, ¿cómo cambiaría tu vida si supieras que todas
tus creencias sobre la realidad son falsas y que la realidad que te circunda
es fraudulenta, pero a pesar de ello, observas que la realidad putativa satisface
tus esperas? En suma la realidad que te circunda no es Realidad, pero tiene
la misma apariencia que antes que parecía ser Real, nos presenta las
mismas cosas, sólo que lo que creías verdadero se te aparece como
un fraude (5).
Ese problema
se vincula directamente con uno de los temas filosóficos más persistentes
de la modernidad: el anclaje de nuestras creencias y deberes más básicos
en un mundo exterior que esté fuera de toda discusión, que sea
tal como se nos presenta o que sea consistente con lo que se nos presenta y
que sea trasparente a la inspección cognitiva y a al intuición
axiológica. Y la filosofía moderna encaró este problema
tratando de encontrar argumentos que partieran de premisas indudables y concluyeran
en forma necesaria, que nuestras creencias básicas son verdaderas y que
nuestros deberes básicos están fundados.
Y contra este axioma central de la modernidad -que acepta la existencia de una
subjetividad que conquista la Realidad y la torna esclava de su mandato- el
poema de Montale canta una decepción cognitiva global: ya no es sólo
una cosa la que te decepciona, sino "...la nada a mis espaldas /.../ <donde>
se detendrán de pronto/ Colinas, casas, árboles para el común
engaño".
Podemos presentar el problema del poema en tres tesis:
(I)
nuestra realidad no es la Realidad per se -sea lo que esta sea- y vivimos en
una realidad putativa, no en la Realidad;
(II) cualquiera que sea el origen de esa realidad putativa - sea ella el producto
de un dios perezoso, o de un genio maligno, o de una mente solipsista o de procesos
mentales que están mas allá de nuestro control consciente o de
un hipnotizador o de un científico loco que mantiene nuestro cerebro
en una cubeta unido a una computadora o vaya uno a saber cuál- de alguna
manera podemos enterarnos que es una realidad putativa ya que atisbamos como
se monta una escena, lo que puede tener efectos en nuestras creencias fácticas
y nuestros deberes normativos;
(III) sólo a mi me cabe enterarme de esto pues mi prójimo no ha
tenido esa terrible revelación, de modo que debo vivir yo con ese secreto
sin que mi vida se desmorone (6).
La tesis
(I) ilustra la clásica tesis del carácter ilusorio del mundo según
la cual aquello que se me aparece en condiciones normales no es la última
y verdadera Realidad sino que ésta es otra cosa (7). Por
el contrario las tesis (II)-(III) difieren de los usos filosóficos de
la tesis (I) pues la ponen a esta en un terreno moral. En la versión
de Montale, la tesis (II) es contracartesiana: a diferencia del esfuerzo de
Descartes -que buscaba una percepción que no pudiera ser derrotada por
ningún intento de duda que se opusiera, en el poema la percepción
no es defectiva, sino que me da certeza de un engaño que está
allí afuera, o sea, lejos de los complicados experimentos metafísicos
de Descartes o de Putman, el poema le da una vuelta radical a todas las filosofías
de la sospecha que elevan la cortina de las impresiones -Mâya- sobre la
conciencia -que será como un teatro interno donde malamente se intente
representar la Realidad- y sugiere, desde la simple posición de un realista
ingenuo del sentido común hablando de momentos cotidianos que no exigen
ninguna capacidad cognitiva extraordinaria -como sería una intuición
pura o alguna identificación mística con la Realidad- la mas espantosa
de las verdades: todo es falso y me aparece sin distorsión alguna como
fraude. En este caso nada en mi funciona mal de algún modo que me pudiera
engañar, sino que con la misma certeza que puedo decir que es cierto
que ésa que veo y muevo delante de mis ojos es mi mano izquierda, conozco
plenamente el mayor de los fraudes (situación que a la que se arriba
en el poema de Montale con un bagaje metafísico de utilería).
Mientras en el uso filosófico estándar los argumentos de la ilusión
se emplean en la fundamentación absoluta del conocimiento de la Realidad
o para argüir sobre la imposibilidad de un internalismo extremo, o al contrario
sobre el escepticismo acerca del mundo externo y de otras mentes, la sugerencia
del poema de Montale, deja a un lado toda la significación gnoseológica
de tales ejemplos, y presenta -en forma literaria- la cuestión de si
podemos vivir sabiendo que todas nuestras creencias son falsas. Y a la atroz
certeza sigue la atroz pregunta ¿puedo vivir con ese conocimiento, cuando
el conocimiento me cambia y no tengo un marco de referencia fijo, porque todo
el marco -la Realidad- se esfumo?, o sea si el percatamiento del fraude nos
cambia, cómo puedo vivir en medio de ese fraude, mas cuando soy solo
yo quien lo sabe, ya que me quede "...en medio de los hombres que no se
vuelven / con mi secreto.". Si el caminante vuelve sobre su ruta, y alcanza
al grupo de viajantes que con él salió a tomar aire fresco, viejos
camaradas de tantas andanzas con quienes lo unen sólidos lazos que le
obligan a ayudarles y brindarles la misma hospitalidad que recibe de ellos,
y ahora sabe que todo es mentira que ellos creen ir a una ciudad, caminar por
calles con historia, recordar un pasado, y solo viven un fraude o tal vez sean
ellos mismos partes del fraude, y que nada puede él hacer para corregir
eso porque el momento de la certeza se abrió solo para él, entonces
los mira, se toma del hombro con el mas cercano, plantea parar en una casa de
refrescos y se olvida de la revelación. O no.
