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Hamlet
Por
William Shakespeare
El ESPECTRO
HAMLET, Príncipe de Dinamarca
El REY Claudio, hermano del difunto Rey Hamlet
La PEINA Gertrudis, viuda del difunto Rey Hamlet y esposa del Rey Claudio
POLONIO, dignatario de la corte danesa
OFELIA, hija de Polonio
LAERTES, hijo de Polonio
REINALDO, criado de Polonio
HORACIO amigos de Hamlet
ROSENCRANTZ amigos de Hamlet
GUILDENSTERN amigos de Hamlet
VOLTEMAND cortesanos
CORNELIO cortesanos
OSRIC cortesanos
FRANCISCO soldados
BERNARDO soldados
MARCELO soldados
FORTINBRÁS, Príncipe de Noruega
Un CAPITÁN del ejército noruego
El ENTERRADOR
SU COMPAÑERO
Un SACERDOTE
ACTORES
MARINEROS
SECUACES de Laertes
EMBAJADORES de Inglaterra
Cortesanos, mensajeros, criados, guardias, soldados, acompañamiento.
LA TRAGEDIA DE HAMLET,
PRÍNCIPE DE DINAMARCA
I. Entran BERNARDO y FRANCISCO, dos centinelas.
BERNARDO
¿Quién va?
FRANCISCO
¡Contestad vos! ¡Alto, daos a conocer!
BERNARDO
¡Viva el rey!
FRANCISCO
¿Bernardo?
BERNARDO
El mismo.
FRANCISCO
Llegas con gran puntualidad.
BERNARDO
Ya han dado las doce: acuéstate, Francisco.
FRANCISCO
Gracias por el relevo. Hace un frío ingrato, y estoy abatido.
BERNARDO
¿Todo en calma?
FRANCISCO
No se ha oído un ratón.
BERNARDO
Muy bien, buenas noches.
Si ves a Horacio y a Marcelo,
mis compañeros de guardia, dales prisa.
Entran HORACIO
y MARCELO.
FRANCISCO
Creo que los oigo. ¡Alto! ¿Quién va?
HORACIO
Amigos de esta tierra.
MARCELO
Y vasallos del rey danés.
FRANCISCO
Adiós, buenas noches.
MARCELO
Adiós, buen soldado. ¿Quién te releva?
FRANCISCO
Bernardo. Quedad con Dios.
Sale.
MARCELO
¡Eh, Bernardo!
BERNARDO
¡Eh! Oye, ¿está ahí Horacio?
HORACIO
Parte de él.
BERNARDO
Bienvenido, Horacio. Bienvenido, Marcelo.
MARCELO
¿Se ha vuelto a aparecer eso esta noche?
BERNARDO
Yo no he visto nada.
MARCELO
Dice Horacio que es una fantasía,
y se resiste a creer en la espantosa
figura que hemos visto ya dos veces.
Por eso le he rogado que vigile
con nosotros el paso de la noche,
para que, si vuelve ese aparecido,
confirme que lo vimos y le hable.
HORACIO
¡Bah! No vendrá.
BERNARDO
Siéntate un rato
y deja que asediemos tus oídos,
tan escudados contra nuestra historia,
diciéndote lo que hemos visto estas dos noches
HORACIO
Muy bien, sentémonos
y oigamos lo que cuenta Bernardo.
BERNARDO
Anoche mismo, cuando esa estrella
que hay al oeste de la polar se movía
iluminando la parte del cielo
en que ahora brilla, Marcelo y yo,
con el reloj dando la una...
Entra el
ESPECTRO.
MARCELO
¡Chsss! No sigas: mira, ahí viene.
BERNARDO
La misma figura; igual que el rey muerto.
MARCELO
Tú tienes estudios: háblale, Horacio.
BERNARDO
¿No se parece al rey? Fíjate, Horacio.
HORACIO
Muchísimo. Me sobrecoge y angustia.
BERNARDO
Quiere que le hablen.
MARCELO
Pregúntale, Horacio.
HORACIO
¿Quién eres, que usurpas esta hora de la noche
y la forma intrépida y marcial
del que en vida fue rey de Dinamarca?
Por el cielo, te conjuro que hables.
MARCELO
Se ha ofendido.
BERNARDO
Mira, se aleja solemne.
HORACIO
Espera, habla, habla. Te conjuro que hables.
Sale el
ESPECTRO.
MARCELO
Se fue sin contestar.
BERNARDO
Bueno, Horacio. Estás temblando y palideces.
¿No es esto algo más que una ilusión?
¿Qué opinas?
HORACIO
Por Dios, que no lo habría creído
sin la prueba real y terminante
de mis ojos.
MARCELO
¿Verdad que se parece al rey?
HORACIO
Como tú a ti mismo.
Tal era la armadura que llevaba
cuando combatió al ambicioso rey noruego.
Tal su ceño cuando, tras fiera discusión,
a los polacos aplastó en sus trineos
sobre el hielo. Es asombroso.
MARCELO
Con paso tan marcial ha cruzado ya dos veces
nuestro puesto a esta hora cerrada de la noche.
HORACIO
No puedo interpretarlo exactamente,
pero, en lo que se me alcanza, creo que esto
presagia conmoción en nuestro estado.
MARCELO
Bueno, sentaos, y dígame quien lo sepa
por qué se exige cada noche al ciudadano
tan estricta y rigurosa vigilancia;
por qué tanto fundir cañones día tras día
y comprar armamento al extranjero;
por qué se reclutan calafates, cuyo esfuerzo
no distingue el domingo en la semana.
¿Qué ejército amenaza para que prisa y sudor
hagan compañeros de trabajo al día y a la noche?
¿Quién puede informarme?
HORACIO
Yo puedo. Al menos, el rumor
que corre es este: nuestro difunto rey,
cuya imagen se nos ha aparecido ahora,
sabéis que fue retado por Fortinbrás
de Noruega, que se crecía en su afán
de emulación. Nuestro valiente Hamlet,
pues tal era su fama en el mundo conocido,
mató a Fortinbrás, quien, según pacto sellado,
con refrendo de las leyes de la caballería,
con su vida entregó a su vencedor
todas las tierras de que era propietario:
nuestro rey había puesto en juego
una parte equivalente, que habría recaído
en Fortinbrás, de haber triunfado éste;
de igual modo que la suya, según
lo previsto y pactado en el acuerdo,
pasó a Hamlet. Pues bien, Fortinbrás el joven,
rebosante de ímpetu y ardor,
por los confines de Noruega ha reclutado
una partida de aventureros sin tierras,
carne de cañón para un empeño
de coraje, que no es más,
como han visto muy bien en el gobierno,
que arrebatarnos por la fuerza
y el peso de las armas esas tierras
perdidas por su padre. Creo que esta es
la causa principal de los aprestos,
la razón de nuestra guardia, la fuente
del tráfago y actividad en nuestro reino.
Vuelve a
entrar el ESPECTRO.
Pero, ¡alto,
mirad! ¡Ahí vuelve! Le saldré
al paso, aunque me fulmine. ¡Detente, ilusión!
El ESPECTRO
abre los brazos.
Si hay en
ti voz o sonido, háblame.
Si hay que hacer alguna buena obra
que te depare alivio y a mí, gracia, háblame.
Si sabes de peligros que amenacen
a tu patria y puedan evitarse, háblame.
O, si escondes en el vientre de la tierra
tesoros en vida mal ganados, lo cual,
según se cree, os hace a los espíritus
vagar en vuestra muerte, háblame. ¡Detente y habla!
Canta el
gallo.
¡Detenlo
tú, Marcelo!
MARCELO
¿Le doy con mi alabarda?
HORACIO
Si no se para, dale.
BERNARDO
¡Está aquí!
HORACIO
¡Aquí!
Sale el
ESPECRRO.
MARCELO
Se ha ido.
Hicimos mal en usar la violencia
con un ser de tanta majestad,
pues es invulnerable como el aire
y pretender agredirle es una burla.
BERNARDO
Iba a hablar cuando cantó el gallo.
HORACIO
Y se sobresaltó como un culpable
citado por el juez. He oído decir
que el gallo, clarín de la mañana,
despierta con su voz altiva y penetrante
al dios del día y que, alertados,
en tierra o aire, mar o fuego,
los espíritus errantes en seguida
se recluyen: de que es verdad
ha dado prueba este aparecido.
MARCELO
Se esfumó al cantar el gallo.
Dicen que en los días anteriores
al del nacimiento de nuestro Salvador
el ave de la aurora canta toda la noche;
entonces, dicen, no vagan los espíritus,
las noches son puras, los astros no dañan,
las hadas no embrujan, las brujas no hechizan:
tan santo y tan bendito es este tiempo.
HORACIO
Eso he oído, y lo creo en parte. Mas mirad:
con manto cobrizo, el alba camina
sobre el rocío de esa cumbre del oriente.
Dejemos la guardia y, si os parece,
vamos a contar al joven Hamlet
lo que hemos visto esta noche, pues, por mi vida,
que el espectro, mudo con nosotros, le hablará.
¿Estáis de acuerdo en que debemos informarle,
como exigen la amistad y nuestro deber?
MARCELO
Sí, vamos, que sé dónde podemos
hallarle fácilmente esta mañana.
Salen.
