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El
único consuelo es el libro
Sobre "El Arresto" de Perla suez
Por Carlos
Schilling
Texto aparecido en La Voz del Interior
La reticencia
es el rasgo más evidente de la prosa de Perla Suez. En sus novelas, Letargo
y El arresto, que esta semana lanza la editorial Norma, el silencio siempre
se impone a la retórica. En cambio, en la forma de hablar de la autora,
hay algo luminoso y extrovertido que convierte a una charla con ella en un viaje
con destino incierto.
El escritor es el que no encuentra las palabras, decía Paul Valery, y
esa definición se aplica perfectamente a la búsqueda que se percibe
en cada frase escrita por Suez. En Letargo, el laconismo era la manera en que
el lenguaje se resignaba ante la locura; en El arresto revela la tensión
de un mundo atravesado por la nostalgia de los inmigrantes y el anhelo de un
futuro diferente.
Ambas novelas se sitúan en un mismo espacio geográfico y humano:
la colonia judía en Entre Ríos, en las primeras décadas
del siglo 20. Es el lugar donde la escritora vivió hasta los 15 años.
"Fue accidental que naciera en Córdoba", dice, y confiesa que
esa zona de Basavilbaso es un territorio donde su imaginación ha fijado
residencia. "Es una obsesión permanente que tiene que ver con un
espacio de ficción, más que un espacio de realidad".
Muchas de sus historias arrancan en ese mismo punto del mapa: Memoria de Vladimir,
destinada a los niños, Dimitri en la tormenta, que también es
una relato para jóvenes, Letargo, El arresto y el libro que está
escribiendo ahora. La única presentación de la novela será
en una arrocera en Villa Clara y la persona que se encarga de la organización,
apellidado González, es uno de los personajes que aparece fugazmente
en una frase del libro.
Palabra
sagrada
Suez considera que lo que sus ojos vieron de niña no lo olvidará
nunca. "Todo lo que mamé en mi infancia está en el germen
de mis ficciones. En El arresto, me baso en una historia que vivió mi
padre, de origen judío. Vivía en un poblado cercano a la arrocera
de Villa Clara y se va a estudiar medicina a Buenos Aires. Si bien no lo agarra
la Semana Trágica, como al protagonista, sino una caza de judíos
de los años 30, yo traslado el episodio a la ficción".
Una buena parte de su vocación literaria viene por vía paterna.
"Mi padre era un extraordinario narrador de cuentos. Se equivocó
de carrera, creo, porque hablaba muy bien, contaba muy bien. Muchas de sus anécdotas
me sirvieron después para mis relatos".
Las historias son sólo una parte mínima del legado familiar. Más
importante para su formación como escritora fue el sentimiento, profundamente
judío, de que la palabra es algo vivo, un vínculo invisible que
atraviesa los siglos y los continentes.
La escritora se declara atea, pero no deja de reconocer todo lo que le debe
a su abuelo paterno. Era un rabino que tuvo que trabajar en el campo los primeros
años que pasó en la Argentina y que posteriormente volvió
a su vocación religiosa. "Era un verdadero gaucho judío,
con facón y bombachas".
El abuelo transgredía la ley judía que impone transmitir la tradición
a los hijos varones y hacía participar a la niña en las lecturas
del Talmud y de los textos de la Cábala. Le decía que cuando ella
fuera grande ya existirían rabinatos para mujeres.
Suez anticipa que, en la novela que está escribiendo, intenta reflejar
la relación con su abuelo y con los libros. "Si bien él le
hacía lavar las manos a mi hermano antes de tocar el libro, en la ficción
de alguna forma soy la que repito el ritual. Tengo la imagen del libro desde
que abrí los ojos".
Más allá de que la figura del abuelo rabino haya sido decisiva,
también destaca a la familia de sus abuelos maternos, progresista y atea.
Hay una memoria ancestral que toma forma en su escritura y que ella explica
de este modo: "Mis abuelos vinieron huyendo de los progroms de Rusia. En
el fondo, es como que yo tengo que recoger esa tradición, de la cual
no puedo separarme porque es muy fuerte en mí. Es algo que racionalmente
no se articula muy bien con mi ateísmo".
Hombres
y mujeres
Hay una escena en El arresto en que las isocas, "La lagarta militar"
como les dicen en la zona, invaden la arrocera del padre del protagonista. El
episodio se vincula sutilmente con las carnicería de los cosacos a principios
de siglo en Rusia. Sin embargo, ni su abuelo ni su padre hablaban de esos sangrientos
ataques. La autora supone que tiene tan internalizados esos hechos debido a
sus lecturas. "Caballería Roja, de Isaak Babel, me marcó
a fuego", dice, y menciona a varios escritores rusos: Dostoievski, Tolstoi
y, ahora, Nina Berberova.
Aparte de los rusos, dice que sus influencias literarias son vastas. El recurso
de cruzar la tercera y la primera persona, de incorporar cartas y documentos,
lo ha tomado del narrador norteamericano John Dos Passos. También confiesa
sus deudas con Marguerite Duras y con algunos autores rioplatenses como Juan
Carlos Onetti y Antonio Di Benedetto. "Uno escribe porque ha leído
y la lectura es lo que después te permite escribir de otro modo".
La manera que encontró Suez para definir su propio estilo es la austeridad,
la corrección perpetua de los manuscritos. Su última novela tenía
originalmente el doble de páginas de las que finalmente salieron publicadas.
En una frase resume su poética: "La escritura puede transgredir
cuando encuentra el camino del sentido".
Si en Letargo, casi todos los personajes eran femeninos, en El arresto ocurre
exactamente lo contrario. La diferencia es notable porque mientras las mujeres
demuestran un grado mayor de libertad y de indignación ante lo que les
toca vivir, los hombres tienen un actitud más fatalista.
La autora recuerda que los varones no pueden llorar para la tradición
judía. "En Vladimir, cuento cómo al protagonista, pese a
ser un niño, no le permiten llorar. Desde ese punto de vista, la resignación
remite más al peso de las persecuciones y de la culpa. Se mezcla el hecho
de que hay que asumir el deber ser y mostrarse entero ante el mundo. El hombre
no tiene permiso para los afectos. En determinado momento, hay que estar armado,
hay que estar preparado para recibir a los cosacos. El único consuelo
es el libro, la palabra, la palabra como algo sagrado, como algo único,
como algo significativo para sobrevivir".
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