Recomendamos nº 52

La Muerte de Dios - Liliana Heker
La Muerte de Dios
de Liliana Heker
208 págs
(Alfaguara)

La Muerte de Dios
Más que una recomendación, esto es un agradecimiento a Liliana Heker, que no teniendo más nada que probar, y luego de muchos años sin editar, ha sacado el que creo, es su mejor libro de cuentos. Castillo decía semanas atrás en el homenaje a los 50 años de su libro Las Otras Puertas, que llega un momento en la vida de un escritor —que acaso haya ya escrito su mejor obra—, que para seguir con la obra propia, tiene que tener una humildad muy grande, y seguir escribiendo sin saber qué libro se hará. Este, creo, es el mejor de Heker. Y sin dudas de lo mejor de la cuentística argentina que se ha publicado en muchos años.
Me reconcilió con la literatura, porque en la actualidad pocos autores ofrecen un fondo, pocos se preguntan qué es la literatura, y muchos, cuántos libros deberían sacar.

En este nuevo libro de cuentos, Liliana Heker nos habla del extraño vínculo que mantiene con Dios una chica cerebral y apasionada; de la visita imprevista que recibe una mujer que aún espera al amor de su vida; de cómo la ceremonia de premiación de un concurso pueblerino puede devenir en pesadilla; de las sorpresas que a veces depara una glamorosa reunión en Toronto; de los inconvenientes que provoca en una señora bien educada el fantasma de la inseguridad; del paseo en familia de una pareja que acaba de separarse; de las vicisitudes de una mujer que, persiguiendo la esencia de la juventud, regresa a la casa de su adolescencia.
Con ganas de comerse el mundo y abiertos a lo imprevisible, los protagonistas de estos relatos no quieren dejar escapar ni una gota de la copa de la vida. Compelidos a probar, insistir, revisar o volver a empezar, no dudan en interrogarse hasta la impiedad aunque eso signifique echar por tierra cada una de las certezas que los acompañaban: se trate de Dios, los papeles establecidos o el reconocimiento.
Liliana Heker ocupa un lugar privilegiado entre los narradores argentinos. Los relatos de La muerte de Dios prueban una vez más su maestría para construir personajes que persiguen el corazón de las cosas y están convencidos de que la voluntad es el primer instrumento del deseo.

Silvia Hopenhayn
Elecciones primarias
de Silvia Hopenhayn
168 págs
(Alfaguara)

Elecciones primarias
Hablaba más arriba, sobre el libro de Liliana Heker, sobre la poca resistencia de la literatura actual a las preguntas, a ensayar respuestas, a intentar escuchar en las historias que queremos narrar una voz nueva, diferente, y aparece también, sacada de la galera, esta novela de Silvia Hopenhayn. Está llena, además, de todo lo que les falta al resto. Hay una narración diferente, un personaje (una niña) inteligente, complejo, y hay sobre todo, un trabajo de escritura notable. Silvia ha trabajado el lenguaje directamente sobre la voz de la personaje —lenguaje y puntuación—. Y eso inside en el resultado final del libro. Otra celebración, y van dos.

Quien cuenta es, al mismo tiempo, la mujer adulta del presente y la chica que va a la escuela primaria en la Buenos Aires de los años setenta, en medio de los temblores de la vida diaria, la agitación política, las bombas y las desapariciones, y donde también hay lugar para entusiasmos, descubrimientos y deseos. Esa narradora escribe sin pausas, para que nada nuevo se adhiera a los viejos recuerdos, pero también sin benevolencia y sin pruritos: lo más lejos posible de la pretenciosa sensatez adulta.
Con inusual pericia, Silvia Hopenhayn ha escrito una novela distinta, en la que las palabras caen en la página como piedras en un estanque: rotundas, inapelables. Y sale ganadora de un doble desafío: contar los años de la primera escuela como el territorio escarpadoen el que imprevistamente se alzan un escollo o una amenaza; y hacerlo por el surco de la memoria, esa guía capaz de mostrarnos la infancia como en un espejo, para que advirtamos cuánto seguimos pareciéndonos a nosotros mismos.
“Es la feroz inocencia de la infancia en todo su desparpajo, su lucidez indómita, puesta a dibujar el deslumbramiento del mundo que es la escuela. O viceversa, la escuela como mundo. Se trata de una ascensión: de segundo a séptimo, grados que son gradas en el camino de aprendizaje.”
Luisa Valenzuela
“¿Fue Degas el que dijo que había que hacer un cuadro como quien comete un crimen? ¿Y una novela? ¿Una novela cómo se hace? En este libro admirable se eligen cada una de las prendas, cada una de las víctimas, cada una de las circunstancias, cada uno de los candidatos diurnos (en calidad de resto) para perpetrar en la noche oscura de la memoria esta ceremonia preciosa.”
Luis Chitarroni
“Silvia Hopenhayn genera formas inéditas de acceder al cuerpo del lenguaje desde el erotismo y el humor de los años tiernos.” Liliana Heer
“Las buenas novelas lo logran: captan una voz y, con ella, plasman un mundo entero. Si esa voz es la de una niña, como en Elecciones primarias, y el mundo plasmado es el de la infancia, el resultado es este prodigio de curiosidad y timidez, de miedos y de deseos que se entreveran.”
Martín Kohan