En suma el poema nos enfrenta con dos cuestiones (i) ¿necesitamos la
Realidad? Y (ii) ¿cómo podemos vivir cuando sabemos que nada es
Real? Tu puedes rechazar estas preguntas, puedes alegar que ellas no son válidas,
ya que acaso pudieras parar a un peatón en la calle y pretender que te
responda "Vea, tal vez nada sea real, pero yo no preciso que lo sea",
porque lo más probable es que no entienda qué sea prescindir de
la Realidad. Tal vez nuestro peatón sea un solipsista, tal vez él
prescinda de mi realidad, tal vez cuando yo le hable de los contenidos de mi
realidad él los ponga en duda o los rechace, y me proponga que admita
que los únicos contenidos reales son los suyos, y que yo soy un invento
suyo (8). Pero podríamos formular la pregunta de manera que alcance incluso un
solipsista ya que un solipsista que niegue su realidad sería un imposible
pues la realidad del solipsista es tan firme y mundana para él como la
realidad mundana es firme y robusta para cualquier defensor del sentido común.
Si el solipsista fuera el sujeto del poema de Montale el problema para él
sería el mismo: su psiquismo -fuente de toda realidad para él-
le produce una realidad putativa que es coherente con todas sus creencias mundanas,
pero en algún momento, le deja ver que esa realidad putativa de la que
es consciente es fraudulenta y que todas sus creencias son falsas aunque su
psiquismo produzca tanto las creencias como la realidad a la que ellas refieren (9).
En resumen,
si lo que hubiera fuese "la nada a mis espaldas, el vacío detrás
de mí/, con terror de borracho" llegaríamos a la siguiente
situación:
Aquello
que creemos Realidad = ilusión autoimplantada o heteroimplantada o decepción
conceptual o error sensoperceptual irrevocable ? creencias personales serán
sistemáticamente falsas
Y ante esa
situación surge la pregunta central que propone el poema ¿tus opciones morales, tus juicios de valor, tus planes de vida necesitan
que tus creencias factuales sean verdaderas o puedes mantenerles aún
si sabes que tus creencias factuales son falsas? i. e. preguntar si podemos vivir sin la Realidad -que ahora sabemos es fraudulenta-
es preguntar si esto altera tus deberes morales y tus juicios de valor. Y la
situación adquiere un matiz ominoso: cuando sólo Gorgona/Minotauro
era fraude podías apelar al mundo, que en su robustez te podía
brindar un reparo para enfrentar y decidir si esa extraña y ominosa presencia
merecían alguna confianza tuya; pero Montale te puso ante la completa
carencia de mundo, y aquello que está detrás, desde donde se armó
el fraude, parece arrojar sombras más oscuras que Gorgona/Minotauro.
En principio la cuestión se reduce a la mera ignorancia o conocimiento
de ello: en efecto, supongamos que yo soy un cerebro en una cubeta, lleno de
implantes que un neurólogo loco me va poniendo y que una poderosa computadora
va generando los diversos contenidos sensoperceptuales que me aparecen por medio
de esos implantes, y que yo no tenga forma de enterarme del carácter
real o ilusorio de estos contenidos; en ese caso y bajo estos supuestos, que
mi realidad o tu realidad sean pseudorealidades (=virtuales) o no, es irrelevante,
yo tengo que vivir y ninguna de las decisiones acerca de qué hacer y
cómo vivir aparece como premisa el carácter real/ilusorio de algo,
v.g. no es menos mi voluntad de devolver el préstamo porque quien me
lo prestó sea real/irreal mientras yo lo ignore acabadamente (10).
