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Una
Propiedad del Sueño
Por
Tomás Barna
Ahí
vas haciendo un hueco en la niebla dura de la mañana de julio. Un clavel
rojo brota de la línea verde del tallo que se adhiere a -tu mano derecha.
La vendedora de flores con toda su vejez a cuestas, se había detenido
un momento antes frente al carruaje blanco, la cruz, desde lo alto, esperó
sorprendida. Un ramo grande, un ramo surcado por el temblor, se desprendió
desde los dedos de esa mujer cristalina; los rojos y los blancos estallaron
conmovidos junto al cajón del niño. El movimiento quedó
aprisionado en los acordes del silencio, en la armonía de una actitud
llena de amor. Todo dejó de palpitar para adquirir un ritmo nuevo, como
si un acento grave -en sordina- se expandiera con sutileza de ave hendiendo
el espacio durante un segundo. Fue el detenimiento del tiempo que se cristalizó
así en eternidad,
La decrepitud, había dejado de ser, logrando destruir la tristeza y la
soledad provocadas por la muerte del niño. Las lágrimas de los
deudos quedaron suspendidas en las mejillas, y mejillas y lagrimas sintieron
el poder de una dinámica esencial que las paralizó. El ámbito
sufrió la impresión de aquel gesto nacido de un soplo interior.
El coche fúnebre reinició la marcha impulsado ahora por una conciencia
jubilosa.
Tú continúas, con el rostro menos gris, el camino que te lleva
al cementerio de San Jerónimo, El pavimento liso, demasiado prolijo,
te conduce de memoria hacia el portón tras el cual reposan los disidentes
en ese rincón de Córdoba tan injustamente marginado.
Los cipreses estilizan sus siluetas, se aligeran y parecen crecer aspirando
a fundirse con los astros, la densidad de los primeros bloques de mármol
se torna liviana, ágil, transparente, ante los correteos de dos perritos
que se huelen, desaparecen detrás de una tumba, vuelven a mostrarse con
la cola alta describiendo un semicírculo, saltan nerviosos sobre otra
tumba, se hacen esguinces, otra vez se olfatean, se estremecen, se trasmiten
los deseos con un gemir agudo, entrecortado, el machito concentra su celó
en la lengua roja y ávida que asoma por entre los dientes colocándole
a la derecha del morro, con sus belfos flojos; la hembra dilatando porfiadamente
un ansía activa que al fin los conduce a ese acoplamiento epiléptico
que precede a toda existencia.
Los dejas arrinconados sobre aquella piedra informe, aquella piedra en bruto
que señala una inexistencia, que intenta gritar un nombre semiborrado
por los años y borrado por el olvido.
Y no hay allí nadie más encima de la tierra. Sólo piedras,
mármoles, flores, árboles, voces inefables, voces perdidas, audibles
apenas por el espíritu, pájaros que son flautas, pájaros
que son oboes aéreos cuyos sonidos aumentan y disminuyen, estallan y
se silencian y se amalgaman con el sordo timbal de la bruma que lo envuelve
todo ... apagándolo. Pero nace el silencio de los muertos que es una
música atea, furtiva, como hecha de diapasones, donde juegan los triángulos,
las celestas, apareciendo los coros, desencadenándose una tempestad sonora,
y los oídos se transfiguran en caracolas y el cerebro en remolino y el
corazón en mar y los órganos se desprenden y el cuerpo se siente
sacudido con violencia y la destrucción interna agrieta la carne, distorsiona
los nervios, agiganta los poros de la piel, hasta que una ráfaga de alas
y de sol te rescata del silencio terrible que de pronto se ha instalado. Estás
entre cipreses y pinos, entre pájaros y flores, entre lápidas
y ansias truncas.
GINES CERVANTES
Q.E.P.D.
3-5-1905 + 7-9-1929
Un sendero
con tallos huérfanos sobre la tierra seca.