Des Forets
Paso a paso
hasta el último

de Louis-René des Forêts

128 págs
(El Cuenco de Plata)

Paso a paso hasta el último
"¿Tiene sentido hablar de la proximidad de la muerte? No está allí donde se cree oírla rondando alrededor de uno, ni más lejos de adonde uno pospone dirigirse: su gran fuerza consiste en no estar en ninguna parte, excepto en la cabeza de aquellos a quienes obsesiona y que no la verán nunca", anota Louis-René des Forêts (1918-2000) en Paso a paso hasta el último , brevísimo y conmovedor cuaderno póstumo en el que el autor francés indaga la extinción concentrándose en una paradoja: que la muerte (como la escritura) no está en ninguna parte porque está en todas.
Escritor que hizo de la escasa visibilidad y de la publicación a cuentagotas una cuestión de método, Des Forêts permitió que su literatura siempre oscilara sobre el precipicio que separa el lenguaje y lo inasible de las experiencias. En El charlatán (1946), su segundo libro, ese conflicto era el motor interno del relato. La voz narradora se dedicaba con conocimiento de causa a la tarea de mentir y reconocer que mentía y se volvía, a medida que transcurría el relato, más indeterminada y escurridiza. En los notables relatos de La habitación de los niños (publicado originariamente en 1960 y que El Cuenco de Plata dio a conocer años atrás en español), esa opacidad encontraba soberbias modulaciones que no le debían nada a la pirotecnia posmoderna.
En Paso a paso... , Des Forêts es consecuente y frente a la certeza de la muerte se dedica a escribir. No busca la trivial sabiduría del aforismo, sino el palabrerío, esa forma bastarda del habla. Se entrega a la dilapidación de energía como si de algún modo la muerte precediera al silencio definitivo de la voz: "Si esta profusión verbal tiene un sentido, consiste en atenuar el tormento de estar llegando al final, en que incluso un disparate charlatán parece preferible al no-decir " A partir de allí, solo queda hundirse, contra viento y marea, "en el inextricable pantano de las frases ".
Hervé Guibert y William Gaddis (este último de manera contemporánea a Des Forêts) ya habían utilizado la escritura como compás de espera de la muerte. Pero hay algo que difiere de esos proyectos en esta "obra informe de construcciones tambaleantes, de andamios en su mayoría inutilizados". La escritura reflexiona y se desliza con distanciamiento, casi siempre a través de la tercera persona, el único modo de imponer el necesario "desconocimiento de nuestra singularidad". Acepta la desprolijidad de una prosa que corre y balbucea, que no aspira a representar el papel de "una comedia edificante". A medida que Des Forêts discurre por ese itinerario inmóvil, las marcas de la decadencia física se dejan entrever y adelantan lo inexorable.
Paso a paso hasta el último es un conmovedora elegía sobre la extinción, más conmovedor aún porque lo escrito conserva, como si esa y no el sentido fuera su finalidad última, las marcas del tiempo real en que se lo produjo. El lenguaje no es confiable, es apenas un residuo, y la última despedida debería incitar la hilaridad, pero quien escribe no tiene fuerzas ni ánimo para dejarla actuar. Maravilloso grado cero de la prosa, desesperado ejercicio que se abriga bajo un gesto frío, este libro final, definitivamente final, del irremplazable Des Forêts ejemplifica como ningún otro la utopía del último escritor que en su momento imaginó Maurice Blanchot: él es