I.ii Entran
Claudio, REY de Dinamarca, la REINA Gertrudis, HAMLET, POLONIO, LAERTES y su
hermana OFELIA, señores y acompañamiento.
REY
Aunque la muerte de mi amado hermano Hamlet
sigue viva en el recuerdo, y procedía
sumirse en el dolor y fundirse todo el reino
en un solo semblante de tristeza,
no obstante, tanto han combatido la cordura
y el afecto, que ahora le lloro con buen juicio
sin haber olvidado mi persona.
Por eso, a quien fuera mi cuñada, hoy mi reina,
viuda corregente de nuestra guerrera nación,
con, por así decir, la dicha ensombrecida,
con un ojo radiante y el otro desolado,
con gozo en las exequias y duelo en nuestra boda,
equilibrando el júbilo y el luto,
la he tomado por esposa. Y no he desestimado
vuestro buen criterio, que siempre prodigasteis
en el curso de este asunto. Por todo ello, gracias.
Ahora sabed que Fortinbrás el joven,
juzgando mal nuestra valía o creyendo
que, tras la muerte de mi amado hermano,
la nación está descoyuntada y en desorden,
y movido por sueños de ventaja,
no ha dejado de asediarme con mensajes
que reclaman la entrega de las tierras
perdidas por su padre y en buena ley ganadas
por mi valiente hermano. Esto, en cuanto a él.
Entran VOLTEMAND
y CORNELIO.
Respecto
a mí y a la presente reunión,
el caso es como sigue: he escrito esta carta
al rey noruego, tío de Fortinbrás el joven,
quien, sin fuerzas y postrado, apenas sabe
la intención de su sobrino, pidiéndole
que detenga su avance, ya que toda
la tropa reclutada se compone
de súbditos suyos. Y así os envío,
queridos Cornelio y Voltemand,
como portadores de mi saludo al viejo rey,
sin daros más poder personal
para negociar con el noruego que el fijado
ampliamente en estas cláusulas. Adiós,
y que vuestra rapidez sea prueba de lealtad.
VOLTEMAND
En esto como en todo veréis nuestra lealtad.
REY
No puedo dudarlo. Cordialmente, adiós.
Salen VOLTEMAND
y CORNELIO.
Bien, Laertes,
¿qué hay de nuevo?
Me hablaste de una súplica. ¿Cuál es, Laertes?
Al rey danés nada que sea de razón
le pedirás en vano. ¿Qué solicitas, Laertes,
que no pueda ser mi ofrecimiento, y no tu ruego?
La cabeza no será tan afín al corazón,
ni la mano diligente con la boca
como el trono de Dinamarca con tu padre.
¿Qué deseas, Laertes?
LAERTES
Augusto señor, la merced
de vuestra venia para regresar a Francia,
pues, aunque vine a Dinamarca de buen grado
a mostraros mi lealtad en vuestra coronación,
ahora confieso que, cumplido mi deber,
mis pensamientos y deseos miran a Francia
y se inclinan en demanda de permiso.
REY
¿Tienes la venia de tu padre? ¿Qué dice Polonio?
POLONIO
Sí, mi señor.
Os suplico que le deis vuestra licencia.
REY
Disfruta de tus años, Laertes; tuyo sea el tiempo
y emplea tus buenas prendas a tu gusto. -
Y ahora, sobrino Hamlet e hijo mío...
HAMLET
Más en familia y menos familiar.
REY
¿Cómo es que estás siempre tan sombrío?
HAMLET
No, mi señor: es que me da mucho el sol.
REINA
Querido Hamlet, sal de tu penumbra
y mira a Dinamarca con ojos de afecto.
No quieras estar siempre, con párpado abatido,
buscando en el polvo a tu noble padre.
Sabes que es ley común: lo que vive, morirá,
pasando por la vida hacia la eternidad.
HAMLET
Sí, señora, es ley común.
REINA
Si lo es, ¿por qué parece para ti tan singular?
HAMLET
¿Parece, señora? No: es. En mí no hay "parecer".
No es mi capa negra, buena madre,
ni mi constante luto riguroso,
ni suspiros de un aliento entrecortado,
no, ni rios que manan de los ojos,
ni expresión decaída de la cara,
con todos los modos, formas y muestras de dolor,
lo que puede retratarme; todo eso es "parecer",
pues son gestos que se pueden simular.
Lo que yo llevo dentro no se expresa;
lo demás es ropaje de la pena.
REY
Es bueno y digno de alabanza, Hamlet,
que llores a tu padre tan fielmente,
pero sabes que tu padre perdió un padre,
y ese padre perdió al suyo; y que el deber filial
obligaba al hijo por un tiempo
a guardar luto. Pero aferrarse
a un duelo pertinaz es conducta
impía y obstinada, dolor poco viril,
y muestra voluntad contraria al cielo,
ánimo débil, alma impaciente,
entendimiento ignorante e inmaduro.
Pues, sabiendo que hay algo inevitable
y tan común como la cosa más normal,
¿por qué hemos de tomarlo tan a pecho
en necia oposición? ¡Vamos! Es una ofensa al cielo,
ofensa al muerto, ofensa a la realidad
y hostil a la razón, cuya plática perpetua
es la muerte de los padres, y que siempre,
desde el primer cadáver hasta el último,
ha proclamado: "Así ha de ser." Te ruego
que entierres esa pena infructuosa y que veas
en mí a un padre, pues sepa el mundo
que tú eres el más próximo a mi trono,
y que pienso prodigarte un género de afecto
en nada inferior al que el más tierno padre
profese a su hijo. Respecto a tu propósito
de volver a la universidad de Wittenberg ,
no podría ser más contrario a mi deseo,
y te suplico que accedas a quedarte,
ante el gozo y alegría de mis ojos,
cual cortesano principal, sobrino e hijo mío.
REINA
Que tu madre no te ruegue en vano, Hamlet:
quédate con nosotros, no vayas a Wittenberg.
HAMLET
Haré cuanto pueda por obedeceros, señora.
REY
Una respuesta grata y cariñosa.
Sé como yo mismo en Dinamarca. ?Venid, señora.
El libre y gentil asentimiento de Hamlet
sonríe a mi corazón; en gratitud
el rey no brindará en este día
sin que el cañón a las nubes lo proclame
y mi brindis retumbe por el cielo,
repitiendo el trueno de la tierra. Vamos.
Salen todos
menos HAMLET.
HAMLET
¡Ojalá que esta carne tan firme, tan sólida,
se fundiera y derritiera hecha rocío,
o el Eterno no hubiera promulgado
una ley contra el suicidio! ¡Ah, Dios, Dios,
que enojosos, rancios, inútiles e inertes
me parecen los hábitos del mundo!
¡Me repugna! Es un jardín sin cuidar,
echado a perder: invadido hasta los bordes
por hierbas infectas. ¡Haber llegado a esto!
Muerto hace dos meses... No, ni dos; no tanto.
Un rey tan admirable, un Hiperión
al lado de este sátiro, tan tierno con mi madre
que nunca permitía que los vientos del cielo
le hiriesen la cara. ¡Cielo y tierra!
¿He de recordarlo? Y ella se le abrazaba
como si el alimento le excitase
el apetito; pero luego, al mes escaso...
¡Que no lo piense! Flaqueza, te llamas mujer.
Al mes apenas, antes que gastase los zapatos
con los que acompañó el cadáver de mi padre
como Níobe, toda llanto, ella, ella
(¡Dios mío, una bestia sin uso de razón
le habría llorado más!) se casa con mi tío,
hermano de mi padre, y a él tan semejante
como yo a Hércules; al mes escaso,
antes que la sal de sus lágrimas bastardas
dejara de irritarle los ojos,
vuelve a casarse. ¡Ah, malvada prontitud,
saltar con tal viveza al lecho incestuoso!
Ni está bien, ni puede traer nada bueno.
Pero estalla, corazón, porque yo debo callar.
Entran HORACIO,
BERNARDO y MARCELO.
HORACIO
Salud a Vuestra Alteza.
HAMLET
Me alegro de veros...
¡Horacio, o no sé quién soy!
HORACIO
El mismo, señor, y vuestro humilde servidor.
HAMLET
Mi buen amigo, y yo servidor tuyo.
¿Qué te trae de Wittenberg, Horacio??
¡Marcelo!
MARCELO [saludando]
Mi señor...
HAMLET
Me alegro de verte. [A BERNARDO] Buenas tardes.
Pero, ¿qué te trae de Wittenberg, Horacio?
HORACIO
Mi afición a la vagancia, señor.
HAMLET
Que no me lo diga tu enemigo,
ni tú ofendas mis oídos confiándoles
una imagen tan adversa de ti mismo.
Sé que no eres ningún vago.
Dime, ¿qué estás haciendo en Elsenor?
Te enseñaremos a beber a gusto antes de irte.
HORACIO
Señor, he venido al funeral de vuestro padre.
HAMLET
Compañero, no te burles, te lo ruego:
di más bien a la boda de mi madre.
HORACIO
La verdad es que vinieron muy seguidos.
HAMLET
Ahorro, Horacio, ahorro: los pasteles funerarios
han sido el plato frío de la boda.
Antes encontrar en el cielo a mi peor enemigo
que haber visto ese día, Horacio.
Mi padre... Creo que veo a mi padre.
