Recomendamos nº 60

Salvador Elizondo
El peso del mundo
Por Peter Handke
330 págs.
(Adriana Hidalgo)

El peso del mundo

¿Qué es la literatura?, es la pregunta madre de una serie interminable que no tienen respuesta. Lo interesante está en el modo en que cada uno se lo plantea, porque ese modo supone un recorrido único (ej. Si un árbol cae en un bosque y no hay nadie para escuchar; ¿existe el sonido?). No importa la respuesta, porque hay de a millones. Sí, es importante planteárselo, todo el tiempo posible. Armo entonces, ante la imposibilidad de responder, ante la imposibilidad de encontrar parámetros, un mundo de fragmentos. Leo, pienso, siento (en el orden que deseen), los fragmentos que me interesan. Me contradigo, establezco parámetros falsos, inestables… y me sigo preguntando.
            Peter Handke, poeta, novelista y dramaturgo austríaco, tiene en su haber tres libros trabajados desde el fragmento: El peso del mundo; Historia del lápiz; Fantasías de la repetición. Los registros van desde cuaderno de notas, diarios, meditaciones, hasta los aforismos. Hay en la intimidad de ellos, rastros de libros anteriores y posteriores de Handke; lecturas en citas también (de Katherine Mansfield, André Breton, Hermann Hesse, San Juan de la Cruz). Se lee cómo él experimenta la tensión entre la escritura, la lectura y la vida.
             Dice Handke sobre El peso del mundo: “Estas anotaciones no fueron planeadas inicialmente como aparecen aquí. Comencé a escribirlas con la intención de darles un marco narrativo. En consecuencia, mi cerebro tradujo las percepciones cotidianas al código en el que iban a ser expresadas; es más, las percepciones mismas, aun las que surgían más casualmente, ya estaban orientadas a ese eventual objetivo. Las impresiones y vivencias que no podían adecuarse al modo de referencia común, es decir, a la forma literaria elegida de antemano, fueron dejadas de lado: podían ser olvidadas. Precisamente en el estado de concentrada atención que había alcanzado para estas anotaciones, me resultó llamativo ese olvido cotidiano. Muy pronto me pareció un desperdicio y comencé a conservar en la memoria también aquellos fenómenos de la conciencia que no servían al proyecto”.

El arte, es PODER preguntarse sobre el arte. Es PERMITIRSE preguntar sobre el arte. Y el fragmento, por su estructura, hace que el que lee se interrogue, aún cuando no quiera, o cuando no hubiera tenido esa intención. Tal vez la brevedad, acaso lo imponente de esa brevedad y la falsa idea de que por eso es menos compleja de abordar, animan al que lee a cuestionarse.

Y acá acota algo muy interesante que gira sobre el viejo tema de la proposición inicial cuando empezamos una obra, y los caminos hacia donde ésta nos llevó o puede llevar luego:

“De esta manera, poco a poco, el plan se destruyó y sólo quedó la anotación espontánea de percepciones libres de objetivo alguno. Cuanto más tiempo e intensidad aplicaba a continuar esta actividad, tanto más fuerte se volvía la experiencia de liberación respecto de formas literarias establecidas y, al mismo tiempo, de libertad en un terreno de la escritura que me era desconocido.”           

Algunos fragmentos de este diario:

Dejé de ser superficial…. Ya no pienso nada” // “Dentro del auto, el hombre enciende la radio y la mujer pregunta: `¿Crees que la música te salvará de nuevo?`//Tengo que dejar de tener remordimientos cuando no siento nada // Colgar delante de mi casa un cartel con la advertencia: Cuidado, en esta casa se lee //Cuántas cosas me intimidaban hace diez años: la poesía, Andy Warhol y después Marx y Freud y el estructuralismo y todas esas Universal-Pictures ahora han huido y parece que nada puede oprimir a nadie más que el peso del mundo// "El odio que siento "contra lo desconocido" cuando suena el timbre" //Miré al barrendero a la cara y me di cuenta de que él también me estaba mirando, nos saludamos por primera vez y a partir de ahora tendremos que saludarnos siempre”.