Historia de la nada - Sergio Givone
Historia de la nada
de Sergio givone
294 págs.
(Adriana Hidalgo)

Historia de la nada
Casi trescientas páginas sobre la nada podrían sorprender a quienes crean que de asunto tan vacío no podría escribirse más que el título. Pero lo cierto es que el tema tiene más sustancia de lo que se podría esperar. El filósofo italiano Sergio Givone aclara, a poco de empezar, que no es una historia del nihilismo, sino del mismo concepto de nada. O mejor, dice, se trata de una contra-historia, en el sentido que no es la historia de la nada en tanto concepto opuesto al de ser. Es la historia de la nada “como principio que convierte al ser en libertad, a medida que lo desliga del principio de razón y lo expone no sólo a poder ser de otro modo sino a poder no ser”. Las casi trescientas páginas se dedican, entonces, al análisis de los momentos, discontinuos, aislados entre sí, en que los hombres se atrevieron a contemplar con decisión la posibilidad de la no existencia, de la alteridad absoluta, de la contingencia radical. Esos momentos en que la nada, o más bien la amenaza de la nada (que todo se transforme en nada, que el sentido de las cosas desaparezca, que el orden de las cosas se disuelva) adquiere una actualidad casi dolorosa.
Givone señala que el tema de la tragedia griega es justamente éste. En la tragedia, la culpa vincula a los agonistas a todo lo que existe, amenazado por la nada. O en términos más corrientes, amenazado por el caos y la disolución de la Ley. La filosofía de Platón puede ser leída como una respuesta, incorporando el concepto de no-ser en el sistema, y rompiendo con el monismo absoluto de Parménides. La temática es encontrada de nuevo en el misticismo y el neoplatonismo, El Apocalipsis (la revelación) es revelación de la nada. “La nada en que Dios precipita su creación y su propia obra redentora... pero también la nada como el único fondo a partir del cual la salvación es posible”. El conocido pasaje que anuncia que la verdad nos hará libres, no se refiere, desde el punto de vista de Givone, tanto a la libertad dada por un mayor conocimiento de las cosas, sino por el descubrimiento de la contingencia radical de las cosas. Por lo tanto, del mismo principio de razón.
De otras formas, el tema aparece, transformado pero siempre irresoluble, en los pensamientos de Pascal y en los grabados de Durero, en los poetas del romanticismo y la filosofía de Sartre y Heidegger. Sin embargo, lo que Historia de la nada pretende descubrir en el relato de estos momentos, cuando la amenaza de la nada se hace visible, es que allí se abre la posibilidad de una ontología de la libertad, opuesta a la ontología del ser y la necesidad. Pero que a la vez se aparta del nihilismo, al menos en su versión más edulcorada: la que proclamando la desaparición de sentido, termina siendo una justificación cínica de la arbitrariedad.

H.T.

Jean Echenoz
Un año
de Jean Echenoz
80 págs
(MarDulce)

Un año
Una magistral novela sobre el vagabundeo, la errancia y la caída social, hasta ahora inédita en castellano. En la tradición del nouveau-roman y el cine negro, llena de ironía sutil y una precisión obsesiva. Un largo plano secuencia de doce meses.

Victoire, una mujer joven y bella, una mañana descubre muerto a su amigo Félix. En su cama, a su lado. Sin saber bien qué pasó, abandona de golpe París hacia las playas del sudoeste. Luego la roban, se queda sin dinero, debe dejar el hotel, y comienza un lento descenso hacia la pobreza extrema. Convertida en mendiga, en ladrona de poca monta, camina casi al azar, de aventura en aventura, hasta perderse en un mundo que ya no es suyo.