El tema que
presenta la pregunta del poema de Montale es el vínculo que hay entre
la acción y nuestras creencias factuales verdaderas o falsas. Pero nuestro
lector, tal vez educado en las tradiciones éticas dominantes en el siglo
XX podría decir que este tema ha sido resuelto, que de hecho no hay ningún
vínculo entre ambos ya que en el escenario filosófico contemporáneo
estábamos bajo la sombra de la guillotina de Hume o de la hoy conocida
falacia naturalista (11), según
la cual no hay ninguna relación lógica entre
la forma que tiene el mundo en tanto es tal y cual cosa y la forma que deba
tener el mundo en tanto deba ajustarse a tal y cual norma o mandato; bajo esta primera interpretación de la relación entere mundo y
moral, el poema de Montale no agrega nada, y la pregunta que nos parecía
central, parece redundante, ya que el carácter ¿fraguado, real?
del mundo nada cambia las opciones morales del poseedor del secreto, opciones
que de acuerdo con la guillotina de Hume deberán tener una fuente distinta
a como el mundo sea, y a lo sumo, al mostrarse que el mundo es un fraude se
tornarán vacuas (12).
Pero la relación
entre realidad y moral no es meramente una relación de fundamentación
lógica o de definición, aún cuando hayamos renunciado a
los cómodos naturalismos éticos que disponían el orden
moral de la Realidad a partir de los designios de alguna divinidad o del despliegue
de una esencia humana recóndita, hay otra relación ente ambos,
una que va mas allá de los supuestos abismos que traza la falacia naturalista.
En efecto en la practica humana cotidiana y en la conducta que en ella llevamos
adelante, nuestras intuiciones y creencias morales tienden a cruzarse con los
hechos fácticos que nos rodean y que nosotros protagonizamos de tal modo
que aunque no haya nexos lógicos entre los juicios factuales y los juicios
morales, los juicios factuales son razones para actuar en una determinada situación,
que (i) nos motivan a actuar o permanecer calmos, (ii) nos permiten hacer balances
de beneficios y perdidas, (iii) permiten encarnar en sujetos y situaciones específicas
aquello que es moralmente valorado como bueno, (iv) nos llevan a promocionar
en terceros ciertas actitudes de indignación o de adhesión a principios;
en suma bajo esa concepción factualidad y moralidad se precisan uno a
otro. ¿Qué pasa entonces con el caminante que aprendió
que todo era fraudulento?
Pero así el poema de Montale radicaliza la inutilidad de la realidad
porque ya que no hay Realidad ni cosa alguna a que se apliquen y que motive
juicios y valoraciones morales, estos son vacíos y no habrá razones
para actuar o sujetos cuya conducta valorar y promover y tengo la libertad de
elegir hacer lo que quiero, siempre que ello me preserve del generador del fraude:
así la llamada moralidad se transformará en una estrategia de
supervivencia, y mientras no ponga en evidencia que me enteré del fraude,
o no viole lo que parece ser el plan maestro del supremo engañador (mientras
mantenga "... mi secreto"), tengo la libertad absoluta para hacer
lo que quiero, porque cualquier valor que se mencione para reprochar mi acción
será vacío en tanto no haya nadie ni nada que le pueda dar contenido.
En suma sea que la realidad es moralmente inerte, pero en este caso el poema
de Montale parece cancelar el papel que la Realidad tenga en la moral, y detrás
de esto parecería cancelar la misma moral, que se transformará
en mero recuerdo de aquel que se ha enterado de tamaño fraude.
Pero contra la perdida de algún anclaje para la moral que parece desprenderse
del poema de Montale podemos mostrar que éste revela otro punto de equilibrio,
que renovará completamente el papel que tus opciones morales tienen para
ti con plena independencia de la realidad: la llamada conciencia moral personal.
¿Cómo abordar el tema de la conciencia? Pensemos que tú
eres de una manera particular. Hay cosas que quieres hacer o que siempre quisiste
hacer y cosas que no quieres hacer o que no quisiste hacer nunca, o que en general
has dejado a un lado, hay cosas que las hagan otros o no las hagan se te tornan
intolerables y hay cosas que has hecho aunque a muchos les sería imposible
hacerlas; y en cada caso eras tú el que decidías qué hacer.
Tal vez en esas decisiones no está involucrado tu psiquismo consciente,
sino algún refinado sistema de determinación inconsciente de tu
conducta, tal vez sea una combinación de las fases conscientes e inconscientes
que operan desde un lugar oculto de tu psiquismo. Sea como sea, el origen de
estos sentimientos no los elimina, ni los reduce en significado: tú los
portas y eres tú mismo quien quiere vivir de una manera y no de otra,
quien elige tal cosa y descarta tal otra cosa precisamente porque tiene tales
sentimientos y creencias acerca de lo que hay que hacer. De alguna manera tus
elecciones y preferencias estables te van manteniendo en cierta línea,
en cierto derrotero moral al que adhieres y que tomas como eje de tu vida Y
ese derrotero no solo involucra tu mundo efectivo -putativo o Real, es indiferente-
sino opciones y planes de vida alternativos, i.e. ese derrotero trasciende la
facticidad y se despliega a la eventualidad: surge cuanto te preguntas ¿Qué
haría si tal y cual cosa -que de hecho no son el caso- fueran el caso?
y tu eliges que ciertas respuestas serán parte de ese derrotero mientras
que otras respuestas no lo serán. Y esta elección del derrotero
moral es independiente de la clase de realidad que te rodea, pues tu no sabes
con ninguna certeza que el mañana, que las eventualidades serán
de la misma clase que el presente y sus facticidades. Cualquiera sea la certeza
del presente, incluso la certeza del mayor fraude, esta no es certeza necesaria,
pues no te informa de lo que devendrá.