HORACIO
¿Dónde, señor?
HAMLET
En mi pensamiento, Horacio.
HORACIO
Yo le vi una vez: era un rey admirable.
HAMLET
Era un hombre, perfecto en todo y por todo;
ya nunca veré su igual.
HORACIO
Señor, creo que le vi anoche.
HAMLET
¿Viste? ¿A quién?
HORACIO
Señor, a vuestro padre el rey.
HAMLET
¡A mi padre el rey!
HORACIO
Templad por un instante vuestro asombro
y escuchad con atención la maravilla
que voy a relataros, con estos dos
señores por testigos.
HAMLET
¡Por Dios santo, cuéntame!
HORACIO
Dos noches seguidas, a estos dos señores,
Marcelo y Bernardo, haciendo guardia
en el vacío sepulcral de media noche,
se les ha aparecido una figura
igual que vuestro padre, armada de pies a cabeza,
que ante ellos camina solemne,
con paso lento y grave. Tres veces anduvo
ante sus ojos aterrados y suspensos,
a la distancia de su bastón de mando,
mientras ellos, encogidos de pavor,
se quedaban mudos sin hablarle. A mí
me lo contaron con miedo y sigilo,
y la tercera noche yo velé con ellos;
y allí, tal como dijeron, la hora,
la figura, hasta la última sílaba,
llegó el aparecido. Era vuestro padre,
como iguales son mis manos.
HAMLET
Pero, ¿dónde fue eso?
MARCELO
Señor, en la explanada donde hacíamos la guardia.
HAMLET
¿Y no le hablaste?
HORACIO
Le hablé, señor, pero él no contestó;
aunque una vez, alzando la cabeza,
se movió como si fuese a hablar,
pero entonces cantó fuerte el gallo mañanero
y, al oírlo, el espectro se esfumó
y desapareció de nuestra vista.
HAMLET
Asombroso.
HORACIO
Alteza, por mi vida que es verdad;
pensamos que era nuestra obligación
hacéroslo saber.
HAMLET
Sí, sí, claro; pero me inquieta. -
¿Hacéis guardia esta noche?
BERNARDO y MARCELO
Sí, señor.
HAMLET
¿Decís que armado?
BERNARDO y MARCELO
Armado, señor.
HAMLET
¿De pies a cabeza?
BERNARDO Y MARCELO
Señor, de la cabeza a los pies.
HAMLET
Entonces no le visteis la cara.
HORACIO
Sí, señor: la visera estaba en alto.
HAMLET
¿Tenía mirada fiera?
HORACIO
Un semblante de pesar más que de ira.
HAMLET
¿Pálido o encendido?
HORACIO
No, muy pálido.
HAMLET
¿Y te miraba de frente?
HORACIO
Con la vista clavada.
HAMLET
¡Quién hubiera estado allí!
HORACIO
Os habría aterrado.
HAMLET
Sí, seguramente. ¿Se quedó mucho tiempo?
HORACIO
Lo que se tarda en contar cien sin mucha prisa.
BERNARDO y MARCELO
Más tiempo, más.
HORACIO
Cuando yo le vi, no.
HAMLET
Tenía la barba cana, ¿o no?
HORACIO
La tenía igual que en vida:
de un negro plateado.
HAMLET
Esta noche velaré.
Quizá vuelva a aparecerse.
HORACIO
Seguro que vuelve.
HAMLET
Si adopta la figura de mi noble padre
le hablaré, aunque se abra la boca del infierno
y me mande callar. Os lo suplico,
si no habéis revelado aún la aparición,
seguid manteniéndola en secreto,
y a lo que vaya a suceder en esta noche
podéis darle sentido, mas no lengua.
Premiaré vuestra amistad. Y ahora, adiós:
en la explanada, entre las once y las doce,
me reuniré con vosotros.
LOS TRES
Nuestra lealtad a Vuestra Alteza.
HAMLET
Decid afecto y recibid el mío. Adiós.
Salen [todos
menos HAMLET].
¿El
espectro de mi padre en armas? Algo pasa.
Sospecho una traición. ¡Ojalá fuese de noche!
Mientras, alma mía, aguarda: la ruindad,
por más que la entierren, se descubrirá.
Sale.
I.iii Entran
LAERTES y OFELIA.
LAERTES
Mi equipaje está embarcado. Adiós.
Hermana, siempre que el viento sea próvido
y zarpe algún barco, no descanses
hasta haberme escrito.
OFELIA
¿Lo dudas?
LAERTES
Respecto a Hamlet y su vano galanteo,
tenlo por capricho e impulsiva liviandad,
por violeta de su joven primavera:
precoz, mas transitoria; grata, mas huidiza;
perfume y pasatiempo de un minuto, nada más.
OFELIA
¿Nada más?
LAERTES
Seguro que nada más.
No crecemos solamente en tamaño
y en vigor, sino que con nuestro cuerpo
aumenta la eficacia de la mente
y el espíritu. Tal vez te quiera ahora
y no haya mancha ni doblez que empañe
sus nobles intenciones. Mas desconfía:
su grandeza le impide su deseo
y su regia cuna le somete.
Él no puede hacer su voluntad
como la gente sin rango, pues de su elección
depende el bienestar de todo el reino,
y por eso su elección se supedita
al voto y aquiescencia de ese cuerpo
del cual él es cabeza. Si te dice que te quiere,
podrá creerlo tu prudencia en la medida
en que él, por su altura y posición,
pueda cumplirlo, es decir, no más allá
del sentir general de Dinamarca.
Así que considera tu deshonra
si, crédula, escuchas su cantar,
le das tu corazón o le abres
tu casto tesoro a su empeño inmoderado.
Cuidado, Ofelia, ten cuidado, hermana mía;
mantente en retaguardia del cariño,
no te expongas al peligro del deseo.
La más recatada se prodiga
si a la luna revela su belleza.
Ni la virtud escapa a la calumnia.
El gusano estraga los renuevos
antes que florezcan, y en la aurora
y el fresco rocío de nuestros años
es cuando las plagas más corrompen.
Guárdate; el temor es la mejor defensa:
la sangre joven, sin tentarla, se subleva.
OFELIA
El sentido de tu buena lección
será el guardián de mi pecho. Mas, hermano,
no me enseñes, como el mal sacerdote,
la espinosa pendiente del cielo
mientras tú, cual fatuo libertino,
sigues la senda florida del placer
y no tus propios consejos.
LAERTES
No temas por mí.
Entra POLONIO.
Me estoy
demorando. Aquí está nuestro padre.
Doble bendición es doble fortuna:
feliz ocasión para otra despedida.
POLONIO
¿Aún aquí, Laertes? ¡Por Dios, a bordo, a bordo!
El viento ya ha hinchado tus velas, y están
esperándote. Llévate mi bendición
y graba en tu memoria estos principios:
no le prestes lengua al pensamiento,
ni lo pongas por obra si es impropio.
Sé sociable, pero no con todos.
Al amigo que te pruebe su amistad
sujétalo al alma con aros de acero,
pero no embotes tu mano agasajando
al primer conocido que te llegue.
Guárdate de riñas, pero, si peleas,
haz que tu adversario se guarde de ti.
A todos presta oídos; tu voz, a pocos.
Escucha el juicio de todos, y guárdate el tuyo.
Viste cuan fino permita tu bolsa,
mas no estrafalario; elegante, no chillón,
pues el traje suele revelar al hombre,
y los franceses de rango y calidad
son de suma distinción a este respecto.
Ni tomes ni des prestado, pues dando
se suele perder préstamo y amigo,
y tomando se vicia la buena economía.
Y, sobre todo, sé fiel a ti mismo,
pues de ello se sigue, como el día a la noche,
que no podrás ser falso con nadie.
Adiós. Mi bendición madure esto en ti.
LAERTES
Humildemente de vos me despido.
POLONIO
El tiempo te llama. Corre, los criados esperan.
LAERTES
Adiós, Ofelia, y recuerda bien
lo que te he dicho.
OFELIA
Lo he encerrado en la memoria,
y tú guardarás la llave.
LAERTES
Adiós.
Sale.
POLONIO
¿Qué es lo que te ha dicho, Ofelia?
OFELIA
Con permiso, una cosa del Príncipe Hamlet
POLONIO
Vaya, ha hecho bien.
Me han dicho que últimamente te dedica
mucho tiempo y que tú le dispensas
tu atención con gran esplendidez.
Si es así, como me han insinuado
a modo de aviso, debo decirte
que no pareces comprender con claridad
tu lugar como hija mía ni tu honra.
¿Qué hay entre vosotros? Dime la verdad.
OFELIA
Señor, últimamente me ha dado
muchas muestras de su afecto.
POLONIO
¿Afecto? ¡Bah! Veo que estás verde
e inexperta en cuestión tan peligrosa.
¿Crees en sus muestras, como tú las llamas?
OFELIA
Señor, no sé qué pensar.
POLONIO
Pues yo te enseñaré. Considérate una niña
al haber dado por valiosas unas muestras
que no son de ley. Muéstrate más cauta
o, por no agotar el término acosándolo,
harás que yo sea muestra de idiotez.
OFELIA
Señor, me ha galanteado
de un modo decoroso.
POLONIO
Ya, a modo de capricho. ¡Vamos, vamos!