El Novelista ingenuo y el sentimental = Pamuk
El novelista ingenuo
y el sentimental

por Orhan Pamuk
160 págs
(Sudamericana)

El novelista ingenuo y el sentimental
¿Qué pasa en nuestro interior cuando leemos una novela? ¿Cómo puede una novela crear ese efecto único, tan distinto del producido por la pintura, el cine o la poesía? En este libro inspirador y sumamente personal, Pamuk nos lleva de la mano a los mundos del escritor y del lector, poniendo de manifiesto las íntimas conexiones entre ambos. Pamuk recurre a la famosa distinción de Friedrich Schiller entre poetas «ingenuos» (los que escriben con espontaneidad, serenidad y naturalidad) y poetas «sentimentales» (reflexivos, emotivos, inquisidores y sensibles al artificio de la palabra escrita). Remontándose a las novelas de su adolescencia y deteniéndose en las obras de Tolstói, Dostoievski, Stendhal, Flaubert, Proust, Mann y Naipaul, Pamuk explora la oscilación entre lo ingenuo y lo reflexivo, así como la búsqueda del equilibrio que se encuentra en el corazón mismo del oficio de todo novelista. En 2009, Orhan Pamuk estuvo a cargo del seminario Charles Eliot Norton en la Universidad de Harvard, una serie de conferencias públicas que dio comienzo en 1925 para estimular la comprensión de la poesía «en el sentido más amplio». Este libro reúne las seis conferencias que escribió para tal ocasión. Cualquiera que haya tenido el placer de sumergirse en una novela disfrutará y aprenderá de esta intensa obra del premio Nobel de Literatura 2006.
Orhan Pamuk nació en Estambul, Turquía, en 1952. Premio Nobel de Literatura 2006, realizó estudios de arquitectura y periodismo, y ha pasado largas temporadas en Estados Unidos, en las universidades de Iowa y Columbia. Es autor de las novelas: La casa del silencio (Debolsillo 2006), El castillo blanco (Literatura Mondadori 2007), El libro negro (Debolsillo 2008), La vida nueva (Debolsillo, 2009), Me llamo Rojo (Debolsillo, 2009) y Nieve (Debolsillo, 2011), así como de los libros de prosa Estambul. Ciudad y recuerdos (Literatura Mondadori 2006) y La maleta de mi padre (Literatura Mondadori 2007) y la colección de ensayos Otros colores (Literatura Mondadori, 2008). Su éxito mundial se desencadenó a partir de los elogios que John Updike dedicó a la novela El castillo blanco. Desde entonces ha obtenido numerosos reconocimientos internacionales: el premio al Mejor Libro Extranjero en Francia, el premio Grinzane Cavour en Italia y el premio internacional IMPAC de Irlanda, los tres por Me llamo Rojo. En 2005 recibió el Premio de la Paz de los libreros alemanes. Con la publicación de Nieve, novela por la que en 2006 fue galardonado con el Prix Médicis Étranger, Orhan Pamuk pasó a ser objetivo predilecto de los ataques de la prensa nacionalista turca. Tras obtener el premio Nobel de Literatura en 2006 su proyección internacional se consolidó definitivamente, y sus libros han sido traducidos a más de cuarenta idiomas.


El Maestro de Petersburgo - Coetzee
El Maestro de Petersburgo
de J. M. Coetzee
272
págs
(DeBolsillo)

El Maestro de Petersburgo
Un novelista ruso exiliado regresa a San Petersburgo para conocer las circunstancias que rodean la muerte de su hijastro Pavel. Obsesivamente asediado por el recuerdo, se ve inmerso en la violencia revolucionaria de 1869. J. M. Coetzee recrea la figura de Fiódor Dostoievski, el gran novelista del siglo XIX, en una obra de ficción que es a la vez un apasionante relato de misterio y un documentado retrato psicológico.
Así comienza la novela:
Octubre, 1869.
Un droshky baja lentamente por una de las calles del barrio del mercado de San Petersburgo.
Frente a un alto edificio de viviendas, el cochero tira de las riendas del caballo. El pasajero mira el edificio con ojos dubitativos.
–¿Está seguro de que es aquí? –pregunta.
–Calle Svechnoi, 63. Es lo que usted me ha dicho.
El pasajero baja del coche. Es un hombre de mediana edad, aunque ya ronde cerca de la vejez: lleva barba y va cargado de espaldas, tiene la frente despejada y unas cejas muy pobladas, que le dan un aire sobrio, absorto y ensimismado. Viste un traje oscuro, de un corte algo pasado de moda.
–Espéreme ahí mismo –indica al cochero.
Bajo las fachadas desconchadas y agrietadas, las casas del barrio del mercado todavía conservan algo de su elegancia original, aunque a estas alturas la mayor parte se han convertido en pensiones para funcionarios, estudiantes y obreros. En los intersticios que separan un edificio de otro, aprovechando a veces las medianeras, se han erigido temblequeantes estructuras de tablones, de dos y a veces hasta tres plantas, que son madrigueras de cuartos y alcobas, hogar de los más pobres.
El número 63, uno de los edificios más viejos, está flanqueado a ambos lados por estructuras de esa clase.
En efecto, una telaraña de vigas y puntales atraviesa la fachada a media altura, y le da un aspecto de confinamiento. Los pájaros han anidado en los recovecos de los refuerzos y sus excrementos ensucian la fachada. Unos niños que han estado trepando por los puntales para lanzar desde allí pedradas a los charcos, y que luego saltaban para recuperar los proyectiles, hacen un alto en sus juegos para examinar al recién llegado. Los tres más pequeños son chicos. La cuarta, que parece ser la cabecilla, es una niña de cabellos rubios y ojos llamativamente oscuros.

