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Cómo
escribo
Por
Italo Calvino
Escribo a
mano y hago muchas, muchas correcciones. Diría que tacho más de
lo que escribo. Tengo que buscar cada palabra cuando hablo, y experimento la
misma dificultad cuando escribo. Después hago una cantidad de adiciones,
interpolaciones, con una caligrafía diminuta.
Me gustaría trabajar todos los días. Pero a la mañana invento
todo tipo de excusas para no trabajar: tengo que salir, hacer alguna compra,
comprar los periódicos. Por lo general, me las arreglo para desperdiciar
la mañana, así que termino escribiendo de tarde. Soy un escritor
diurno, pero como desperdicio la mañana, me he convertido en un escritor
vespertino. Podría escribir de noche, pero cuando lo hago no duermo.
Así que trato de evitarlo.
Siempre tengo una cantidad de proyectos. Tengo una lista de alrededor de veinte
libros que me gustaría escribir, pero después llega el momento
de decidir que voy a escribir ese libro.
Cuando escribo un libro que es pura invención, siento un anhelo de escribir
de un modo que trate directamente la vida cotidiana, mis actividades e ideas.
En ese momento, el libro que me gustaría escribir no es el que estoy
escribiendo. Por otra parte, cuando estoy escribiendo algo muy autobiográfico,
ligado a las particularidades de la vida cotidiana, mi deseo va en dirección
opuesta. El libro se convierte en uno de invención, sin relación
aparente conmigo mismo y, tal vez por esa misma razón, más sincero.
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