Bataille decía que lo imposible era aquello que únicamente vale la pena pensar. Handke, refuta silenciosamente a lo largo del libro, con naturalidad y sin esfuerzo, siendo un observador profundo de lo posible.

Por Hernán A. Isnardi   

Mansfield
Galaxia Kafka
compilación
320 págs.
(Adriana hidalgo)

Galaxia Kafka

      
Adriana hidalgo ha creado de la mano de Eduardo Berti y Eduardo Cozarinsky, tres galaxias que dibujan mundos circundantes de Borges, Flaubert y este de Kafka. Pero no es solamente una compilación de textos que vienen de la mano de Kafka (incluso está por ejemplo el de Nataniel Hawthorne, anterior a Kafka, pero que sin dudas está dentro del mismo ojo), sino que además preludiando cada uno de esos textos, Cozarinsky en este caso, ha ido recorriendo la historia de ese texto y del autor. Dejando además de lado los obvios, como señala en este volumen. Paul Leppin, Santiago Dabove, Bruno Schulz, Isaac Bashevis Singer, Virgilio Piñera, Julio Cortázar, Shirley Shackson, Wilcock, Lettau, Ospina, Vivas Hurtado y timo Berger. Dejé para destacar los cuentos de dos praguenses y un norteamericano: Johannes Urzidil, autor del bellísimo Tríptico de Praga (en el que Kafka es uno de los personajes), y quien fuera precisamente amigo del checo, y Bohumil Hrabal, autor de uno de los libros más fascinantes que he leído: Una soledad demasiado ruidosa. Y para el final, Guy Davenport, con un relato bellísimo: La vuelta al mundo de Belinda. Un día de otoño de 1923, Kafka y dora Dymant paseaban por el parque Steglitz, en berlín, cuando vieron a una niña que lloraba porque había perdido su muñeca. Kafka fue a consolarla y le dijo que la muñeca había salido de viaje y que le escribiría cartas. Al día siguiente, él le entregó la primera, y durante tres semanas fue dándole una a otra. Esta es la historia que recoge Davenport y que refiere Max Brod en uno de sus libros.

Hernán A. Isnardi


Mansfield
Té de manzanilla
y otros poemas
de Katherine Mansfield
96 págs.
(bajo la Luna)

Té de manzanilla y otros poemas

     Katherine Manstleld escribió casi toda su poesía primordialmente con un deseo de expresión y juego, y sin intenciones de revisarla. Por esa razón, sus poemas tienen vívidas facetas autobiográficas y exhiben una notable capacidad de penetración, con arrebatos de ironía cruel y despliegues de una memoria capaz de recuperar el pasado. El carácter marginal de los poemas con respecto al resto de su obra no impide que en ellos ofrezca una punzante originalidad que amplía la idea de lo que el arte poético es o puede ser.

Dice Guillermo de Torre en su ensayo sobre Mansfield:
"Pero siendo todas ellas tan fieles sentimentalmente a su sexo, la voz de Katherine Mansfield resuena aún quizá con un matiz más puramente femíneo. Porque no se trata simplemente de que Katherine Mansfield sienta y escriba como mujer, sino que llega a crear todo un universo nimbado de extraordinaria poesía por lo mismo que es ordinariamente verídico, haciéndonoslo comunicable con una sorprendente simplicidad de medios. "Señor -escribía en su Diario-, hazme pareja al cristal para que tu luz brille a través de mí."

Número especial dedicado a Katherine Mansfield

Cortázar
Diario
de Andrés Fava
Por Julio Cortázar
112 págs.
(Alfaguara)

Diario de Andrés Fava

En 1950, Cortázar escribe la novela El examen, que fue publicada póstumamente en 1986. Este Diario de Andrés Fava quedó excluido del corpus de la novela, pero Cortázar lo conservó cuidadosamente, como todos los textos que consideraba "acabados" y dignos de ser publicados en algún momento.
Es un libro fuera de molde Cortazariano, de esos que sí, sorprendieron en el mejor de los sentidos.
Como es una novela fragmentaria, copio aquí algunos párrafos para que hablen ellos.

