Colección de Poemas:
Los mejores versos épicos,
dramáticos y de amor escritos en
lengua castellana a lo largo de la historia

Colección de POEMAS

Compiladores: José Calles Vales
Belén Bermejo Meléndez
(Editorial El Ateneo)

Por Hernán Isnardi


En medio de la decadencia literaria que vivimos, encontrarse con una antología como ésta, permite respirar un poco mejor.
A su vez, comentar esta obra que cuenta con no menos de 90 autores, complica esa tarea ya que para hacer un buen trabajo, éste debería ser tan extenso como la misma obra: calificar a cada uno del casi centenar de autores.
Veremos la división que hacen los compliladores y haremos mención de alguno de los textos y autores.
En la introducción general, hay, a modo de explicación, una suerte de método de selección en el que mucho no creo; no porque la selección no me parezca acertada sino por lo contrario. Las letras castellanas gozan de una historia de excelencia y variedad, lo que ayuda, sin duda, a cualquier tarea de recreación.
La obra se divide en seis períodos. Mediante un breve texto preliminar, los autores de la selección, inician al lector en cada época para luego ofrecerles los extraordinarios textos.

Tiempos:

1.- Poesía Antigua Medieval.
2.- Poesía del Renacimiento.
3.-Poesía Barroca.
4.-Poesía Ilustrada y Prerromántica del Siglo XVIII.
5.-Romanticismo del Siglo XIX.
6.-Poesía del siglo XX.


Poesía Antigua Medieval

La invasión árabe en España dejó, entre tantas maravillas arquitectónicas, ecos de esa poesía oriental.
S. M. Stern, descubrió allá por 1948, las Jarchas Mozárabes: primer conjunto coherente de textos líricos en lengua romance. Éstas interesaron a grandes críticos y ávidos lectores como Dámaso Alonso y Menéndez Pidal, quienes a su vez realizaron versiones diferentes y ricas ambas de aquellas cancioncillas romances. El capítulo de Poesía Antigua Medieval comienza transcribiendo algunos fragmentos.
Luego nos encontramos con Cantar de Mío Cid, fragmentos de Gonzalo de Berceo, Juan Ruiz (Arcipreste de Hita) hasta llegar a Jorge Manrique. Aquí quiero destacar que figura la versión completa de "Coplas por la Muerte de su Padre", más otros poemas. "Recuerde el alma dormida, / avive el seso e despierte / contemplando / cómo se pasa la vida, / cómo se viene la muerte / tan callando".
Le siguen fragmentos del Marqués de Santillana y otros de Juan de Mena. Varios trovadores y cancioneros de poco nombre y mucha poesía. El primer período culmina con unos romances -forma de narración poética fundamental en la lengua madre-.