Y este derrotero moral en la medida que involucra elecciones y decisiones ante
situaciones alternativas, le da relevancia moral a tu conciencia. Y qué
forma tiene ese derrotero moral. Respecto de ello M. Murphy (13) ha propuesto
el siguiente principio que permite darle forma:
Principio
de conciencia: Un actor nunca debe actuar contradiciendo los juicios morales
personales <aquellos dictados que establecen cómo debe actuar ante
una circunstancia particular> de su propia conciencia <i.e. la razón
práctica que no lleva a considerar una determinada cuestión moral>(14)
Tu crees
ciertas cosas y en cada caso las crees de manera literal, no como mera pose,
y tu actúas según tus creencias, y en cada caso tu actuación
se puede justificar a partir de que crees que tale creencias son verdaderas,
paralelamente tu cumples con ciertos mandatos que tomas en cuenta de manera
literal y no como mera pose y en cada caso tus valoraciones se podrán
justificar a partir de que crees que tales mandatos tienen validez moral (15), en estos casos para vos creer verdadero y ser verdadero o creer moralmente válido
y ser moralmente valido convergen como lo mismo. Y bajo esta convergencia determinada
por nuestra adhesión literal a normas y valoraciones, estas pasan a ser
parte de nosotros, y sean lo que sean en si mismas (analizadas desde una perspectiva
omnisciente), cualquier caracterización de mí como sujeto incluirá
las reglas y mandatos morales a que adhiero y desde las que actúo y valores,
y dado este carácter de mi subjetividad (que porto creencias y valores
literales) entonces cuando actúo sobre la base de mis creencias factuales
y de valoraciones morales que tomo en cuenta de manera literal, puedo decir
que actuó literalmente, y de esa manea de actuar se puede llamar actuar
de manera íntegra preservando la armonía entre mis juicios o valoraciones
y mis acciones, armonía que proyectada como una trayectoria de vida entre
la facticidad del pasado y presente y la eventualidad del futuro y lo desconocido,
conforman mi derrotero moral. De ese modo actuar contra los dictados de mi conciencia
incrementa la desarmonía y la inconsistencia entre mis valoraciones literales
y mis acciones i.e. hace que mis valoraciones y creencias factuales sean espurias
y esto precisamente es lo que quiere impedir el principio de conciencia.
Y aquí no hay ninguna razón para actuar que dependa del mundo
sino una que depende de mi propia constitución como un sujeto que actúa
y elige determinadas cosas, un principio que no me manda actuar en interés
de ningún actor o situación exterior independientemente de donde
esté y de qué clase de soporte metafísico tenga para mis
creencias factuales, sino en función de mis valoraciones literales, con
el objetivo de preservar mi integridad, sean cuales sean los materiales con
los que yo esté hecho. O sea el principio de conciencia me impone no
hacer aquello con lo que yo no quiero vivir, aquello que no quiero que esté
en mi derrotero moral, sino elegir vivir de una manera no por la forma en que
el mundo sea, o porque esta manea está impuesta por este mundo, sino
porque no puedo vivir con es sin perder mi integridad.
Retomemos la pregunta que surge del poema de Montale: ¿tus opciones morales,
tus juicios de valor, tus planes de vida necesitan que tus creencias factuales
sean verdaderas o puedes mantenerles aún si sabes que tus creencias factuales
son falsas? Si sabes que sus anteriores creencias factuales son falsas, que
la realidad dada no es la que creíste sino alguna otra cosa que está
fuera de tu comprensión, tu sigues vivo y expectante, abierto a posibilidades
solo que ahora mas difíciles de intuir, aunque el secreto que te fue
dado conocer te transformó pues te quitó la realidad. Y hacia
ti tienes una serie de obligaciones si no quieres morir: cuidarte, estar de
cierta manera, preservar tus sueños, alimentarte, en suma cada una de
esas obligaciones potenciales caería en inconsistencia si actuaras de
manera que viole tu integridad, y por ello son alcanzadas por un principio moral:
el principio de conciencia.
Así una obligación moral se mantiene en el mas absoluto vacío,
así nos mantenemos como sujetos-para-nosotros aún cuando perdamos
el mundo para el que lo éramos. Superado el terror de borrachos, me voy
con los hombres engañados, tal ellos mismos engaños al fin, alterando
mi vida entera pero llevando en mí un fundamento de deber ser que ningún
fraude podrá eliminar.