"Se dice —y uno sonríe—: "El lenguaje me impide expresar lo que pienso, lo que siento". Más cierto sería decir: "Lo que pienso, lo que siento me impiden llegar al lenguaje". Entre mi pensar y yo, ¿se opone el lenguaje? No. Es mi pensar el que se cruza entre mi lenguaje y yo.
Ergo no hay otra salida que izar el lenguaje hasta que alcance autonomía total. En los grandes poetas, las palabras no llevan consigo el pensamiento; son el pensamiento. Que, claro, ya no es pensamiento sino verbo."


“Es oscuro y no sé decirlo: sentir que mi vida y yo somos dos cosas, y que si fuera posible quitarse la vida como la chaqueta, colgarla por un rato de una silla, cabría saltar planos, escapar a la proyección uniforme y continua. Después ponérsela de nuevo, o buscarse otra."

"Joyce pudo no haber escrito A Portrait of the Artist — Ya estaba ahí Une Saison en Enfer que lo contenía en su enérgica virtualidad.
Tal vez no se ha dicho que el camino de Stephen es el mismo —sólo que desandado— del de San Agustín.
Joyce no escribe bien; ése es el mérito y la eficacia de un libro que intenta fijar una etapa donde hay más balbuceo que palabra, más sentimiento que expresión. Muy bien Graham Greene en The Ministry of Fear. "Mi hermano tiene las ideas pero yo las siento". Sólo que Joyce, en vez de la casi definición discursiva, se vale de su propia magnífica torpeza narrativa y nos da un libro donde lo sentido excede lo dicho, proporción infrecuente en el gremio"

"Fulano ama un libro sobre Cézanne porque le gusta Cézanne, a quien le gustaba la pintura. ¡Qué lejos de la pintura se queda Fulano! O esto: hay un horror sagrado, Keats hace Hyperion porque Hyperion es su horror sagrado. Middleton Murry se ocupa de Keats porque lo atrae Hyperion; yo leo a Middleton Murry porque me gusta Keats. Pero hay un horror sagrado, y no es Middleton Murry)"

 

Gloria Pampillo
El héroe que vino
a buscarme

Por Gloria Pampillo
239 págs.
(Guid)

El héroe que vino a buscarme

En 1800, por inútil y por haber colgado los hábitos, Bernardo fue desterrado de su Galicia paterna "a un lugar de la tierra mal hecho o sin terminar": Buenos Aires. En esa ciudad medio disuelta entre los ocres infinitos de la pampa y el Río de la Plata, Bernardo se transformó: primero se volvió un águila en el comercio y, cuando las Invasiones Inglesas de 1806 y 1807, surgió como un inesperado genio militar, el miliciano que acorraló y rindió a los comandantes Craufurd y Pack tras despedazar sus tropas calle por calle y casa por casa. El guerrero celta infuso en Bernardo brotó con brillo y ferocidad y le ganó fama y amor.

El amor duró más que la fama. En 1810, cuando el virreinato del Río de la Plata rompió con España, el infierno se abrió bajo los pies de Bernardo. Leal a su rey, huyó de Buenos Aires a Montevideo para combatir la revolución, pero cayó preso por envidias y calumnias de los propios popes contrarrevolucionarios. Y después para su familia empezó el periplo del dolor, pero del dolor en serio, el profundo, el que lo terminó matando.

En esta novela, donde el rigor histórico y la invención poética salen igualadas, Gloria Pampillo examina los confusos, terribles materiales con que se hizo la historia del Río de la Plata y la de su propia sangre. En ese ejercicio, a Pampillo le sale afuera la guerrera celta. Bienvenido, lector, a una narrativa de una intensidad, densidad, verdad y color como hace tiempo no se ven.