Franco Rella
Desde el exilio
de Franco Rella
160 págs.
(La Cebra)

Desde el exilio
Desde el Cratilo de Platón, las preguntas sobre el ser del lenguaje y sobre la relación del lenguaje con el ser han inquietado a innumerables filósofos. A tal punto que no sería descabellado pensar que la lista de quienes no han incursionado en el tema es más breve que la de quienes sí lo han hecho. Menos habitual es encontrar trabajos que se ocupen de la relación entre el lenguaje y la nada. Precisamente esto es lo que hace el filósofo italiano Franco Rella en su libro Desde el exilio. La creación artística como testimonio . En trabajos anteriores como El silencio y las palabras , Rella ya había mostrado que el territorio en el que se encuentra más a gusto es la frontera. Como si hubiera algún tipo de verdad que sólo pudiera entreverse en el punto límite, aquél en el que se hace manifiesta la amenaza de la disolución. En su nuevo texto, la frontera a explorar es la de la escritura. Sus compañeros de viaje son autores que han sostenido con su propia vida que "escribir es buscar una relación con el mundo, y no simplemente comunicar algo, sean hechos o pensamiento": Kafka, Baudelaire, Proust, Flaubert, Benjamin, Valéry, Simenon, Nietzsche, Rimbaud, entre otros. Se trata de auténticos "testigos de las tinieblas", que han sido violentados por experiencias inefables que los obligaron a sucumbir en el infructuoso intento de expresarlas. Escritores que han sostenido que "lo imposible es aquello que únicamente vale la pena pensar, aquello a lo que únicamente vale la pena tender". La relación de la escritura con la nada es, en estos autores, intensa y compleja. Por un lado, se presenta como una red que parece brindar la posibilidad de atravesar el vacío sin convertirse en su presa. Escribir sería una suerte de antídoto que permitiría mantenerse a salvo de este lado de la frontera. Pero, al mismo tiempo -y tal como lo percibe Flaubert-, la propia red-escritura está tejida con la materia de la nada. Por ello, "esta misma red que parecía contener la vida desnuda como una especie de terrible bordado es la que nos precipita en la vida desnuda". La desnudez, el exilio, el horror son otros nombres para la nada que asedia a la palabra. El mayor ejemplo de esta situación es, para Rella, Auschwitz. No hay manera de explicar cómo fue posible; no hay palabras que ayuden a entender lo que allí sucedió. Sin embargo, tampoco el silencio conforma. Se hace necesaria la palabra del testigo, el testimonio impotente de quien haya visto lo que nadie pudo imaginar y que, queriendo callar, no pueda evitar decir. Escrito con una prosa que en ningún momento desentona con la de los autores trabajados, Desde el exilio interna al lector en el corazón de las tinieblas. No obstante, está muy lejos de ser un texto desesperanzador. El propio Rella se encarga de señalar en los últimos párrafos que escribir, "buscar una historia, significa trabajar pacientemente en los confines para transformarlos en tránsitos y en pasajes: en umbrales". Detrás del último confín alcanzado se deja intuir siempre un nuevo horizonte que invita a continuar el derrotero.
Gustavo Santiago

Robbe-Grillet
Por una nueva novela
de Alain Robbe-Grillet
192 págs.
(Cactus)