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Notas:
1.-Escritor italiano, Premio
Nobel de Literatura 1965. "Tal vez una mañana" en Eugenio Montale,
Hojas de jibia, Ocasiones, trad. de Horacio Armani, Ediciones Librería
Fausto, Buenos Aires, 1978, p. 68. "Forse un mattino andando in un´aria
di vetro, / arida, rovolgendomi, vedrò compirsi il miracolo: / il nulla
alla mie spalle, il vuoto dietro / di me, con un terrore di ubriaco. // Poi
come s´uno schermo, s´accamperanno di gitto / alberi, case, colli
per línganno consueto. / Ma sará troppo tardi; ed io me n´andrò
zitto / tra gli uomini che non si veltano, / col mio segretto"
2.-Tanto el poema de Montale,
como la variación que introducimos plantea la situación desde
la perspectiva del cogito o de primera persona, según la cual yo no sé
sino lo que se me presenta y el resultado de mis estados psicológicos
personales o cogitata. Opuesta a ella está la perspectiva omnisciente
(o del ojo de la divinidad) o de tercera persona, en al cual se pueden introducir
en el relato elementos que no formen parte de los cogitata de un personaje que
está percibiendo el cambio de escenario o la transformación de
su amada/amado en Gorgona/Minotauro. En el caso anterior, si nos situamos en
la perspectiva de tercera persona podríamos decir que cuando se volvió
para ver a su compañía, se produjo un fenómeno físico
único. v.g. la radiación proveniente de un meteorito que estallo
en la alta atmósfera alteró por unos segundos las condiciones
de percepción ordinarias al producirse una interfaz entre la radiación
que provenía de tal suceso y la radiación normal que nos rodea,
interfaz que hizo visibles fenómenos que ordinariamente se encuentran
en otra banda del espectro electromagnético, lo que permitiría
explicar la percepción visual anómala. Pero el problema tal como
aparece en el poema es un problema que también se le presenta al narrador
o al personaje que narra en tercera persona, con lo cual el intento de solución
de la posibilidad de que estemos engañados cotidianamente apelando a
la perspectiva omnisciente no soluciona la cuestión sino que la desplaza;
el tema en rigor no es un problema gnoseológico sino metafísico:
ya que no se trata del fundamento de nuestro conocimiento, sino de que sabiendo
con certeza que nuestra realidad no nos presenta ningún fundamento (i.e.
sabiendo que estamos engañados) igual debemos vivir.
3.-Cabe preguntarnos en este
contexto que se entiende por Realidad: podemos partir de la noción de
realidad que hace A. García Calvo: este autor presenta una idea tensional
de realidad entendida como la suma de todas las condiciones allende nosotros,
una noción menos comprometida con supuestas descripciones verdaderas
del mundo que nos ofrezcan las supuestas estructuras íntimas que se nos
brinden desde alguna posición de conocimiento privilegiada. Él
sostiene que "... puede ser que por debajo de las rosas haya algo... pero
que eso que haya, además de haberlo, sin el nombre rosa, sean rosas,
esto no puede ser. Y por lo tanto: Realidad de una cosa es un compuesto entre
algo que posiblemente haya en este campo en que se habla, pero del que no se
habla todavía, y la idea que le hace ser a la cosa lo que sea. Toda realidad
es pues ideal en parte. Asimismo, la Realidad total es el conjunto de las cosas
reales tal como definidas. Esa realidad total tropieza irremediablemente con
la contradicción que la constituye: en cuento, que por debajo de las
ideas, la hay, tiene que ser fin, puesto que es indefinida, y en cuanto que
es lo que es, y toda ha de ser, como todo ser, finita y definida" en Roman
Reyes (dir.) Terminología científico social, Antrophos. Editorial
del Hombre, Barcelona, 1988, art. "Realidad". Esta noción no
depende de ninguna teoría metafísica sobre lo que hay sino que
solo es una relación entre lo indeterminado -sea esto lo que sea- y las
cogitata humanas cuando se aplican a lo indeterminado, así cuando aplicamos
el nombre rosa -que tanto nos significa y nos permite expresar literal o metafóricamente-
no sabemos cada valor que él tenga para nosotros dependerá de
qué cosas haya en la rosa, mas allá de que la llamemos y capturemos
como rosa. Así decir de algo que sea Real es estar en un juego de tensión
nunca resuelto entre (i) la aplicación de un nombre conjuntamente con
la determinación de redes de características que tendrá
aquello a lo que el nombre fue aplicado y (ii) algo que nos desborda, nos inquieta
y queremos atrapar de una vez y para siempre, pero que se nos devela al mismo
tiempo que nos muestra un permanente exceso; en otras palabras la Realidad total
será aquello-que-está-allí-fuera-de-nuestras-cogitata-sea-lo-que-sea
(mantendremos el empleo de mayúscula para referir a ésta noción
de realidad). Esta tensión en la idea de Realidad, entre lo indeterminado/infinito/desconocido/inexpresado/que
está mas allá del nombre y lo determinado/finito/enunciado/conocido/que
es nombrado permite precisar que la llamada realidad fenoménica nunca
agotará a la Realidad total, y que el problema que plantea el poema de
Montale surge cuando caemos en cuenta que no solo no la agota sino que le es
completamente extraña, en nada determinada por el nombrar, con lo cual
no solo desbordará a la realidad nombrada sino que ésta dejará
de ser Real.