Daniel E. Arias
 

Blues - Cozarinsky
Blues
de Edgardo Cozarinsky
140
págs
(Adriana Hidalgo)

Blues
Deslizándose entre el ensayo y las memorias, la crónica y el relato de viaje, los textos reunidos en este volumen tienen en común el tono de un autor que ha elegido escribir en primera persona. Estos blues evocan tanto lo público como lo más íntimo: desde una guerra "olvidada" (la de unas islas Malvinas innominadas) hasta amigos y episodios de un mundo cultural perdido, próximo pero irrecuperable. Silvina Ocampo, José Bianco, Susan Sontag desfilan entre muchos otros, famosos u oscuros; se relatan las hilarantes escaramuzas por obtener un premio literario y las patéticas traiciones de individuos célebres en tiempos aciagos; resucitan fantasmas de los sixties, hoteles de paso, fiestas y duelos. Son textos que no pretenden objetividad alguna: tan ajenos a la crítica literaria cuando hablan de libros y autores como a la política cuando comentan el escenario público, los une la voz inconfundible de Edgardo Cozarinsky.

Edgardo Cozarinsky, escritor y cineasta, nació en Buenos Aires, se mudó a París hace más de treinta años y desde hace diez alterna entre ambas capitales, con preferencia en los últimos años por su c iudad natal. Tras un temprano volumen sobre Henry James, publicó otro sobre la relación de Borges con el cine (Borges y el cine, 1974, y sucesivas reediciones ampliadas), así como los ensayos reunidos en El pase del testigo (2001). En 1973 compartió con José Bianco el premio de ensayo de La Nación, con "El relato indefendible", núcleo desarrollado en su reciente Museo del chisme (2005). Los relatos de La novia de Odessa (2001) y las novelas El rufián moldavo (2004) y Maniobras nocturnas (2007) han sido admirados, por su concisión narrativa y la fuerza de la imaginación novelesca, en todos los idiomas en que han aparecido: Allan Massie comparó al autor con Chéjov al leer la traducción inglesa; Alberto Manguel con Joseph Roth, ante la versión en francés.



Tanizaki
Elogio de la sombra
de Tanizaki
384
págs
(Impedimenta)

Elogio de la sombra
            Condillac escribe a finales de 1700, un tratado sobre las percepciones. Propone desde ya, muchísimas cosas. Pero una proposición medular podría ser esta: “por más bajo que volemos, porque más alto que lleguemos, nunca saldremos de nuestras percepciones”.
            El libro de Tanizaki, escrito en 1933, es una reflexión estética sobre el confort. Sobre lo que debía ocurrir, es decir, la apertura hacia accidente, pero no lo hace desde Estados Unidos, sino desde oriente. Y si bien tiene el enfoque en la arquitectura, un dibujante lo puede tomar como sobre el dibujo, un escritor, como literatura, un cineasta como sobre cine.
Ya sé que todo esto son sólo imaginaciones de novelista, y es evidente que llegados a este punto ya no se puede dar marcha atrás y rehacerlo todo. Así que todo lo que estoy diciendo no es sino desear lo imposible y prorrumpir en vanas recriminaciones; pero dejando de lado cualquier tipo de acritud, creo que es lícito que nos preguntemos sobre ello e intentemos determinar en qué medida estamos en desventaja respecto a los occidentales. En una palabra, Occidente ha seguido su vía natural para negar su situación actual; pero nosotros, colocados ante una civilización más avanzada, no hemos tenido más remedio que introducirla en nuestras vidas y, de rechazo, nos hemos visto obligados a bifurcarnos en una dirección diferente a la que seguíamos desde hace milenios: creo que muchas molestias y muchas contrariedades proceden de esto.
            En el eje del libro, claro está, el elogio de la sombra. La contraposición del occidente y su postulación a favor de la luz, y la decisión de que la sombra esté ligada lo negativo. Oriente resalta la belleza de la sombra, contrapone ciertas comodidades entrelazadas con lo arquitectónico, se sumerge en el mundo en que las luces y las sombras son parte de lo mismo.
Porque una laca decorada con oro molido no está hecha para ser vista de una sola vez en un lugar iluminado, sino para ser adivinada en algún lugar oscuro, en medio de una luz difusa que por instantes va revelando uno u otro detalle, de tal manera que la mayor parte de su suntuoso decorado, constantemente oculto en la sombra, suscita resonancias inexpresables.
El hombre cultural y hombre biológico. Los orientales siempre han pensado y repensado desde la doble perspectiva, cualquier realidad. El hombre biológico necesita, y el cultural responde a esa necesidad con los valores establecidos. Así occidente venera la luz, y oriente piensa en las sombras no como contrapartida, sino en conjunto; las contrapone, las une, las mezcla, formando una escalera cromática. La diferencia está, como en la poesía, en quien mira.
Utilizamos los mismos aparatos, los mismos reveladores químicos, las mismas películas; suponiendo que hubiéramos elaborado una técnica fotográfica totalmente nuestra podríamos preguntarnos si no se habría adaptado mejor a nuestro color de piel, a nuestro aspecto, a nuestro clima, a nuestras costumbres.