CHARLES T. T. BAYLEY
Inglaterra 22-11-1879
Córdoba 4-8-1950
A tu derecha,
el dolor inerte de unos pétalos sin color. Y un poco más allá
los ojos se detienen atraídos por una estrofa escrita en alemán.
CURT DIERS
6.6.1908 + 5.7.1950
Seele Des Menschen,
Wie Gleichst Du Dem Wasser!
Schicksal Des Menschen
Wie Gleichst Du Dem Wind!
"El
alma de los hombres es igual al agua!
El destino de los hombres es igual al viento!"
Las líquidas
voces de la mente se deslizan homogéneas en una esfera vaporosa donde
todos los movimientos y las luces son posibles.
Y el drama de oír surge bello, vigoroso, de ese canto hecho aire que
se vuelve grito: ¡el viento! Grito que presagia el primer grito humano.
Grito anterior, interior y posterior al hombre. Grito o viento que al rozar
la tierra levanta ese polvo que es miseria, pero que después -en una
alquimia nueva- deviene éter que plasma el ritmo doble de la respiración.
**********
La florista
y el entierro del niño. Los perros y el viento. Casi te extravías
entre los sentidos y la meditación. Y lo único que buscas es un
fragmento de tierra pura, sin mármoles, donde ni siquiera haya una piedra.
Una porción de sólo dos metros cúbicos de tierra. Tierra
que ya es tu propio padre.
Estás de pie -¿de pie?- ante...
-¡Noool Estoy CON él. Muy adentro
-¿Qué?¿Qué dices?
-Estoy entre la disolución.
-Pero ¿en qué momento? ¿Por qué?
-Porque quiero saber, El tiempo es un presente continuo, La muerte debe ser
un artificio, La muerte no es, Eso busco: la verdad, Y descubro que aquí,
bajo este sepulcro, un dedo o un gusano es la misma cosa. Y que ese ojo carcomido
de mi padre, que yace aún más erizado por estos labios míos
que besan todo lo que de él queda, es simplemente una nueva forma de
la forma del ojo de mi padre que llevo en mi memoria. Aquí todo es caos.
¡Ah, pero cómo florece de este caos la serenidad que nace del hallazgo!
Y yo también comienzo a disolverme y a adquirir olores nuevos, y a sentir
-lejos de mi cuerpo que se va disgregando- la potencia hermosa de la vida, la
fuerza que acoplaba a aquellos perros con un ardor rayano al delirio.
Aquí estoy, en la gran sementera, Hay algo de mí que germinará
sin cesar. Y mi padre y yo, y los otros muertos -los muertos de siempre- seremos
como el agua blanda que corre y se renueva y nunca es la misma y se mezcla a
otras aguas y desaparece y renace.
El viento pasa. Lo sé. El viento siempre pasa. También parece
extinguirse. Y un día, sin que nadie lo recuerde, sin que alguien lo
vea, se presenta, ruge, ulula, hasta que emite el grito: no he muerto! no he
muerto!. Y comienza a elevarse el polvo azotando las conciencias hasta que todo
se enturbia, hasta que todo -poco a poco- de nuevo se transparenta, hasta que
todo se torna diáfano, hasta que todo es aire, azul, sonido orgánico
de una potencia primitiva que impulsa al sueño y que llamamos muerte.
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Hoy, diez
meses después de aquel desdoblamiento, te he recuperado. Estás
casi por regresar a mí. Por dejar de ser "el otro". Tengo la
certeza, Te veo junto a tu mesa de escribir, terminando el relato que concebimos
entre los dos. La silla te soporta pasivamente. El codo izquierdo es la base
que sustenta tu cabeza de medusa de cuya frente arranca el puño que la
refresca. Estás en un patio de tierra, en la comarca donde reina el zonda,
deslumbrado por la cordillera mendocina. A tus espaldas el duraznero. Rodeado
por un celeste de otoño. Paz. Y el sonido imperceptible, inefable, de
la vida.
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