4.- El conocimiento de algo no solo agrega información sino que
literalmente transforma al que lo posee. El ejemplo más radical es el
caso de Edipo quién desoyó el consejo de Yocasta ("No por
los dioses no, si en algo te importa tu vida no indagues mas... ¡Ojalá
nunca supieras quien eres!") y se propuso conocer hasta las últimas
consecuencias ("Saber, por oscuro que sea mi origen, esa es mi decisión
irrevocable..."); y cuando se entera que él es hijo de Layo y Yocasta,
y que fue predicho que mataría a su padre y que su madre lo entrego a
un extraño para salvarlo de la predicción y que no pudo evitarlo
al casarse con su madre -a pesar que ignoró lo que realmente estaba haciendo
y que no actuó de modo que se le pueda imputar una conducta delictiva
y por ende que no hizo nada malo- el conocimiento lo transformó de tal
modo que se quitó la vista ("...esas cuencas vacías no son
obra de nadie sino obra mía, ¡mísero de mi! ¿Qué
habría de ver si nada podría ser ya la dulzura de mis ojos?")
precisamente porque él dejo de ser la persona que antes era. (Sófocles,
Ajax, Antígona, Edipo Rey, trad. de Carlos Millares Solá, Salvat
Editores, Madrid, 1969, ps. 163-4, 172). El ejemplo de Edipo muestra la irreductibilidad
de la perspectiva de tercera persona a la de primera persona: aunque desde el
punto de visa del ojo de un ser omnisciente sepamos que Edipo no cometió
un crimen, la vivencia que él tiene de su acción es independiente
de lo que podamos decir que haya hecho cuando lo juzgamos desde fuera de sí.
5.-También el físico
aprende que la realidad que le aparece no es, hablando en términos simples,
Real pues él sabe que un ente material es un complejo relacional de fuerzas
electromagnéticas, fuerte y débil y que en ese nivel de la Realidad
no hay nada como las propiedades organolépticas de la materia -v.g. aspereza
o calor- . Este es el conflicto entre la imagen científica de la Realidad,
y la imagen manifiesta de la Realidad, que se caracterizan en el marco del realismo
científico, doctrina que sostiene "Un punto de vista en filosofía
de la ciencia, según el cual las ciencias describen realmente un mundo
independiente de la mente humana, de modo que a las teorías y a los términos
teóricos les corresponden entidades existentes" cfr. A. M. Riu y
J. C. Morató, Diccionario Herder de Filosofía, CD Rom, Editorial
Herder, 1993, art. "Realismo científico". En ese marco no podemos
hablar de fraude, sino que el realismo científico postula que la imagen
manifiesta es el efecto de estructuras de micronivel y de macronivel, niveles
que son consistentes con la imagen manifiesta. Por el contrario la impresión
de una realidad fraudulenta no se trata de una mera decepción cognitiva
son de un engaño deliberado; y el poema de Montale avanza en esta dirección,
i.e. la sensación de vacío que aparece cuando el relator se vuelve
sobre sí: en este caso no es la carencia de sentido que revela la angustia
sino el reconocimiento cognitivo literal de un fraude.
6.- En la película
The Matrix, un personaje delata al grupo de resistentes reales, que entran y
salen de la matriz de pseudorealidad porque la vida que pueda tener en ella
es mas plena que la vida que tiene en la nave submarina de los resistentes en
la realidad. Es claro que el balance de placer del personaje selecciona la situación
sensoperceptualmente más placentera, con independencia de que esa situación
sea o no Real. En la película no está claro si esa selección
conlleva el olvido de que su situación actual no es real sino simulada;
en el aso que el personaje sepa durante su vida en la matriz que ésta
es una virtualidad, él habrá respondido afirmativamente y sin
inconveniente a la tercera cuestión que plantea el poema de Montale,
(aunque en aras de al trama de la película, a los programas autoconcientes
que vigilan la matriz no les convendrá que ese conocimiento quede instalado
en el personaje porque podría ser una fuente potencial de desestabilización
de la matriz, aunque este caso no es el que nos interesa porque en el poema
la conciencia del fraude está dada y no es elegida) y en ese caso él
vivirá con un terrible secreto sin problemas. La cuestión es si
tal situación es plausible, o mas bien la contraria, en la que el secreto
terrible lleva a la locura (tal como lo cuenta un cuento de ciencia ficción
de Fredric Brown -"Ven y enloquece"- donde un hombre descubre que
las hormigas tienen conciencia y dominan y manipulan a los humanos deliberadamente
y esto se resuelve en una locura sin retorno).