Hernán A. Isnardi
 

Mesnard
Testimonio en Resistencia
por Philippe Mesnard
476 págs
(Waldhuter)

Testimonio en Resistencia

            A veces, la única forma en que se puede pensar un tema, es literariamente. Porque hay una distancia imposible de recorrer: la experiencia.
            Todas las explicaciones son fáciles porque son falsas.
            Boris Pahor, el escritor sobreviviente al campo de concentración de Natzweiler-Struthof, dice que las cosas más terribles las recordó escribiendo. “Contarlo en voz alta era imposible. No tenía sentido porque el que no pasó por esa experiencia no lo puede comprender. Tal vez por eso muchos sobrevivientes luego se suicidaron. Lo más terrible de la vida en el lager no era el frío ni el hambre sino habituarse al horror”.
            Primo Levi dice (y ya estoy citando el trabajo preliminar de Daniel Feierstein, que precede al notable libro de Philippe Mesnard): “Lo repito, no somos nosotros, los sobrevivientes, los verdaderos testigos. Los que hemos sobrevivido somos una minoría anómala, además de exigua: somos aquellos que por sus prevaricaciones, o sus habilidades, o suerte, no han tocado fondo. Quien lo ha hecho, no ha vuelto para contarlo o ha vuelto mudo. Son ellos, los testigos integrales, aquellos cuya declaración habría podido tener un significado general”. Estamos ante la macabra paradoja. Sólo el asesinado es el verdadero testigo, pero su condición de asesinado, es la que lo priva de testimoniar. Nunca hubo ni habrá. Por eso las explicaciones son fáciles porque son falsas. Entonces, ¿por qué la gran cantidad de textos que buscan testimoniar?

            “Philippe Mesnard estudia las diferentes formas de expresión movilizadas por testigos, escritores y artistas. Establece cuatro configuraciones testimoniales: la escritura realista que se supone transparente (por ejemplo, las de Vassili Grossman, David Rousset, entre otros), la escritura “trascendente”, que transpone la realidad a un escenario simbólico (como en El último justo de André Schwartz-Bart o La vida es bella de Roberto Benigni), la “configuración crítica”, que le da su lugar al vacío y a la pérdida (por ejemplo, en Imre Kertész, Robert Antelme o Claude Lanzmann), y la escritura “pática”, emocional, que fuerza el relato para que surja su extrema violencia. Estas escrituras varían según los autores, los momentos y los contextos de su producción: cada una de ellas ajusta, entre la distancia y la proximidad, su relación con la catástrofe. Pero todas utilizan los recursos de la cultura contra aquello que la destruyó, al tiempo que destruía al hombre.”
Por Hernán A. Isnardi

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Osamu Dazai
Ocho Escenas
de Tokio

de Osamu Dazai
158 págs.
(Sajalin)