OFELIA
Y me ha corroborado sus palabras
con todos los divinos juramentos.
POLONIO
Sí, cepos para pájaros. Sé bien
que, cuando arde la sangre, el alma se prodiga
en juramentos. Hija, esas llamaradas,
que dan más luz que calor y se extinguen
cuando parece que prometen,
no las tomes por fuego. Desde ahora, hija,
escatima un poco más tu virginal presencia,
haz que tus encuentros exijan algo más
que la orden de acudir. Respecto a Hamlet,
créele en la medida en que es joven,
y piensa que el ronzal con que se mueve
es mucho más largo que el tuyo. En suma, Ofelia,
no creas sus juramentos, pues son intermediarios
de distinto color del que los viste,
abogados de causas impías, que se expresan
como santos y piadosos alcahuetes
para seducirte mejor. No lo repetiré:
hablando claro, no quiero que en adelante
deshonres ni un momento de tu ocio
conversando con el Príncipe Hamlet.
Haz lo que te digo. Vamos, ven.
OFELIA
Os obedeceré, señor.
Salen.
I.iv Entran
HAMLET, HORACIO y MARCELO.
HAMLET
El viento corta implacable. Hace mucho frío.
HORACIO
Este viento hiela y te traspasa.
HAMLET
¿Qué hora es?
HORACIO
Creo que casi las doce.
MARCELO
No, ya las han dado.
HORACIO
¿Ah, sí? No he oído nada.
Entonces se acerca la hora
en que el espectro acostumbra a vagar.
Toque de
trompetas y dos salvas.
¿Qué
significa esto, señor?
HAMLET
El rey trasnocha y alza el codo,
está de borrachera, baila como un remolino
y, cada vez que se atiza su vino del Rin,
rebuznan las trompetas y timbales
celebrando su brindis.
HORACIO
¿Es la costumbre?
HAMLET
Vaya que sí.
Pero, a mi juicio y aunque vine al mundo aquí
y estoy hecho a ella, es una costumbre
que más honra perder que conservar.
Entra el
ESPECTRO.
HORACIO
¡Mirad, señor, ahí viene!
HAMLET
¡Los ángeles del cielo nos protejan!
Seas espíritu del bien o genio maldito,
traigas auras celestiales o rachas del infierno,
sean tus propósitos malvados o benignos,
tu aspecto tanto mueve a preguntar
que voy a hablarte. Te llamaré Hamlet,
rey, padre, excelso danés. ¡Ah, contesta!
No me dejes que estalle en la ignorancia,
sino dime por qué tus restos consagrados
han roto su mortaja, por qué el sepulcro
al que en calma descendiste abre ahora
sus pesadas mandíbulas de mármol
para arrojarte de sí. ¿Qué puede suceder
para que tú, estando muerto, bajo la tenue luna
aparezcas otra vez revestido de acero,
llenando la noche de espanto, y a nosotros,
juguetes de la vida, nos perturbes
con pensamientos que rebasan nuestra mente?
¿Por qué? Di. ¿Por qué razón? ¿Qué
hemos de hacer?
El ESPECTRO
le hace señas.
HORACIO
Os llama para que le sigáis,
como si quisiera haceros una confidencia.
MARCELO
Mirad, con un gesto cortés
os llama a un lugar más apartado.
¡No vayáis!
HORACIO
No, de ningún modo.
HAMLET
Se niega a hablar. Tengo que seguirle.
HORACIO
¡Señor, no!
HAMLET
Pero, ¿a qué viene el miedo?
Mi vida no vale para mí ni un alfiler
y, en cuanto a mi alma, ¿qué puede él hacerle
si es tan inmortal como él mismo?
Me vuelve a llamar. Voy a seguirle.
HORACIO
Señor, ¿y si os condujese hacia las aguas
o a la espantosa cima de la roca
que se descuelga amenazante sobre el mar
y adoptase alguna forma aterradora
que os privara del poder de la razón
y os llevase a la locura? Pensadlo bien.
HAMLET
Me sigue llamando. ? Ya voy, te sigo.
MARCELO
No debéis ir, señor.
HAMLET
¡Quítame las manos!
HORACIO
Hacednos caso, no vayáis.
HAMLET
Me llama el destino, y la más fina
arteria de este cuerpo es tan potente
cual las fibras del león de Nemea.
Aún me hace señas. ¡Soltadme, señores!
Por Dios, que a quien me pare volveré un espectro.
¡Fuera ya! ? Vamos, te sigo.
Salen el
ESPECTRO y HAMLET.
HORACIO
Sus fantasías le trastornan.
MARCELO
Sigámosle. No conviene obedecerle.
HORACIO
Vamos tras él. ¿Adónde puede llevar esto?
MARCELO
Algo podrido hay en Dinamarca.
HORACIO
El cielo dispondrá.
MARCELO
Nosotros sigámosle.
Salen.
I.v Entran
el ESPECTRO y HAMLET.
HAMLET
¿Adónde me llevas? No pienso seguir.
ESPECTRO
Escúchame.
HAMLET
Habla.
ESPECTRO
Se acerca la hora en que he de entregarme
al tormento de las llamas sulfúreas.
HAMLET
¡Ah, pobre ánima!
ESPECRRO
No me compadezcas, sino presta
oído atento a lo que voy a revelarte.
HAMLET
Habla, he de oírte.
ESPECTRO
Y habrás de vengarme cuando oigas.
HAMLET
¿Qué?
ESPECTRO
Soy el alma de tu padre,
condenada por un tiempo a vagar en la noche
y a ayunar en el fuego por el día
mientras no se consuman y purguen los graves
pecados que en vida cometí. Si no me hubieran
prohibido revelar los secretos de mi cárcel,
oirías una historia cuya más leve palabra
desgarraría tu alma, te helaría la sangre,
como estrellas te haría saltar los ojos
de sus órbitas, y erizaría tu liso cabello,
poniendo de punta cada pelo,
como púas de aterrado puercoespín.
Pero esta proclamación del más allá
no es para oídos de mortales. ¡Ah, Hamlet, escucha!
Si alguna vez quisiste a tu padre...
HAMLET
¡Santo Dios!
ESPECTRO
... venga su inmundo y monstruoso asesinato.
HAMLET
¡Asesinato!
ESPECTRO
Inmundo asesinato como todos, pero éste
harto inmundo, inusitado y monstruoso.
HAMLET
Vamos, cuéntamelo ya y, con alas tan veloces
como el meditar o el amoroso pensamiento,
correré a la venganza.
ESPECTRO
Te veo dispuesto; si no reaccionases,
serías más insensible que la planta
que lánguida se pudre en la inacción
a orillas del Leteo. óyeme, Hamlet.
Propagaron que, durmiendo en el jardín,
me mordió una serpiente: con una historia falsa
de mi muerte burdamente han engañado
a toda Dinamarca. Mas atiende, noble hijo:
la serpiente que arrancó la vida de tu padre
lleva ahora su corona.
HAMLET
¡Ah, mi alma profética! ¿Mi tío?
ESPECTRO
Sí, esa bestia incestuosa, ese adúltero,
con su astuta brujería y sus pérfidas prendas
(¡ah, astucia que daña, prendas que seducen!)
se atrajo a su lascivia ignominiosa
el deseo de una reina honesta en apariencia.
¡Oh, Hamlet, qué deslealtad! Conmigo,
cuyo amor fue siempre tan perfecto
que iba en armonía con las promesas
que le hice al desposarla, para hundirse
con un mísero cuyas dotes naturales
eran pobres al lado de las mías.
Pero si la virtud no se deja seducir
aunque el vicio la tiente bajo forma divina,
la lujuria, aunque unida a un ángel radiante,
se sacia en un lecho celestial
y se ceba en la inmundicia.
Espera. Creo que siento el olor de la mañana.
He de ser breve. Durmiendo en el jardín,
como era mi costumbre por la tarde, tu tío,
a esa hora insospechada, se acercó sigiloso
con un frasco de esencia ponzoñosa
y vertió en los portales de mi oído
el tósigo ulcerante, cuyo efecto
a la sangre del hombre es tan hostil
que al punto recorre como azogue
las venas y conductos corporales
y con súbito poder cuaja y coagula,
como gotas de ácido en la leche,
la sangre más fluida y saludable. Lo hizo con la mía
y al instante me vi como un leproso,
mi piel lisa arrugada en una costra
infecta y repugnante.
Así, mientras dormía, el acto de un hermano
de un golpe me arrancó vida, corona, esposa,
me segó en la flor de mis pecados,
sin viático, asistencia, extremaunción
y, mis cuentas sin rendir, me envió a juicio
con todas mis imperfecciones sobre mí.
¡Fue horrendo, horrendo, harto horrendo!
Si tienes sentimientos, no lo sufras;
no consientas que el tálamo real de Dinamarca
sea lecho de lujuria y vil incesto.
Mas, cualquiera que sea tu proceder,
no ensucies tu alma, ni acometas
ninguna acción contra tu madre. Déjala al cielo
y a las espinas que, clavadas, le hieren
su propio corazón. Adiós ya.
La luciérnaga anuncia la mañana:
su llama mortecina palidece.
Adiós, adiós, Hamlet. Acuérdate de mí.
Sale.