Poesía del Renacimiento

Este lugar histórico-literario hispano, es uno de los más maravillosos y va desde 1492 hasta el tercer cuarto del siglo XVII. Renace la cultura clásica y la idea del humanismo se forja con fuerza. Se renueva la filosofía y la relectura de los clásicos griegos, reoxigena las letras y las mejora. El desfile comienza con Juan Boscán, Garcilaso de la Vega, Diego Hurtado de Mendoza y la extraordinaria Santa Teresa de Jesús: "Vivo sin vivir en mí / y tan alta vida espero / que muero porque no muero. / Vivo ya fuera de mí, / después que muero de amor, / porque vivo en el Señor, / que me quiso para sí; / cuando el corazón le dí / puso en mí este letrero: / "Que muero porque no muero".
Fray Luis de León es uno de los grandes momentos de la poesía castellana de todos los tiempos. A pesar de su formación clásica, siente gran afecto por el idioma romance. Debo señalar también que su literatura se ocupó menos de las sensaciones que del pensamiento: "Amor casi de un vuelo me ha encumbrado / adonde no llegó ni el pensamiento; / mas toda esta grandeza de contento / me turba, y entristece este cuidado, / que temo que no venga derrocado / al suelo por faltarle fundamento...". No se excedía en el concepto ni forma; siempre el equilibrio. La selección comienza así: "Aquí la envidia y mentira / me tuvieron encerrado. / Dichoso el humilde estado / del sabio que se retira / de aqueste mundo malvado, / y con pobre mesa y casa / en el campo deleitoso / con sólo Dios se compasa / y a solas su vida pasa / ni envidiado ni envidioso."
Fue una de las grandes personalidades de la época en toda Europa. El mismo Borges lo señala como el más grande poeta de las letras castellanas. Los autores nos regalan una buena cantidad de versos de Don Fray Luis.
Seguimos ese imaginario camino romántico y llegamos a Fernando de Herrera, quien a sido más famoso por su colaboración a la obra de Garcilaso que por su literatura. Luis de Ribera y Alonso de Ercilla, nos llevan a Francisco de la Torre, llamado el poeta misterioso del Parnaso Castellano. No se sabe nada de él (se cree que nació en Torrelaguna en 1534) y su poesía nos fue regalada en 1631, por Don Francisco de Quevedo: "Un hombre soy, quien / tiene el cielo tal, / que por dalle mal / le promete bien."
Pasamos por Francisco de Aldana para llegar a la cumbre de la poesía mística española: San Juan de la Cruz. Juan de Yepes y Álvarez era su verdadero nombre; nacido en Ávila allá por el año 1564. La base de su obra fue La Biblia; más precisamente "Cantar de los Cantares". Sobre estos textos, hace sonar su ritmo cansino y apagado, sólo fortalecido por la emoción y las sensaciones. Dios y el Alma dialogan en la noche oscura de las realidades. Ha escrito a la Divinidad: "La noche sosegada / en par de los levantes de la Aurora, / la música callada, / la soledad sonora, / la cena que recrea y enamora." Un prodigio.
Luego de varias páginas de sublime misticismo y lírica, llegamos a Vicente Espinel. De cerca lo escolta Luis de Camôes, Joan Timoneda y otra obligada detención: Miguel de Cervantes. Nada voy a decir de él; todo sería redundante. Compartiré, eso sí, unos versos antes de pasar al barroco: "Es de vidrio la mujer, / pero no se ha de probar / si se puede o no quebrar, porque todo podría ser. // Y es más fácil el quebrarse, / y no es cordura el ponerse / a peligfro de romperse / lo que no puede soldarse..."