Ocho Escenas de Tokio

Ocho escenas de Tokio reúne, por primera vez en castellano, nueve relatos de uno de los escritores con más talento de la literatura nipona del siglo XX. Muy apreciado entre la juventud japonesa, Dazai goza en la actualidad de un reconocimiento equiparable al de ilustres compatriotas suyos como Soseki, Mishima y Kawabata. Aunque más conocido en Occidente por las dos novelas que publicó tras la Segunda Guerra Mundial ―Indigno de ser humano y El ocaso―, Osamu Dazai mostró a lo largo de toda su vida predilección por el género breve. En sus relatos están presentes tanto el nihilismo como los demonios interiores que acecharon al escritor durante su corta vida, pero también encontramos un particular sentido del humor. Escritos entre 1933 y 1948, año en que Dazai se quitó la vida junto a su amante, los relatos aquí reunidos, a veces mordaces y sarcásticos, otras veces introspectivos y poéticos, nos ofrecen un retrato completo de un escritor avanzado a su tiempo y dotado de una sensibilidad poco común.

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sassi
Donde ya no brillan las hogueras
de Raúl Sassi
124
págs
(La Máquina del Tiempo)

Donde ya no brillan las hogueras
            No voy a hablar de los cuentos individualmente, sino que les contaré algunas particularidades de la literatura de Raúl. Esa será la invitación a leer, y a descubrir.
            El Templo de Horus tiene una inmensa columna casi tan grande como la del de Karnak; hay en el interior una escalera casi imperceptible que conduce a la parte superior. En los textos de Sassi, las historias a veces están disimuladas entre cosas que pueden parecer banales o cotidianas. Pero el lector, subiendo la escalera, se da cuenta de que todo aquello que parecía superficial, estaba en realidad constituyendo una intriga profunda.
            En la novela El último encuentro, Sandor Marai estructura la historia en base a una pregunta. Alguien debe preguntar a un viejo amigo al que hace 40 años que no ve, algo que no sabemos. Ahí la tensión. Esa es una forma de esconder una historia. Un poco a la vista, como la Carta Robada de Edgar Poe. Sabemos que hay una pregunta, y a medida que la novela transcurre, uno cree saber cuál es; pero al paso siguiente sabemos que no era, y otra supuesta pregunta toma su lugar.
            Raúl Sassi pendula en algunos cuentos, entre este tipo de tensiones, y otra más interesante aún. Una en la que no sabemos siquiera que hay una pregunta. Ignorar no sólo lo que no sabemos, sino hasta la sospecha de que no sabemos. Va descubriéndose despacio, y a veces ni siquiera eso, se tropieza al final con una resolución que no estaba sugerida. Al tener esta facultad, es decir, la de esconder bien la historia, necesariamente los tiempos de narración deben estar bien.
            Noté en la cabeza de Sassi rigor matemático, cierta relación con la precisión. No estoy hablando de fórmulas matemáticas para escribir, nada de eso. Hablo de otra cosa. Del equilibrio y el orden. Para escribir bien hay que pensar bien.
            El clima. Hay una tendencia en personas que presumen ser intelectuales, a despreciar las conversaciones que uno puede tener sobre el clima. Si llueve o no, si hay sol o si no. Sin embargo es ahí, en ese momento, cuando somos correspondidos, atendidos, y en general estamos de acuerdo. Cuando uno habla de los climas en la literatura, claramente se refiere a otra cosa. No obstante, hay una analogía. Porque el clima es algo que todos sentimos a una misma vez. Y salvo raras excepciones, lo sentimos de un modo similar. Si dos lectores de Sassi se encontraran a charlar (acá, por ejemplo), sobre un cuento que trata de una traición, aunque no estuvieran de acuerdo en el valor ético de un personaje u otro, sin lugar a dudas estarán de acuerdo que más allá de esas apreciaciones personales, el clima del cuento tenía un peso nostálgico, cierta opresión.
             A veces, entonces, aparece cierto clima, luego un enigma (que puede develarse o no), y una historia escondida.
            Otros cuentos son circulares, hay un cuento dentro de un cuento, y una historia dentro de la vida de los personajes.    
            Flannery O'connor escribió cierta vez que: “Un cuento es una acción dramática completa, y en los buenos cuentos, los personajes se muestran por medio de la acción, y la acción es controlada por medio de los personajes”. Raúl, que es un escritor completo, porque es un lector completo (se puede dar que uno pueda ser buen lector pero mal escritor, pero todo buen escritor, debe necesariamente ser buen lector), juega entre historias lineales, concretas, sencillas, apoyadas en lo narrativo y en la puntuación, que es lo que le da mayor fluidez.
           