Por una nueva novela
No fue una corriente literaria, sino más bien un movimiento de las cosas, una tendencia de lo real. La reunión tácita de una generación de novelistas tan dispares fue aquel sustrato común, impersonal: la experimentación de nuevas formas de escritura. Para el escritor ya no se trataba de ser fiel, veraz, en relación a un mundo más allá, o de ser su expresión. Se trataba de crear el mundo, de inventarlo. Develar las formas implícitas de una materia, en este caso la escritura, como el tallador que sigue las vetas de la madera.
Estos escritos de Robbe-Grillet, que van de 1953 a 1963, tratan de pensar en este meollo experimental, vivo, las condiciones en que se despliega la Nueva Novela; la que ya vivía en Proust, Joyce, Kafka y Flaubert, y que luego encontramos en Beckett, Roussel, Bousquet, y otros.
Este movimiento deshace toda una tradición que va de Balzac a Sartre, en la que reinaban el personaje, la historia, la metáfora, sostenidos en una visión naturalista, humanista y trágica. De la novela burguesa, aquella que expresaba la Edad del Hombre, su dominio en el mundo, a la novela del compromiso (del arte) con la Revolución, frente a la cual Robbe-Grillet reafirma que el único compromiso del escritor es con las propias mutaciones de su arte, de su práctica.
En la Nueva Novela el hombre sigue existiendo, pero ya no puede asir las cosas, se le escapan. Su acción no le concierne del todo. Los objetos ya no le pertenecen, no hablan de él ni le hablan. Y a menudo el escritor moderno no tiene mucho para decir y no sabe muy bien cómo decirlo. Describe lo que ve, y eso es todo, y la descripción ya no es el marco para un contenido anecdótico, sino el movimiento mismo de la escritura. Los objetos y los seres están ahí, y es esa presencia la única verdad del relato. De allí que el lector sufra continuas decepciones. Pero como señala Robbe-Grillet: Si al lector le cuesta a veces trabajo orientarse en la novela moderna, también se pierde a veces en el propio mundo en el que vive, cuando todo alrededor suyo cede, viejas construcciones y viejas normas.
Mutaciones que son las nuestras. Esta falta de orientación y este suelo que cede es nuestro hábitat, nuestro presente. Y hoy, como siempre, hay refugio e intemperie. El problema, como alguien decía, es que afuera de la casa hace frío.
María del Carmen Rodríguez

Le Clezio
Revoluciones
de J.M.G. Le Clezio
606 págs.
(Adriana Hidalgo)

Revoluciones
Inédita hasta ahora en lengua castellana, Revoluciones es la novela más ambiciosa y apasionante del Premio Nobel 2008. Se trata de un tríptico que liga las historias de un joven francés, uno de sus ancestros y una esclava negra, a través de núcleos recurrentes como la concepción de un tiempo cíclico y las revoluciones sociales y políticas.
Recuerdos familiares, pormenores históricos, retazos de cultura africana confluyen para armar una de las mejores novelas de Jean Marie Gustave Le Clézio: Revoluciones. El escritor francés, Premio Nobel de Literatura 2008, propone quizás su trabajo más ambicioso, a través de un tríptico que liga naturalmente diferentes historias. Revoluciones permanecía inédita hasta ahora en castellano.
“El exilio, la búsqueda de una tierra, forman parte de lo primero que me fue dado. Siempre me pareció, como lo ha dicho Flannery O’Connor, que un novelista debe inclinarse a escribir sobre los primeros años de su vida, donde le fue dado lo principal.
J.M.G. Le Clézio

Jean Marie Gustave Le Clézio
Jean-Marie Gustave Le Clézio nació en Niza, Francia, en 1940. Siguió estudios en el Collège littéraire universitaire de esa ciudad y dio clases en los Estados Unidos. Su padre ejerció como cirujano en África a las órdenes de la armada británica. Le Clézio comenzó a escribir a los siete u ocho años y nunca dejó de hacerlo, a pesar de los numerosos viajes que realizó. A los 23 años recibió el prestigioso Premio Renaudot. Publicó más de treinta libros, entre narrativa y ensayos. También realizó traducciones. En su obra se pueden distinguir dos períodos: de 1963 a 1975, sus novelas y ensayos abordan los temas de la locura, el lenguaje y la escritura, con la voluntad de explorar ciertas posibilidades formales y tipográficas, en la línea de otros escritores contemporáneos como Georges Perec o Michel Butor. Entonces adquiere una imagen de escritor innovador y rebelde y cuenta con la admiración de Michel Foucault y Gilles Deleuze, entre otros. A fines de los años setenta comienza a publicar libros de escritura más serena, donde evoca los años de la infancia y los viajes. En 1980 fue el primero en recibir el Premio Paul Morand, otorgado por la Academia Francesa. En 1994 Le Clézio fue elegido como el más grande escritor vivo de la lengua francesa. Y en 2008 fue galardonado con el Premio Nobel de Literatura. Por Adriana Hidalgo ha publicado "El africano", "La música del hambre", "El éxtasis material" y "Revoluciones".

de mi biblioteca...

