Bioy Casares recuerda cómo conoció a Cortázar


F.S.: Como vos naciste en el 14, podríamos establecer cierto paralelismo o vinculación con Cortázar, que es de la misma época. ¿Cuándo lo conociste a Cortázar?

A.B.C.: Lo conocí en París y lo conocí muy tarde… […]. Habrá sido en el 64, porque en el 64 estuve en Francia. Y ahí lo conocí a Cortázar. Creo que nos sentimos bastante amigos desde la primera vez que nos vimos. Alguna vez nos escribimos cartas, aunque muy pocas. Pero sabíamos que éramos amigos. Cortázar era bastante ceremonioso. Era un poco como un chambelán, como un maestro de ceremonias, pero muy simpáticamente, ¿no? Quiero decir que tenía gestos ceremoniosos… Por otra parte, también de mí se ha dicho eso. Porque yo, a veces, cuando entro en un lugar hago una reverencia: no sé por qué hago esa reverencia, es que no sé cómo saludar… Bueno, entonces la gente ve eso como un gesto muy ceremonioso: es tal vez una manera que tiene el tímido de expresarse rápidamente cuando no sabe cómo proceder. Y creo que, como yo, Cortázar era una persona tímida. Hay muchos tímidos que nos engañan porque no parecen tímidos, pero Cortázar sí me pareció tímido.

De: Fernando Sorrentino: Siete conversaciones con Adolfo Bioy Casares, Buenos Aires, El Ateneo, 2001, págs. 117-118.

 

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