"Los
Años 90"
De Daniel Link
(Adriana Hidalgo Editora)
Por Hernán
A. Isnardi
En ese raro lugar que es la originalidad, la novela "Los Años
90" tiene un sitio. Es rara, es original, pero fundamentalmente es muy
buena.
Uno pendula por el libro entre sensaciones de incomunicación, angustia,
desencuentro. Pero es notable cómo Link dibuja una formidable pintura,
exacta, de un suceso trágico (que deviene en otros), de una personalidad
(la de Manuel) y lo hace desde un lugar complejo: la astilla.
La novela tiene un eje fragmentario, a través del cual uno va armando
esa historia.
Fragmentos dentro de fragmentos... mensajes en un contestador electrónico
van forjando en la cabeza del lector la idea del personaje central. Como cuando
uno hace un silencio pronunciado y otro comienza a hablar tratando de tapar
sabe Dios qué, así van siendo registradas las voces secundarias,
armadoras de la primaria y del relato. Sólo así.
Desde ese primer capítulo, donde la vieja idea de la imposibilidad
del encuentro va naciendo, hasta el final, el autor recoge los pedazos delicadamente
entre cartas, crónicas de viajes, diarios íntimos y llamados
telefónicos y arma así, impecablemente, el rompecabezas. Camina
entre apuntes sobre el infinito, paradojas, mensajes, cartas propias y poesía.
"No sé qué soy, pero sé de qué huyo"
dice el personaje. Eso es tiempo.
"Bebo el café en el fondo de tus párpados". Eso es
Eternidad.
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