7.- Ésta es una de las ideas mas constantes del pensamiento humano
y se puede rastrear en diversas filosofías y religiones. Filosóficamente
se la conoce como el problema del mundo externo, el que origino diversas tesis
para la fundamentación del conocimiento a partir de materiales indudables
(i.e. "En la filosofía moderna, a partir de Descartes, la existencia
misma del mundo puede ser puesta en duda. Puesto que nuestro conocimiento no
es directamente conocimiento de cosas sino conocimiento de pensamientos <cogitata>,
puede dudarse de la existencia misma de un mondo externo" cfr. Diccionario
de Filosofía Herder, op. Cit. Artículo "Mundo"). En
las religiones la apelación a una diferencia entre la realidad circundante
y la Realidad tiene una relación directa con el carácter de pérdida
o caída que tenía la inmersión en el mundo fenoménico
y la necesidad soteriológica de trascenderlo, ya que esta dualidad no
era meramente una dualidad ontológica entre una realidad natural y una
sobrenatural, sino que remitía a una dualidad funcional: la salvación
suponía abandonar el mundo circundante -sea natural o sea creado por
nosotros- y emprender un camino que nos lleve mas allá de este mundo
circundante. Como ilustración de esto se puede mencionar la doctrina
hindú de Mâya que es "...la energía ...o aspecto dinámico
de lo divino... Brahman tiene dos aspectos <uno de los cuales es> Avidya
...ilusión cósmica que se sobreimpone al Brahman velando la visión
del ser humano, del modo que éste sólo percibe la multiplicidad
del mundo y no la Realidad única y aparta al hombre de Dios aprisionándolo
en la mundanidad <la que es transcendida cuando se alcanza> el conocimiento
efectivo del Brahman, del Absoluto..." doctrina que también se mantuvo
en el budismo que entendió por Mâya al mundo fenoménico
que reclama a la mente de un sujeto no-iluminado (cfr. S. Schuhmancher y G.
Woemer -comp.- Diccionario de Sabiduría Oriental, Editorial Paidós,
Barcelona, 1993, art. "Mâya"). En la tradición mística
cristiana, cuyas fuentes son diferentes, también aparece la necesidad
de superación de al realidad mundana por medio de un camino de acceso,
como por ejemplo la enseñanza de Meister Eckhart quien proponía
una serie de pasos de accesis, el último de los cuáles nos llevaba
a "... que el hombre, luego de haber sido desnudado de su propia imagen,
ha sido transformado en la imagen de al eternidad divina y ha logrado un olvido
totalmente perfecto de la vida perecedera y temporal, y ha sido atraído
por una imagen divina tranformándose en ella... no existe mas allá
grado mas sublime y allí hay tranquilidad y bienaventuranza eterna..."
(cfr. Obras alemanas, Tratados y sermones, EDHASA, Barcelona, 1983, ps 223-4,
subrayado nuestro) en el cual el mundo circundante, fenoménico, es el
no-mundo o sea la realidad-vivida-y-ahora-olvidada, y ese olvido del mundo restaura
el carácter de imagen divina que tiene la criatura i.e. se afirma la
necesidad de perder el mundo para lograr la salvación.
8.- En "No era sicigia".
9.- En principio el solipsista
no niega toda realidad sino que niega cualquier otra realidad que no sea la
suya,y esa posición tan extrema es el resultado de un criterio extremo
de autoridad epistémica de primera persona "...según el cual
se cree que solo existe uno mismo, esto es la propia mente y sus representaciones
<en cuyo caso el> criterio de verdad es al verdad conocida inmediatamente
por la sustancia pensante <en términos generales son los contenidos
inmediatos de conciencia>..." (Cfr. Diccionario Herder de Filosofía,
op. cit. artículo "Solipsismo"). El propio criterio de autoridad
epistémica lo lleva al solipsista a rechazar cualquier otra realidad
pero su realidad permanece tan firme y robusta como firme es su conciencia y
sus contenidos inmediatos. Pero en el caso del poema de Montale, el solipsista
se enfrentará con dos realidades producidas por su psiquismo: una putativa
que paree coherente con sus creencias mundanas y otra Real, que a pesar de ser
producida por su psiquismo es inabordable por su conciencia.
10.-Hillary Putnam generó
un clásico ejemplo de filosofía ficción con el caso del
cerebro en la cubeta. Antes que él, Philip K. Dick lo hizo con una sutileza
metafísica muy superior en el cuento "We Can Remember it for your
Wholeseale" (1966) -que dio origen a una desafortunada versión llamada
El vengador del futuro (Carolco, 1990)- donde deja abierta la terrible posibilidad
de ilusiones de realidad implantadas en forma anidada, de modo tal que el sujeto
sale de una a otra pero no puede saber que esa sea la Realidad, porque aquella
a la que arriba se le diluye en otras ilusiones. La misma idea cargada de las
connotaciones que propone Dick, esta en una olvidada novela de Daniel Galouye,
-Simulacron-3- que, en cierto sentido, anticipa la premisa de The Matrix.