            A veces juega con la simplicidad. Simple en el mejor de los sentidos: el resultado y el cómo. No olvidar el pilar, y la escalera. Un reloj es una maquinaria simple. Pero precisa. Tiene la precisión del espejo. En esos cuentos hay espejos. Porque para llegar por medio de un espejo al infinito, solo hay que enfrentarlo a otro. Repeticiones de la misma visión.
            Respecto a los diálogos, son breves y precisos. Como dice en la contratapa, Raúl está convencido de que la efectividad guarda relación con la extensión, y así lo ha llevado a cabo. Además de la claridad y la brevedad, hacen falta otras cosas para que el diálogo sea efectivo. Hay que manejar bien el registro de los personajes: deben ser creíbles, tener matices contrastantes y ser sutiles entre ellos. En algunas narraciones hay personajes muy interesantes, mezclas de atorrantes y cultos, hay algunos con registro cómico (cosa no tan fácil). Los textos de Sassi, además, son muy visuales.
             Hay quienes creen que un cuento sencillo de leer, es un cuento sencillo de escribir. No es así. Sobre todo si el que escribe no se conforma con lo que maneja, sino que sale al mundo, o entra en la literatura para seguir buscando respuestas. Porque hay temas que sólo pueden pensarse desde la literatura. Se puede, desde ya, escribir cualquier cosa en cinco minutos. Sobran ejemplos. Pero antes, durante, o después, lleva tiempo. O pensarlo, o procesarlo, o escribirlo, o corregirlo.

            Hemos hablado muchas veces entre nosotros de argumentos, de personajes, de palabras. Compartimos obsesiones, pasiones y desencuentros. Porque la mirada personal nos acerca. La preocupación por el lenguaje, que nos lleva inexorablemente a que las sensaciones, las tensiones, las situaciones y el conjunto que conforman, tenga fundamentalmente, un fondo.
                El cuento que les contaba al comenzar estas palabras, el que da título al libro, termina de este modo: “Pero esa mañana buscábamos almejas y, arrodillados sobre la arena, a veces nuestras manos se rozaban entre el barro, y todo estaba bien, porque eso era todo. Contactos ciegos. Una búsqueda en silencio. Y las almejas brillaban como topacios. Y yo brillo como un topacio. Porque yo también estoy de este lado, bien oculto entre estas valvas oscuras que por dentro son tan blancas, cavando siempre hacia abajo, hacia el fondo de estas catacumbas húmedas donde ya no brillan las hogueras”.
            Lo mejor que se puede decir de la obra de Raúl, lo dijo él, escribiendo este libro.



de mi biblioteca...

Lydia Davis
Cuentos Completos
por Lydia Davis
752 págs

(Seix Barral)


Cuentos Completos

«Una obra única en la literatura americana que será considerada dentro de un tiempo como una de las mayores y más insólitas contribuciones a las letras norteamericanas»
JAMES WOOD
The New Yorker


Lydia Davis ha sido calificada como «una virtuosa del relato» (Salon) y «uno de los gigantes silenciosos de la ficción norteamericana»
(Los Angeles Times Book Review).
Pese a estar considerada una de las maestras del género, su obra es prácticamente inédita en España. Esta edición de sus cuentos completos reúne desde el innovador volumen Break It Down (1986) hasta el finalista del National Book Awarad Varieties of Disturban ce (2007). La publicación de estos cuentos completos será sin duda un evento literario en nuestro país.
«Aguda, hábil, irónica, subestimada y sorprendente»
JOYCE CAROL OATES.
«Pocos escritores de la actualidad hacen que las palabras escritas sean tan importantes»
JONATHAN FRANZEN.



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