Poesía Barroca

Este movimiento nace sobre la base sólida del Renacimiento. Fue, sin embargo, un movimiento afectado mucho por los factores sociales (campañas guerreras en Flandes, Italia y otros países), lo que derrumbó la economía y despobló castilla. Las ciudades principales -Madrid, Toledo, Salamanca, Valladolid, por citar algunas- se vieron saturadas de indigentes en busca de alimento. El arte, una vez más juega un papel importante en épocas malas ya que es una de las pocas posibilidades de diversión del pueblo.
En la retórica Barroca, hubo dos corrientes que coexistieron: El culteranismo y el conceptismo. La característica de ambos era la complicación formal de un texto. El culteranismo integra diversos elementos preciosistas como la metáfora, el hipérbaton y la adjetivación. El conceptismo en cambio, probó suerte con las elipsis, la polisemia, las paradojas y todo elemento aquello que requiriese sutileza e ingenio.
Lupercio Leonardo de Argensola y su hermano Bartolomé Leonardo de Argensola, abren paso en este capítulo -con bellos poemas- al gran Lope de Vega.
Era un fuera de serie, ya que hizo uso de todo género literario existente en su época. Desde obras de teatro (cerca de 1500), hasta las novelas, pasando por Autos Sacramentales, Rimas y Poesía de las más variadas formas. Entre su vida y su escritura, no había mucha distancia.
La selección de algunos sonetos y romances dejará al lector sin la duda sobre la relación entre el exceso de obra y el talento.
De inmediato saltamos a otro gigante: Luis de Góngora. "Mientras por competir con tu cabello, / oro bruñido al sol relumbra en vano, / mientras con menosprecio en medio el llano / mira tu blanca frente el lilio bello..." dice la letrilla satírica de uno de los textos seleccionados. Soledades, es un famoso cuadro del que solamente tenemos dos partes: "Era de el año la estación florida / en que el mentido robador de Europa / -media luna las armas de su frente, / y el Sol, todos los rayos de su pelo-, / luciente honor del cielo, / en campos de zafiro pace estrellas..."
Góngora cultivó una variedad de géneros, siendo la poesía el más importante. Fue el prototipo del barroco. Comenzó como un simple continuador de la lírica renacentista (con sus romances y letrillas) y luego, tras cambio abrupto, oscureció su estilo. Primero fue el "ángel de luz", para ser luego "ángel de tinieblas". Posteriores trabajos (por ejemplo de Dámaso Alonso), han aclarado el dilema estilístico trazando la línea imaginaria por la cual siguió Góngora sin apartarse.
Una vez más nos encontramos frente a frente con otra obra maestra: Epístola Moral a Fabio. Andrés Fernández de Andrada es el autor de la joya y por suerte, los compiladores nos la ofrecen completa. La Epístola Moral a Fabio, consta de 77 tercetos y tiene una particularidad: el primer verso del siguiente terceto, rima con el anterior, rematando en un cuarteto. Trata esta extensa epístola, el deseo del escritor para con un tal Alonso Tello de Guzmán y sus pretensiones de cargos en la corte. Sigue luego el tono moral, claro está; el poeta debe vivir como poeta, reclama la historia y aquí aconseja el capitán Andrade en los versículos 127-132: "Un ángulo me basta entre lares, / un libro y un amigo, un sueño breve, / que no perturben sueños ni pesares. / Esto tan solamente es cuanto debe / naturaleza al parco y al discreto, / y algún manjar común, honesto y leve". La relación entre la naturaleza y un hombre discreto.
El tenor del texto es discursivo. La explicación está ausente, casi como pontificando ideas. Pregunta y exclama, pero nunca choca el lector con molestias de forma. Es una rara y extraordinaria mezcla de la que siempre nos preguntaremos, como decía Dámaso Alonso, "si fue obra de un sabio medidor y equilibrador o manó de esa sabiduría no planeada". Nunca lo sabremos y lo que es mejor, poco importa. Así termina: "Ya, dulce amigo, huyo y me retiro / de lo que simple amé: rompí los lazos. / Ven y sabrás al grande fin que aspiro, / antes que el tiempo muera en nuestros brazos".
No hay descanso en esta antología: Francisco de Quevedo. Dijo Borges: "Quevedo, que vio tantas cosas, vio la declinación de su España y la cantó en famosos y nobles versos y en una epístola censoria que se atreve a empezar con un verso ridículo (No he de callar por más que con el dedo), porque su autor sabía, como Shakespeare, que cualquier principio era bueno y que su genio era capaz de proseguir y de levantar el poema. Saboreaba cada palabra del idioma español".
Cabe agregar muy poco; acaso algo biográfico y algún verso.
Vive entre los años 1580 y 1645. Fue un hombre de notable inteligencia; manejaba las ideas con gran claridad y las plasmaba con genio, recurriendo a la sátira como medio válido. Hacía de un defecto -un hombre de gran nariz- o de una situación extraña -la mujer enamorada del dinero- una verdadera fiesta de literatura burlesca e ingenio: "Érase un hombre a una nariz pegado, / érase una nariz superlativa, / érase una alquitara medio viva, / érase un peje espada mal barbado". O "Madre, yo al oro me humillo; / él es mi amante y mi amado, / pues, de puro enamorado, / de contino anda amarillo".
Tras breves fragmentos de Juan de Tassis y Francisco de Rioja, nace la flor de México: Sor Juana Inés de la Cruz (1651-1695). Ser mujer e inteligente en esos tiempos, era una complicación para alguien con aspiraciones intelectuales. Sin embargo, merced al talento, fue incorporándose a los círculos literarios: "me encendí yo de manera en el deseo de saber leer, que engañando a mi parecer, a la maestra, la dije que mi madre ordenaba me diese la lección".
Hija literaria de Góngora, Quevedo y Calderón de la Barca y dueña de un fino pensamiento, labra incansable el mejor futuro de las letras hispanas. Autos Sacramentales, Teatro, Sainete o versos -escritos o leídos- sirven de forma para el eterno regalo; su mejor literatura. "Rosa divina que en gentil cultura / eres, con tu fragante sutileza, / magisterio purpúreo en la belleza, / enseñanza nevada a la hermosura". "[...] El alma, pues, suspensa / del exterior gobierno - en que ocupada / en material empleo, / o bien o mal da el día por gastado -, / solamente dispensa / remota, si del todo separada / no, a los de muerte temporal opresos / lánguidos miembros, sosegados huesos, / los gajes del calor vegetativo, / el cuerpo siendo, en sosegada calma, / un cadáver con alma, / muerto a la vida y a la muerte vivo, / de lo segundo dando tardas señas / el del reloj humano / vital volante que, si no con mano, / con arterial concierto, unas pequeñas / muestras, pulsando, manifiesta lento / de su bien regulado movimiento [...]."
Para terminar con la incansable época barroca, dos grandes dramaturgos y poetas: Pedro Calderón de la Barca y Tirso de Molina. Es raro verlos en las hospitalarias antologías poéticas, dada su profusa producción teatral. Dos fragmentos poéticos de "La Vida es Sueño" representan al primero y uno de "Condenado por Desconfiado" al otro.

