|
La
Cuentista Espontánea
Por
Agustina Jojärt
"Es un misterio, de todos modos. Una aspira a la perfección...
sabe que nunca la alcanzará y sigue aspirando a ella,
como si supiera que es exactamente al revés."
(14 de
abril de 1922)
Uno de los
motivos por los que Katherine Mansfield avivó tanto admiración
como apatía, y hasta celos entre sus colegas y amigos, fue su generosa
ocurrencia y su visión irónica de las pequeñeces cotidianas.
Sus diarios y poemas desnudan a una gran amante de la observación de
la naturaleza y de la conducta humana. Tal vez haya sido este elemento, la observación,
la musa que la inspiraba tan mágicamente. En sus diarios hay descripciones
de todo tipo, imágenes nutridas de formas tangibles; el lector no tiene
que suponer nada, todo está dicho como realmente es visto, inclusive
las metáforas. Cada cosa que vivía le sugería una idea,
y entonces, convertía esta manía de asociar la realidad con los
sueños en un cuento. Hay, además, en sus descripciones algo de
esas sensaciones como espectadora, que enriquece aún más la imagen.
Se sentaba frente a todo ese mundo para hacerlo eterno en una hoja de su cuaderno.
Así mismo, era naturalmente femenina al describir una jornada, algún
detalle que llamaba su atención o al presentar la escena de un cuento.
Podríamos pensar que si bien la totalidad de su obra, salvo los poemas,
no es autobiográfica, los cuentos son de una gran carga de cotidianeidad;
es decir, se refiere siempre, en sus historias, a un incidente familiar, el
rumor que le contaba alguna amiga, sus propias sospechas sobre la relación
amorosa de algún conocido. Y podríamos también pensar que
ella es sólo autobiográfica en las abstracciones; cuando usa al
personaje para manifestar sus propios miedos, deseos o ideas.
La narrativa de Mansfield es sencilla, no innova con el lenguaje pero sí
rompe con la estructura tradicional en sus cuentos. Por otro lado, los poemas
tienen un tinte infantil y son más bien despojados. Diríamos que
en este aspecto pasa desapercibida. ¿Es imperiosamente necesario llamar
la atención para ser diferente del resto?... La riqueza de Katherine
Mansfield consiste en su capacidad para captar sensaciones cotidianas; y ha
sido siempre esta su virtud más halagada. Las historias de sus cuentos
tienen personajes comunes y ocurren en lugares comunes; cualquiera de nosotros
podría habitar un relato suyo, más allá del tiempo. No
buscaba sorprender al lector con una trama original sino contar con la espontaneidad
del lenguaje hablado una historia que jamás olvidaremos. La carga emotiva
de sus personajes es tan real y humana que hace que, al final de cada cuento
el lector acabe por creer que ha vivido en el relato de manera mágica.
Esto habla de su sensibilidad y su aptitud para ocupar roles tan disímiles
-tal como lo hiciera un actor sobre el escenario- y poder ser una viuda, una
amante, una mujer ingenua, superficial, lesbiana, un niño castigado o
una niña que, de la forma más cruel, conoce la muerte y despierta
al mundo. Por ejemplo, en la correspondencia que mantenía con sus amistades
y colegas solía usar máscaras para complacer al destinatario.
El término máscaras denota una característica evidente
de Katherine Mansfield que sus biógrafos han sabido apreciar; tenía
capacidad camaleónica. Esta habilidad para tomar la forma y el color
del objeto que tenía delante también se advierte en los personajes
de sus cuentos. Rescatemos sus propias palabras:
"... Mi mayor dificultad para escribir es aprender a someterme. No porque
una no deba ofrecer ninguna resistencia... por supuesto que no me refiero a
eso. Pero cuando escribo sobre "otro", deseo con tanta intensidad
perderme en el alma de ese otro que no..." ( Fragmento de correspondencia
de enero de 1921)
Como tantos otros escritores, ella encontraba en la literatura el lugar que
le resultaba más cómodo para huir, para expresar opiniones y sentimientos,
para acusar y perdonar, incluso para ser auténtica mientras usaba una
máscara.
Si bien, a diferencia de otros escritores, no hace falta conocer mucho de su
vida para entender su obra -reflejo de sus fantasías y experiencias personales-,
es bueno tener presente varios factores que interactuaban en su psicología:
la enfermedad que la aisló de sus afectos y la llevó a la muerte,
el fallecimiento de su hermano, el contexto social , su historia personal. Katherine
fue una mujer que había tenido una infancia tierna y llena de afecto
y apego a sus hermanos; una mujer con sueños que no siempre pudo concretar,
y con responsabilidades de ama de casa. Repartía su tiempo entre las
tareas domésticas y la literatura, sus amistades y su marido. No era
en absoluto un ser solitario, pero ciertas veces tenía este deseo tan
particularmente humano de querer aislarse un poco del entorno para poder conectarse
con ella misma.
Más que nada en el mundo, ella amaba la vida, y por nada peleó
tanto como por mantenerse en pie. Atacada desde muy joven por una tuberculosis
crónica, procuró siempre rodearse de gente y cosas que pudieran
serle saludables y le inspirasen felicidad -muchos poemas suyos, fragmentos
de sus diarios y de sus cuentos rescatan su faceta alegre e ingenua. Pero también
muchos de sus cuentos son de un alto contenido de crueldad y dolor, y es por
eso que podríamos suponer que Katherine Mansfield era víctima
de un temor espantoso a la muerte, a la soledad y a la desilusión, sentimientos
que despertaban en ella su lado negro y perverso.
El lector podrá encontrar asombrosamente, en varios de sus cuentos más
tristes, fragmentos muy anteriores al desenlace de la historia, en donde los
personajes viven despreocupados, y descubrir finalmente que el verdadero tema
del relato es una tragedia, una situación irreversible. Esto ocurre en
The garden party, en donde una rara mezcla de clima festivo y tragedia inevitable
crean un cuento cruel. O como sucede en Revelations, cuando una mujer, a quien
nada le falta, es atacada por la horrible noticia de la muerte de una niña
y el dolor de un padre que ya no tiene más razones para vivir. Esta es
una característica muy acentuada en ella: acerca el cuento a la realidad.
Un día todo está bien, y al otro día el mundo sigue girando
mientras nos quedamos estáticos, preguntándonos cómo fuimos
capaces de no haber comprendido nunca nada.
No fue una escritora popular sino hasta después de su muerte. John Murry,
su esposo y editor, se encargó de esparcir esta semilla pese a las propias
indicaciones de la autora de destruir todo su material. El 9 de enero de 1923
moría en Fontainebleu. Cierta vez había escrito: "Hay un
bote pequeño, mar afuera, navegando, parece inevitable y silencioso como
la muerte... una manchita negra, como la mancha de un pulmón."
|