Sara Cohen
El silencio
de los poetas
Sara Cohen
112
págs
(Biblos)

2002

El silencio de los poetas
Sara Cohen, poeta y médica psicoanalista ,miembro titular didacta de la Asociación Psicoanalítica Argentina, nos propone a través de este ensayo, un recorrido por la obra de Fernando Pessoa, Alejandra Pizarnik, Paul Celan, y Henri Michaux,captando el rasgo singular de cada uno, mediante el proceso por el cual, el silencio, y la imposibilidad para algunos sujetos, deviene obra, Nos hace reflexionar acerca de la escritura como acto creador, abriendo la pregunta respecto de la lengua del escritor. Dice al respecto Gilles Deleuze:”Un gran escritor es siempre un extranjero en la lengua en que se expresa, aún si es su lengua natal”. En el límite toma sus fuerzas de una muda minoría desconocida, que no le pertenece sinó a él. Es un extranjero en su propia lengua. Labra en su lengua, una lengua extranjera no pre-existente. Hace gritar, tartamudear, balbucear, susurrar la lengua en sí misma. En ese puente hacia lo desconocido, ancla el decir poético. Freud, en “La interpretación de los sueños”, dirá:”...aún en los sueños mejor interpretados ,es preciso dejar un lugar en sombras, porque en la interpretación, se observa que de ahí arranca una madeja de pensamientos oníricos que no se dejan desenredar, pero que tampoco han hecho otras contribuciones al contenido del sueño. Ese es el ombligo del sueño, lugar en que él se asienta en lo no conocido. Lo desconocido y lo indecible, son privilegiados para crear formas nuevas. Una vez creado ese discurso poético, se delimita ese vacio, de representación, como el ombligo del sueño. Lo imposible en tanto un real que puede perder el velo del fantasma, se va a hacer presente siempre en mal momento, y como dice Lacan, “...precisamente por ello, lo real en el sujeto, resulta ser lo más cómplice de la pulsión.” “Si la palabra del poeta, logra atesorar tanta verdad , es porque en determinada encrucijada, despojado de todo, inventa una lengua que condensa lo mas refinado con la vociferación más salvaje y ancestral, arrimando al silencio, una palabra que le otorgue existencia. Adentrándonos en la lectura de este ensayo, veremos sus articulaciones en relación a temas como :”Duelo y poesía”, “Pasiones” “Paul Celan” , y “El arte, una exploración” La experiencia estética, no existiría si no se hiciese presente en el acto mismo del goce estético, la dimensión de pérdida. En la melancolía, no se trata de la pérdida, sino de la falta de nominación de la misma. Con respecto a las “Pasiones”, planteará que la escritura aun cuando no se proponga nada, no puede otra cosa que poner tope a la pasión, si esta busca compensar “la- falta- en-ser”, cerrar el vacio, no hay historia factible de ser interrogada, hay arrebato pasional. El “silencio”, interrogar aquello que se resiste a hablar ,es constitutivo de la poesía.. Nadie escribiría poesía, si no es para salir del silencio que lo habita. Henri Michaux , se refirió al acto de escribir, como una manera de tener mejor vida en común con su mal.. “Aunque este agujero sea profundo no tiene ninguna forma. Las palabras no lo encuentran Chapotean alrededor”. Las palabras que chapotean alrededor, van a terminar delimitando una forma, un contorno ,un marco para esa ventana de la nada, para ese agujero profundo, pero a través del trabajo intermitente de una obra, que nunca se concluye, pero queda. Escribir, constituye una actividad, producida a partir de la angustia .siendo el placer que le proporciona. hacer algo con su angustia, lo que deviene producto estético. La poesía, revela lo que le falta a la palabra. El poema es una pregunta sin respuesta ,pero generadora de un hermoso movimiento de búsqueda..



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