11.-Se asocia con la obra
de D. Hume la tesis de que los juicios de valor no se siguen lógicamente
de los juicios factuales cfr. "No puedo dejar de añadir a estos
razonamientos una observación que puede resultar de alguna importancia.
En todo sistema moral de que haya tenido noticia, hasta ahora, he podido siempre
observar que el autor sigue durante cierto tiempo el modo de hablar ordinario,
estableciendo la existencia de Dios o realizando observaciones sobre los humanos
de pronto me encuentro con la sorpresa de que, en vez de las cópulas
habituales de las proposiciones: es y no es, no veo ninguna proposición
que no esté conectada con un debe o no debe. Este cambio es imperceptible
pero resulta, sin embargo de la mayor importancia. En efecto, en cuanto que
este debe o no debe expresa alguna nueva relación o afirmación,
es necesario que ésta sea observada y explicada y que al mismo tiempo
se dé razón de algo que parece absolutamente inconcebible, a saber:
cómo es posible que esta nueva relación se deduzca de otras totalmente
diferentes. Pero como los autores no usan por lo común de esa precaución,
me atreveré a recomendarla a los lectores: estoy seguro de que una pequeña
reflexión sobre esto subvertirá todos los sistema corrientes de
moralidad, haciéndonos ver que la distinción entre vicio y virtud
ni está basada meramente en relaciones de objetos ni es percibida por
la razón" (cfr. David Hume, Tratado de la naturaleza humana, Editora
Nacional, Madrid, 1977, vol. 2 p. 689-90). La tesis de Hume es terminal: cualquiera
que sean las razone por las cuales dices actuar, si estas solo exponen situaciones
fácticas en un vocabulario descriptivo no determinarán ninguna
norma o valoración en particular. En la misma dirección falacia
naturalista, es el término acuñado por G.E. Moore, cuando propone
su posición intuicionista como reacción ante el utilitarismo moral;
así define Moore que el predicado "bueno" no se puede analizar
en términos de predicados naturales como "alto" o "desgarbado"
y que cualquier intento de traducir "bueno" a los predicados naturales
es una falacia, la que le imputa a Stuart Mill "... Mill ha efectuado el
uso mas ingenuo y burdo de la falacia naturalista que cualquiera podría
desear. Bueno, nos dice significa deseable, y sólo podemos descubrir
qué es deseable tratando de descubrir qué es lo realmente deseado...
Bajo la cobertura que le otorga la palabra deseable Mill ha introducido ilegalmente
la noción misma acerca de la cual debería haber tenido claridad"
(Cfr. G.E. Moore, Principia Ethica, citado por E. Rabossi, Estudios éticos,
Universidad de Carabobo, Valencia Venezuela, 1979, ps. 94-5), en efecto, según
Moore, Mill intenta en último caso, sostener que ser deseado de hecho
= ser bueno, lo que contradice la tesis que sostiene que no se pueden definir
la bondad de algo a parir de propiedades naturales como el hecho que algo sea
deseado por alguien (de lo contrario los deseos de un pervertido o un cretino
serían moralmente relevantes para determinar la bondad de sus acciones).
12.-En general las posiciones
que surgieron a la luz de las doctrinas de Hume y Moore son versiones del emotivismo
ético o del intuicionismo según las cuales los juicios morales
expresan estados emocionales de un sujeto, o expresan la captación por
medio de una facultad especial -la intuición moral- de algún mundo
de verdades morales puras. En cualquier caso estas dos escuelas prescinden del
mundo fáctico de modo por completo.
13.-En lo que sigue seguiremos
con algunas diferencias, ciertas ideas que propone Mark Murphy, en "The
conscience principle", Journal of Philosophical Research, XXII (1997) 387-407.
14.-Murphy, op. cit. 387-8.
15.-Un actor S cree una proposición
P verdadera/valora un mandato M válido moralmente si la proposición/mandato
es parte del sistema de creencias/normas de S, y S reconoce explícitamente
de manera franca y en un contexto lingüístico estándar y
sin ocultar ningún elemento de tal proposición/mandato, que tiene
a tal proposición/mandato por verdadera/válida. De esta definición
se sigue que la creencia o valoración de manera literal es compatible
con su corrección o cambio, pero no es compatible con la aceptación
de la posibilidad de que no-P sea el caso (i.e. si S dice "Es falso que
el agua hierva a 117 ºC a nivel del mar pero yo creo que el agua hierve
a 117 ºC a nivel del mar" diríamos que S no cree literalmente
que el agua hierva a 117 ºC a nivel del mar, lo mismo ocurre con los mandatos
morales). |