HAMLET
¡Ah, legiones celestiales! ¡Ah, tierra! ? ¿Qué más?
¿Afiado el infierno? ¡No! ? Resiste, corazón,
y vosotras, mis fibras, no envejezcáis
y mantenedme firme. ¿Acordarme de ti?
Sí, pobre ánima, mientras resida memoria
en mi turbada cabeza. ¿Acordarme de ti?
Sí, de la tabla del recuerdo borraré
toda anotación ligera y trivial,
máximas de libros, impresiones, imágenes
que en ella escribieron juventud y observación,
y sólo tus mandatos viviran
en mi libro del cerebro, sin mezcla
de asuntos menos dignos. ¡Sí, sí, por el cielo!
¡Ah, perversa mujer!
¡Ah, infame, infame, maldito infame sonriente!
Mi cuaderno, mi cuaderno; he de anotarlo:
uno puede sonreír y sonreír, siendo un infame.
Al menos, seguro que es posible en Dinamarca.
Bueno, tío, ahí tienes. Y ahora, mi consigna:
"Adiós, adiós, acuérdate de mí."
Lo he jurado.
HORACIO y MARCELO [dentro]
¡Señor, señor!
Entran HORACIO
y MARCELO.
MARCELO
¡Príncipe Hamlet!
HORACIO
Que Dios le proteja.
HAMLET
Así sea.
HORACIO
¡Eh?oh! ¡Eh?oh, señor!
HAMLET
¡Hucho, hucho?hó! ¡Vuelve, pájaro!.
MARCELO
¿Cómo estáis, noble señor?
HORACIO
¿Qué ha ocurrido, señor?
HAMLET
¡Ah, qué prodigio!
HORACIO
Mi buen señor, contadlo.
HAMLET
No, que lo divulgaréis.
HORACIO
Yo no, señor, por el cielo.
MARCELO
Ni yo, señor.
HAMLET
¿Qué me decís? ¿Quién pensaría que
... ?
¿Guardaréis el secreto?
HORACIO y MARCELO
Sí, por el cielo.
HAMLET
No hay un solo canalla en Dinamarca
que no sea un pillo redomado.
HORACIO
Señor, para oír eso no hace falta
que salga de la tumba espectro alguno.
HAMLET
Sí, claro, desde luego.
Entonces, sin más ceremonia, es mejor
que nos demos la mano y nos vayamos: vosotros,
adonde os lleven vuestros asuntos y deseos,
pues cada cual tiene sus asuntos y deseos,
los que sean; en cuanto a mí, ¿sabéis?,
me voy a rezar.
HORACIO
Señor, habláis sin orden ni medida.
HAMLET
Siento haberte ofendido, de veras,
lo siento de veras.
HORACIO
No hay ofensa, señor.
HAMLET
Por San Patricio, sí que hay ofensa, Horacio,
y mucha. En cuanto a esta aparición,
es un espectro de verdad, os lo aseguro.
Por lo que hace a vuestro deseo de saber
lo que me ha dicho, dominadlo. Y ahora,
pues sois amigos y hombres de armas y letras,
concededme un humilde favor.
HORACIO
Sí, señor. ¿Cuál?
HAMLET
No revelar lo que habéis visto esta noche.
HORACIO y MARCELO
No lo haremos, señor.
HAMLET
Pues juradlo.
HORACIO
Juro que no, señor.
MARCELO
Juro que no, señor.
HAMLET
Sobre mi espada.
MARCELO
Señor, ya hemos jurado.
HAMLET
Vamos, sobre mi espada. Vamos.
Grita el
ESPECTRO bajo el escenario.
ESPECTRO
¡Jurad!
HAMLET
¡Ajá, muchacho! ¿Tú también? ¿Estás
ahí,
buen hombre? ? Vamos, ya oís al del sótano
Prestaos a jurar.
HORACIO
Proponed el juramento, señor.
HAMLET
No decir jamás lo que habéis visto.
Jurad sobre mi espada.
ESPECTRO
¡Jurad!
[Juran.]
HAMLET
Hic et ubique ?. Pues cambiemos de sitio.
Venid, señores y volved a poner vuestras manos en mi espada:
no decir jamás lo que habéis oído.
Jurad sobre mi espada.
ESPECTRO
¡Jurad!
[Juran.]
HAMLET
Muy bien, viejo topo. ¡Qué rápido escarbas!
¡Vaya zapador! ? Cambiemos de nuevo, amigos.
HORACIO
¡Día y noche, esto es harto extraño!
HAMLET
Pues igual que al extraño, acógelo bien.
Hay más cosas en el cielo y en la tierra, Horacio,
de las que sueña nuestra filosofía. Vamos,
como antes: jurad que nunca, Dios mediante,
por rara o extraña que sea mi conducta
(pues tal vez desde ahora crea conveniente
adoptar un talante estrafalario),
si me veis en tal tesitura, jamás,
doblando así los brazos, meneando la cabeza
o diciendo expresiones equívocas, como
"Nosotros lo sabemos", o "Queriendo, podríamos",
o "Si fuésemos a hablar" o "Los hay que si pudieran",
mostrando con frases tan ambiguas
que sabéis algo de mí... Jurad
que, Dios mediante y toda la gracia divina,
no haréis nada de eso.
ESPECTRO
¡Jurad!
[Juran.]
HAMLET
¡Descansa, ánima inquieta! ? Señores,
de corazón a vosotros me encomiendo;
y todo lo que un ser tan humilde como Hamlet
pueda hacer por demostraros su estima,
si Dios quiere, nunca faltará. Entremos todos.
Y, os lo ruego, el dedo siempre en el labio.
Los tiempos se han dislocado. ¡Cruel conflicto,
venir yo a este mundo para corregirlos!
Venid. Vamos todos.
Salen.
II.i Entran
POLONIO y REINALDO.
POLONIO
Dale este dinero y estas notas, Reinaldo.
REINALDO
Sí, señor.
POLONIO
Obrarás con prudencia, buen Reinaldo,
si, antes de visitarle, te informas
de su género de vida.
REINALDO
Señor, es lo que iba a hacer.
POLONIO
Estupendo, estupendo. Atiende: primero
averigua cuántos daneses hay en París,
y cómo, quién, qué medios, dónde viven,
sus compañías, sus gastos; y así,
con estos rodeos y preámbulos, cuando veas
que conocen a mi hijo, más cerca estarás
que si preguntas por él directamente.
Finge, es un decir, que le conoces a lo vago,
diciendo: "Conozco a su padre y a los suyos,
y un poco a él." ¿Te fijas, Reinaldo?
REINALDO
Perfectamente, señor.
POLONIO
"Y un poco a él, pero", y añades, "no mucho,
aunque si es el que pienso, es un juerguista,
muy dado a esto y aquello". Entonces le imputas
los cuentos que te plazcan. Bueno, no tan graves
que puedan deshonrarle, de eso guárdate;
sólo los deslices bulliciosos y alocados
que notoria y comúnmente se asocian
con la libre juventud.
REINALDO
¿Como el juego, sefíor?
POLONIO
Sí, o la bebida, la esgrima, la blasfemia,
las peleas, las rameras... Hasta ahí.
REINALDO
Señor, eso le deshonraría.
POLONIO
Pues no, mientras moderes los cargos.
No le hagas imputaciones de otro modo,
diciendo que es muy dado al desenfreno,
eso no: tú habla de sus faltas con tal arte
que parezcan las lacras de su libertad,
el estallido de un ánimo fogoso,
la braveza de una sangre indómita
que a todos les asalta.
REINALDO
Pero, señor...
POLONIO
¿Por qué todo esto?
REINALDO
Sí, señor. Desearía saberlo.
POLONIO
Pues, mira, te explico mi intención,
y entiendo que la maña es legítima.
Achacándole a mi hijo esas leves faltas
como si fueran polvo del camino,
fíjate, si aquel a quien pretendes sondear
ha visto que el joven de quien hablas
es culpable de las lacras antedichas,
seguro que concuerda contigo como sigue:
"Señor" o algo así, "amigo", o "caballero",
con arreglo a la expresión y el título
de la persona y el país.
REINALDO
Entendido, sefíor.
POLONIO
Y entonces él va y... él va y... ¿Qué iba yo a decirte?
Por
la misa, que iba a decir algo. ¿Dónde me he quedado?
REINALDO
En "concuerda como sigue", en "amigo o algo así",
en "caballero".
POLONIO
En "concuerda como sigue". ¡Eso es!
Él concuerda diciéndote: "Conozco al caballero,
le vi ayer, o el otro día, el otro
o el otro, con éste y aquél, y, como decís,
estaba jugando, o inundado de bebida,
o discutiendo en el tenis"; o te dice:
"Le vi entrar en tal casa de trato",
es decir, un burdel, y así.
¿Te das cuenta? Con un cebo
de mentiras pescas el pez de la verdad.
Así es como los hombres prudentes y capaces,
con rodeos y requilorios,
desviándonos damos con la vía.
Y tú, siguiendo mi enseñanza y mi consejo,
lo lograrás con mi hijo. ¿Entendido?
REINALDO
Perfectamente, señor.
POLONIO
Entonces, ve con Dios.
REINALDO [despidiéndose]
Mi señor...
POLONIO
Observa tú mismo su conducta.
REINALDO
Sí, señor.