Con el solo propósito de no agotar al lector, enunciaré sí al resto de los escritores y los períodos en los que desarrollaron su obra, sin detenerme en datos biográficos o textos; el resto -que es imperdible-, está en el libro.


Poesía Ilustrada y Prerromántica del Siglo XVIII

Éste, fue denominado "Siglo de las Luces".
Este capítulo nos ofrece textos de: Fray Tadeo González, Vicente García de la Huerta, Nicolás Fernández de Moratín, José Cadalso, Gaspar Melchor de Jovellanos, Felix María de Samaniego, José Iglesias de la Casa, Tomás de Iriarte, Juan Menéndez Valdéz, Nicasio Álvarez de Cienfuegos y Manuel José Quintana.


Romanticismo del Siglo XIX

Este período fue de mucha agitación. La revolución Francesa marcó la historia Europea y se liberaron nuevas formas literarias: José María Blanco y Crespo (Blanco-White), José Joaquín de Mora, Francisco Martínez de la Rosa, Ángel de Saavedra (Duque de Rivas), Juan Eugenio de Hartzenbusch, el gran José de Espronceda (más de 10 páginas), Gertrudis Gómez de Avellaneda, José Zorrilla (más de 20 páginas), Ramón de Campoamor, Carolina Coronado. Llega Gustavo Adolfo Bécquer y la sublime Rosalía de Castro. Rubén Darío (y es mucho lo que me cuesta no acotar o transcribir textos pero repito, está el libro), cierra este período.


Poesía del siglo XX

Llegamos al último tiempo de esta antología.
Don Miguel de Unamuno abre el camino final. Lo acompañan Manuel Machado, el maestro del siglo: Antonio Machado, el premio Nobel Juan Ramón Jiménez, León Felipe, Pedro Salinas, Jorge Guillén, Gerardo Diego, Federico García Lorca, Dámaso Alonso, Vicente Aleixandre, Rafael Alberti, Luis Cernuda, Miguel Hernández, Gabriel Celaya, Blas de Otero, José Hierro, Ángel González, José María Valverde, José Agustín Goytisolo, Jaime Gil de Biedma, José Ángel Valente, Claudio Rodríguez y los poetas hispanoamericanos: José Martí, Gabriela Mistral, el maestro Jorge Luis Borges, Nicolás Guillén, Pablo Neruda y Mario Benedetti.

 

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