POLONIO
Y que siga con su música.
REINALDO
Muy bien, señor.
Sale.
Entra OFELIA.
POLONIO
Adiós. ? ¿Qué hay, Ofelia? ¿Qué pasa?
OFELIA
¡Ah, seiior, me he asustado tanto!
POLONIO
Por Dios, ¿cómo ha sido?
OFELIA
Señor, mientras cosía en mi aposento,
aparece ante mí el Príncipe Hamlet
con el jubón desabrochado, sin sombrero
con las calzas sucias y caídas, como argollas
al tobillo, más pálido que el lino,
temblando las rodillas, y el semblante
tan triste en su expresión que parecía
huido del infierno para hablar de espantos.
POLONIO
¿Está loco por ti?
OFELIA
Señor, no lo sé, pero lo temo.
POLONIO
¿Qué te dijo?
OFELIA
Me agarró de la muñeca y me apretó.
Entonces extendió todo su brazo
y con la otra mano haciendo de visera
se puso a escudriñarme la cara,
cual si fuera a dibujarla. Así, un buen rato.
Al final, sacudiéndome el brazo levemente
y alzando y bajando así tres veces la cabeza,
lanzó un suspiro tan profundo y lastimero
que pareció destrozarle todo el cuerpo
y acabar con su existencia. Entonces me soltó
y, vuelta la cabeza sobre el hombro,
parece que encontró el camino sin mirar,
pues salió sin ayuda de los ojos
y los tuvo en mí clavados hasta el fin.
POLONIO
Anda, ven conmigo. Voy a ver al rey.
Eso es el delirio del amor,
que por su propia violencia se aniquila
y lleva a las acciones más desesperadas,
como sucede cada vez con las pasiones
que tanto nos afligen. Siento...
¿Le has hablado con dureza últimamente?
OFELIA
No, señor. Sólo cumplí vuestras órdenes:
le devolví sus cartas y rechacé su presencia.
POLONIO
Eso le ha enloquecido. Siento
no haber acertado al observarle.
Pensé que jugaba contigo y que sería
tu perdición. ¡Malditos mis recelos!
Parece natural en la vejez
excedernos en la desconfianza,
igual que es propio de los jóvenes
andar escasos de juicio. Ven, vamos con el rey.
Esto ha de saberse, que obrar con sigilo
traerá más desgracia que enojo el decirlo.
Salen.
II.ii Entran
el REY, la REINA, ROSENCRANTZ, GUILDENSTERN y otros.
REY
Bienvenidos, Rosencrantz y Guildenstern.
Además de lo mucho que ansiábamos veros,
os mandamos llamar a toda prisa
porque os necesitábamos. Habéis oído hablar
de la transformación de Hamlet: la llamo así
puesto que no parece el mismo,
ni por fuera ni por dentro. Qué pueda ser,
si no es la muerte de su padre,
lo que le tiene tan fuera de sí,
no acierto a imaginarlo. Os ruego a los dos
que, habiéndoos criado con él desde la infancia
y conociendo tan de cerca su carácter,
accedáis a quedaros en la corte
por un tiempo, de modo que vuestra compañía
le aporte distracción y permita averiguar,
mediando ocasiones favorables,
si algo ignorado le perturba
que, descubierto, podamos remediar.
REINA
Caballeros, él ha hablado mticho de vosotros
y me consta que no hay dos en todo el mundo
a quien tenga más afecto. Si os complace
mostrar la cortesía y gentileza
de pasar algún tiempo con nosotros
en ayuda y cumplimiento de nuestra esperanza,
vuestra visita recibirá la gratitud
que a la real largueza corresponde.
ROSENCRANTZ
El poder soberano de Vuestras Majestades
puede hacernos cumplir vuestros augustos deseos
sin tener que suplicarnos.
GUILDENSTERN
Con todo, obedecemos
y nos brindamos con toda nuestra entrega,
poniendo a vuestros pies nuestros servicios
y aguardando vuestras órdenes.
REY
Gracias, Rosencrantz y noble Guildenstern.
REINA
Gracias, Guildenstern y noble Rosencrantz.
Os suplico que al instante visitéis
a mi hijo, ahora tan cambiado. ? Que uno de vosotros
lleve a estos señores donde esté Hamlet.
GUILDENSTERN
¡Quiera Dios que nuestra presencia y nuestro esfuerzo
le sirvan de alivio y ayuda!
REINA
Así sea.
Salen ROSENCRANTZ
y GUILDENSTERN [con un criado].
Entra POLONIO.
POLONIO
Señor, nuestros embajadores
han vuelto felizmente de Noruega.
REY
Siempre fuisteis portador de buenas nuevas.
POLONIO
¿Lo creéis, señor? Os aseguro, Majestad,
que tanto mi lealtad como mi alma
están al servicio de Dios y de mi rey.
Y creo, a no ser que este mi cerebro
ya no siga el rastro de la astucia
tan bien como solía, que he encontrado
la causa de la insania de Hamlet.
REY
Decídmela, que ansío conocerla.
POLONIO
Primero, recibid a los embajadores.
Mi noticia será el postre del banquete.
REY
Pues honrad los entrantes y traedlos.
[Sale POLONIO.]
Mi reina,
dice que ya ha averiguado
la causa del trastorno de tu hijo.
REINA
Temo que ya la conozcamos: la muerte
de su padre y nuestra boda apresurada.
REY
Bien, le sondearemos.
Entran POLONIO,
VOLTEMAND y CORNELIO.
Bienvenidos,
amigos. ¿Qué hay
de nuestro hermano el noruego?
VOLTEMAND
Os devuelve complacido deseos y saludos.
Así que nos oyó, ordenó que detuviesen
las levas del sobrino, que él había tomado
por un reclutamiento contra el rey de Polonia,
pero que, tras indagaciones, resultó
que apuntaban contra Vuestra Majestad.
Así, dolido al ver que se habían aprovechado
de su afección, vejez y decaimiento,
ordenó a Fortinbrás que desistiera.
Éste al punto obedeció, fue reprimido
por el rey, y al final le hizo promesa
de no volver a tomar armas contra vos,
ante lo cual, lleno de gozo, el rey noruego
le dio una anualidad de tres mil coronas
y permiso para usar sus tropas reclutadas
contra el rey de Polonia, con el ruego,
consignado en este documento,
de que os dignéis conceder paso franco
por vuestros dominios a esta expedición,
con tales garantías y licencias
como en él se recogen.
REY
Me complace,
y en tiempo conveniente he de leer,
contestar y ponderar todo este asunto.
Mientras, gracias por empresa tan lograda.
Id a descansar; por la noche, venid al festín.
Sed muy bienvenidos.
Salen los
embajadores.
POLONIO
El asunto acabó bien.
Mi soberano, mi reina, controvertir
qué pueda ser la majestad, el deber, por qué
el día es día, la noche noche, y el tiempo tiempo,
sería perder noche, día y tiempo.
Así que, pues lo breve es el alma del buen juicio
y lo extenso, los miembros y adornos exteriores,
seré breve. Vuestro noble hijo está loco.
Digo "loco", pues, para definir la locura,
¿no tendría uno que estar loco?
Pero dejemos esto.
REINA
Más sustancia y menos arte.
POLONIO
Señora, os juro que hablo sin arte.
Que está loco es cierto; es cierto que es lástima
y es lástima que sea cierto... ¡Qué torpe figura!
Ya basta, que no pienso hablar con arte.
Admitamos que está loco; sólo resta
averiguar la causa del efecto
o, mejor dicho, la causa del defecto,
pues el efecto defectivo tiene causa.
Por tanto, sólo resta... Lo restante, por tanto...
Ponderad. Tengo una hija (la tengo mientras sea mía)
que, fijaos, en su lealtad y obediencia,
me ha entregado esto. Sacad vuestras conclusiones.
[Lee] la
carta.
"Al
ídolo de mi alma, la celestial y hermoseada Ofelia ... " Este término
es horrible, infame; "hermoseada" es un término infame. Pero
escuchad: "... esta carta; a su blanquísimo pecho, esta carta".
REINA
¿Es Hamlet quien se lo ha escrito?
POLONIO
Tened paciencia, señora. Voy a leerla fielmente.
"Duda
que ardan los astros,
duda que se mueva el sol
duda que haya verdad,
mas no dudes de mi amor.
¡Ah, querida Ofelia! Los versos se me dan mal. No tengo arte para medir
mis lamentos. Pero que te amo más que a nadie, mucho más, créelo.
Adiós.
Tuyo siempre, queridísima amada
mientras mi cuerpo sea mío,
Hamlet."
Esto me lo ha mostrado mi obediente hija
y, además, a mi oído ha confiado
todos sus galanteos, tal como sucedieron
en tiempo, modo y lugar.
REY
Y ella, ¿cómo le ha respondido?
POLONIO
¿Qué opináis de mí?
REY
Que sois hombre leal y de bien.
POLONIO
Procuro serlo. ¿Qué habríais pensado
si, cuando vi en acción su amor ardiente
(pues yo me percaté, tenedlo en cuenta,
antes que mi hija me avisara); qué habríais pensado
vos o mi querida Majestad, la reina,
si yo hubiera sido el cuaderno de sus notas,
o me hubiera hecho el distraído,
o no hubiera dado importancia a estos amores?
¿Qué habríais pensado? No, yo no perdí el tiempo
y le hablé a mi jovencita de este modo:
"El Príncipe Hamlet no es de tu esfera;
esto se acabó." Entonces le ordené
que si él venía a verla se encerrara,
no admitiera sus mensajes, ni recibiera prendas.
Lo hizo, y mi consejo le dio fruto,
pues, para abreviar, al verse por ella rechazado,
le entró melancolía, después inapetencia,
después insomnio, después debilidad,
después mareos y, siguiendo este declive,
la locura que le hace delirar
y que todos lamentamos.
REY
¿Tú crees que es eso?
REINA
Tal vez. Es Posible.
POLONIO
Decidme, ¿ha ocurrido alguna vez
que yo haya dicho con certeza "Es tal cosa"
y me haya equivocado?
REY
Que yo sepa, no.
POLONIO [señalando su cabeza y sus hombros]
Separad ésta de aquí si me equivoco.
Habiendo indicios que me guíen,
daré con la verdad, aunque se oculte
en el centro de la tierra.
REY
¿Cómo podemos comprobarlo?
POLONIO
Sabéis que a veces pasea largo rato
por esta galería.
REINA
Desde luego.
POLONIO
La próxima vez, le suelto a mi hija.
Vos y yo nos pondremos detrás de algún tapiz.
Observad su encuentro. Si no está enamorado
y por estarlo no ha perdido el juicio,
haced que yo cese en mi puesto de gobierno
y me ocupe de una granja y de sus cuadras.
REY
Lo probaremos.
Entra HAMLET
leyendo un libro.
REINA
Mirad qué, absorto en su lectura viene el pobre.
POLONIO
Retiraos, os lo ruego, retiraos.
Voy a hablarle. Con permiso.
Salen el
REY y la REINA.
¿Cómo
está mi Príncipe Hamlet?
HAMLET
Bien, gracias.
POLONIO
¿Sabéis quién soy, sefíor?
HAMLET
Perfectísimamente: sois un pescadero.
POLONIO
¿Yo? No, señor.
HAMLET
Pues ojalá fueseis tan honrado.
POLONIO
¿Honrado, señor?
HAMLET
Claro: tal como va el mundo, ser honrado es ser uno entre diez mil.
POLONIO
Muy cierto, seiior.
HAMLET
Pues si el sol cría gusanos en un perro muerto, que es carnaza digna
de besar... ¿Tenéis una hija?
POLONIO
Sí, señor.
HAMLET
Que no salga al sol. Concebir es una dicha, mas no como pueda concebirlo vuestra
hija. Amigo, cuidado.
POLONIO
[aparte] ¿Qué te parece? Siempre con mi hija. Aunque al principio
no me conoció: dijo que yo era pescadero. Está ido, ido. La verdad
es que yo, en mi juventud, también sufrí penas de amor, casi tanto
como él. Le hablaré otra vez. ? ¿Qué leéis,
señor?
HAMLET
Palabras, palabras, palabras.
POLONIO
¿De qué tratan, señor?
HAMLET
¿Tratan, quién?
POLONIO
Quiero decir lo que leéis, señor.
HAMLET
Son calumnias, pues el satírico granuja dice aquí que los viejos
tienen la barba cana, la cara llena de arrugas, los ojos segregando resina o
savia de ciruelo, y que andan escasos de juicio y flojos de muslos. Todo lo
cual, señor, aunque lo creo con firmeza y entereza, no me parece correcto
escribirlo así. Vos mismo os volveríais de mi edad si pudierais
andar para atrás como un cangrejo.
POLONIO
[aparte] Será locura, pero con lógica. ? ¿Queréis
pasar donde no haga aire?
HAMLET
¿A mi tumba?
POLONIO
Ahí sí que no hace aire. [Aparte] ¡Qué atinadas suelen
ser sus respuestas! La locura acierta a veces cuando el juicio y la cordura
no dan fruto. Voy a dejarte, y en seguida urdiré el modo de que se encuentre
con mi hija. ? Honorable señor, humildemente pido licencia para retirarme.
HAMLET
No podéis pedirme nada que yo no os dé con mayor gusto; salvo
mi vida, mi vida. POLONIO
Adiós, señor.
HAMLET
¡Viejos tontos y cargantes!
Entran ROSENCRANTZ
y GUILDENSTERN.
POLONIO
Si buscáis al Príncipe Hamlet, ahí está.
ROSENCRANTZ [a POLONIO]
Id con Dios, señor.
[Sale POLONIO.]
GUILDENSTERN
¡Respetable señor!
ROSENCRANTZ
¡Queridísimo señor!
HAMLET
¡Mis magníficos amigos! ¿Qué tal, Guildenstern? ¡Ah,
Rosencrantz! ¿Cómo estáis, muchachos?
ROSENCRANTZ
Igual que el común de los mortales.
GUILDENSTERN
Contentos de no pasar de contentos: del gorro de la Fortuna no somos la borla.
HAMLET
¿Ni las suelas de sus zapatos?
ROSENCRANTZ
Tampoco, señor.
HAMLET
Entonces vivís por su cintura o en el centro de sus favores.
GUILDENSTERN
En su intimidad.
HAMLET
¿Así que en sus partes? ¡Ah, claro! Es una golfa. ¿Qué
hay de nuevo?
ROSENCRANTZ
Nada, señor: que el mundo se ha vuelto honrado.
HAMLET
Estará cerca el Día del Juicio. No, vuestra noticia no es cierta.
Dejad que os pregunte con más precisión. ¿Qué habéis
hecho, queridos amigos, para que la Fortuna os traiga a esta cárcel?
GUILDENSTERN
¿Cárcel, señor?
HAMLET
Dinamarca es una cárcel.
ROSENCRANTZ
Entonces lo es el mundo.
HAMLET
Sí, una cárcel espléndida, con muchas celdas, encierros
y calabozos, y Dinamarca es de los peores.
ROSENCRANTZ
No somos de esa opinión, señor.
HAMLET
Porque no lo es para vosotros, pues no hay nada bueno ni malo: nuestra opinión
le hace serlo. Para mí es una cárcel.
ROSENCRANTZ
Así lo ve vuestra ambición: es poco país para vuestro ánimo.
HAMLET
¡Dios santo! Encerrado en una cáscara de nuez me tendría
por rey del espacio infinito, si no fuera porque tengo malos sueños.
GUILDENSTERN
Sueños que son ambición, pues la esencia del ambicioso es la sombra
de un sueño.
HAMLET
Y un sueño es una sombra.
ROSENCRANTZ
Cierto, y considero a la ambición de sustancia tan etérea que
sería la sombra de una sombra.
HAMLET
Entonces los mendigos son cuerpos, y los reyes y los héroes engolados,
sombras de mendigos. ¿Vamos a la corte? Más no puedo discurrir.
ROSENCRANTZ y GUILDENSTERN
Os acompañaremos.
HAMLET
De ningún modo. No pienso mezclaros con mis sirvientes, pues, para ser
sincero, estoy pésimamente atendido. Pero, pon la franqueza de nuestra
amistad, ¿qué hacéis en Elsenor?
ROSENCRANTZ
Visitaros, señor, nada más.
HAMLET
Pobre como soy, no tengo ni gracias para dar. Pero os lo agradezco, aunque mi
gratitud no valga un centavo. ¿No os han hecho venir? ¿Fue iniciativa
vuestra? ¿Es visita voluntaria? Vamos, sed sinceros conmigo. Venga, vamos,
hablad ya.
GUILDENSTERN
¿Qué vamos a decir, señor?
HAMLET
Lo que sea, con tal que haga al caso. Os han hecho venir: hay en vuestra mirada
una confesión que vuestro pudor no es capaz de disfrazar. Sé que
los buenos reyes os han hecho venir.
ROSENCRANTZ
¿Con qué fin, señor?
HAMLET
Eso decídmelo vosotros. Mas permitid que os conjure, por los derechos
de nuestro compañerismo, por la armonía de nuestros años
mozos, por la obligación de una amistad tan duradera y por todo lo que
otro podria proponer: sed abiertos y sinceros y decidme si os han hecho venir
o no.
ROSENCRANTZ [aparte a GUILDENSTERN]
¿Qué dices tú?
HAMLET
Cuidado, que os vigilo. Si me apreciáis, no calléis.
GUILDENSTERN
Señor, nos han hecho venir.
HAMLET
Yo os diré por qué. Me adelantaré a lo que vais a revelarme
y así no sufrirá menoscabo la discreción que prometisteis
a los reyes. últimamente, no sé por qué, he perdido la
alegría, he dejado todas mis actividades; y lo cierto es que me veo tan
abatido que esta bella estructura que es la tierra me parece un estéril
promontorio. Esta regia bóveda, el cielo, ¿veis?, este excelso
firmamento, este techo majestuoso adornado con fuego de oro, todo esto me parece
nada más que una asamblea de emanaciones pestilentes e inmundas. ¡Qué
obra maestra es el hombre! ¡Qué noble en su raciocinio! ¡Qué
infinito en sus potencias! ¡Qué perfecto y admirable en forma y
movimiento! ¡Cuán parecido a un ángel en sus actos y a un
dios en su entendimiento! ¡La gala del mundo, el arquetipo de criaturas!
Y sin embargo, ¿qué es para mí esta quintaesencia del polvo?
El hombre no me agrada; no, tampoco la mujer, aunque por tus sonrisas pareces
creer que sí.
ROSENCRANTZ
Señor, no había en mí tal pensamiento.
HAMLET
Entonces, ¿por qué te has reído cuando he dicho que el
hombre no me agrada?
ROSENCRANTZ
Señor, de pensar en la cuaresma que les vais a dar a los cómicos.
Los dejamos atrás cuando venían hacia aquí a ofreceros
sus servicios.
HAMLET
El que haga de rey será bienvenido; a su majestad le pagaré tributo.
El caballero andante usará su espada y su rodela, el amante no suspirará
en vano, el excéntrico acabará su papel en paz, el gracioso hará
reír a los que pronto se disparan y la dama hablará sin cortapisas,
que, si no, el verso suelto andará cojo. ¿Qué cómicos
son éstos?
ROSENCRANTZ
Los que tanto os agradaban: los actores de la ciudad.
HAMLET
¿Cómo es que viajan? Siendo estables gozaban de más fama
y beneficios.
ROSENCRANTZ
Creo que les prohibieron actuar tras el reciente disturbio.
HAMLET
¿Y son tan renombrados como cuando yo estaba en la ciudad? ¿Tienen
tanto público?
ROSENCRANTZ
No, desde luego que no.
HAMLET
¿Cómo es eso? ¿Es que están pasados?
ROSENCRANTZ
No, se mantienen a su altura. Pero ha nacido una parvada de chiquillos, unos
pollitos que chillan a más no poder y se les aplaude escandalosamente.
Están de moda, y tanto se meten con los teatros populares, como ellos
los llaman, que el galán de espada al cinto tiene miedo de la pluma y
ya no vuelve a frecuentarlos.
HAMLET
¿Así que chiquillos? ¿Quién los patrocina? ¿Cómo
se mantienen? ¿Seguirán en el oficio cuando muden la voz? Y si
luego acaban en los teatros populares, que será lo más probable
si no hay otra cosa, ¿no dirán que sus poetas los malean obligándolos
a criticar su propio futuro?
ROSENCRANTZ
La verdad es que ha habido mucho ruido en ambas partes, y la gente no ve nada
malo en provocarlos al debate. Durante un tiempo no se vendía un argumento
en que no se enzarzasen autores contra actores.
HAMLET
¿Es posible?
GUILDENSTERN
Bueno, se ha vertido mucho ingenio.
HAMLET
¿Y se llevan la palma los chiquillos?
ROSENCRANTZ
Sí, señor, y a Hércules mismo con su carga.
HAMLET
Tan extraño no es, pues mi tío es rey de Dinamarca, y los que
en vida de mi padre le hacían muecas dan ahora veinte, cuarenta, cincuenta,
cien ducados por su retrato en miniatura. Voto a Dios, que hay algo anormal
en todo esto, como podría demostrar la filosofía.
Toque de
trompetas.
GUILDENSTERN
Ahí están los cómicos.
HAMLET
Caballeros, sed bienvenidos a Elsenor. Dadme la mano, vamos. A toda bienvenida
corresponde ceremonia y cortesía. Permitid que cumpla con vosotros de
este modo, no sea que mi acogida a los actores (que, os lo advierto, será
espléndida) parezca más calurosa que la vuestra. Bienvenidos.
Pero mi tío?padre y mi tía?madre se equivocan.
GUILDENSTERN
¿En qué, mi señor?
HAMLET
Yo sólo estoy loco con el nornoroeste; si el viento es del sur, distingo
un pico de una picaza.
Entra POLONIO.
POLONIO
Mis saludos, caballeros.
HAMLET
Escucha, Guildenstern, y tú también: a cada oído, un oyente.
Esa gran criatura que veis ahí todavía va en pañales.
ROSENCRANTZ
Será la segunda vuelta, pues dicen que el viejo vuelve a ser niño.
HAMLET
Profetizo que viene a hablarnos de los cómicos. Atended... Tenéis
razón, pues así fue el lunes por la mañana.
POLONIO
Señor, tengo noticias para vos.
HAMLET
Y yo noticias para vos. Cuando Roscio era actor en Roma...
POLONIO
Señor, han llegado los actores.
HAMLET
¡Ya, ya!
POLONIO
Os lo juro...
HAMLET
Cada actor llegó en su burro.
POLONIO
Los mejores actores del mundo, tanto en lo trágico como en lo cómico,
lo histórico, pastoril, cómico?pastoril,histórico?pastoril,
trágico?histórico, trágico?cómico-histórico?pastoril,
la obra unitaria o la pieza libre. Séneca no será tan grave ni
Plauto tan leve. Se observen las reglas o se desatiendan, ellos no tienen igual.
HAMLET
¡Ah, Jefté, juez de Israel, qué tesoro tienes!
POLONIO
¿Qué tesoro tenía?
HAMLET
Pues,
"Hija hermosa, nada más,
y la quería de verdad."
POLONIO [aparte]
Y dale con mi hija.
HAMLET
¿No estoy en lo cierto, Jefté?
POLONIO
Señor, si me llamáis Jefté, sí que tengo una hija
y la quiero de verdad.
HAMLET
No, eso no se sigue.
POLONIO
Pues, ¿cómo se sigue?
HAMLET
Asi:
"Por azar, cual Dios dirá."
Que sabéis que continúa:
"Sucedió, como se vio ... "
Lo demás lo tenéis en la primera estrofa de la devota canción,
que aquí llegan pasatiempos.
Entran cuatro
o cinco ACTORES.
Bienvenidos,
señores, bienvenidos todos. ? Me alegra verte tan bien. ? Bienvenidos,
amigos. ? ¡Mi viejo amigo! Te ha salido barba desde que te vi. ¿No
te subirás a mis barbas aquí, en Dinamarca? ? ¡Ah, mi joven
señora! Válgame, desde la última vez que os vi, vuestra
merced se ha acercado al cielo en la altura de un chapín. Dios quiera
que no hayas mudado la voz y suene a moneda falsa. ? Señores, sed todos
bienvenidos. Ahora, a lanzarse contra lo que salga, como cetreros franceses.
Anda, a recitar. Venga, una prueba de tus dotes; vamos, un fragmento que conmueva.
ACTOR 1.0
¿Cuál, señor?
HAMLET
Te oí una vez recitar un fragmento que nunca se representó; a
lo sumo, una sola vez. La obra, lo recuerdo bien, no gustó a la multitud,
era caviar para el público. Pero, en mi sentir y en el de otros cuyo
juicio en la materia pesa más que el mío, era una obra magnífica,
bien concertada, y compuesta con tanta mesura como arte. Recuerdo que alguien
dijo que no había pimienta en los versos que los hiciera picantes, ni
nada en el lenguaje que pudiera acusar al autor de afectación, sino que
tenía un estilo comedido. En ella me gustaba más que nada un fragmento,
el relato de Eneas a Dido, especialmente la parte que trata de la muerte de
Príamo. Si aún vive en tu memoria, empieza donde dice... A ver,
a ver:
"El áspero Pirro, cual la fiera hircana..."
No, así, no. Empieza con Pirro:
"El áspero Pirro, con sable armadura,
negra cual su intento e igual que la noche
cuando en el funesto corcel iba oculto,
ha untado su negra y horrífica efigie
de heráldica infausta. De pies a cabeza
vestido de gules, hebras pavorosas
de sangre de padres, madres, hijas, hijos,
cocida y reseca por calles que abrasan
y dan una luz violenta y maldita
a su odiosa muerte. Quemado de furia
y fuego, cubierto de sangre cuajada,
carbunclos sus ojos, Pirro infernal busca
al anciano Príamo."
Sigue tú.
POLONIO
Por Dios, que lo habéis dicho muy bien, con buena dicción y gran
mesura.
ACTOR 1.0
"Al punto le halla
en vana ofensiva. Su espada vetusta
yace donde cae, hostil a sus órdenes,
rebelde a su brazo. En lid desigual
Pirro embiste a Príamo y yerra en su rabia,
pero con el soplo de su rudo acero
el anciano cae. La inánime Ilión,
cual sintiendo el golpe, con torres en llamas
se viene a tierra, y su hórrido estruendo
a Pirro suspende: he ahí que su espada,
en trance de herir la nívea cabeza
del viejo patriarca, se paró en el aire.
Cual imagen de un tirano quedó Pirro,
quien, inmóvil entre propósito y acto,
no hacía nada.
Mas (tal como ocurre ante una tormenta,
el cielo callado, las nubes tranquilas,
los vientos en calma, y toda la tierra
muda cual la muerte), de pronto el trueno
estremece el aire; así, tras la pausa,
se excita otra vez la venganza de Pirro;
y nunca golpeó el martillo de un cíclope
con menos piedad la armadura de Marte,
de forja perpetua, que ahora golpea
a Príamo el arma sangrienta de Pirro.
¡Atrás, ramera Fortuna! ¡Oíd, dioses!
¡En santo concilio quitadle su fuerza,
rompedle a su rueda los radios y pinas,
haciendo que el cubo ruede desde el cielo
y caiga en el tártaro!"
POLONIO
Demasiado largo.
HAMLET
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