Sobre Ojos de Perro Azul
de Gabriel García Márquez

Por Hernán A. Isnardi

Para La Máquina del Tiempo, septiembre del 2012

 

            El cuento es una joya. Una perla en la narrativa del García Márquez. Porque no es usual un texto de esas características de lenguaje. El lenguaje, acá, digo yo, marca la diferencia. La historia, sueño/s, están narrados poéticamente. La agilidad de la prosa, hace posible y creíble esa historia, que no se sabe bien cuál es. Es muchas. Siempre destaco eso de “mirada poética”. La diferencia entre un texto escrito con palabras poéticas y uno poético, es la veracidad dada precisamente por esa mirada, que al ser real, da como resultado algo como esto.

Está narrado en dos tiempos, primero como si hubiera sido pasado, y luego presente. ¿Quién sueña? ¿Él o ella? Él. Las referencias que él da, siempre son sobre la realidad. Las que da ella, poéticas. Se me ocurrió eso. Pero lo extraño, y esto sucede de un modo natural, es que cuando uno lee, parece un sueño de dos personas. Cosa imposible. Sí, claro que podría ser como elemento literario, pero en este caso, no lo es. Es claro que sueña él. Pero repito, siempre parece que fuera un sueño compartido.

La lógica de los sueños; todo vale en ellos.

Igual, vamos a rastrear algunas cosas.

Cuenta sobre los sueños, que son cosas sobrenaturales, con elementos naturales. Y lo hace con absoluta normalidad. Olvidos. Recuerdos. Sí, apoya en el lenguaje la historia. Por ejemplo, hay algo notorio: los “dije, dijo”. Las acotaciones. Por qué. Porque el clima es tan poético, tan onírico, que si no bajara a acomodar a los lectores, sería muy difuso, complejo de seguir.

Por qué narra él.

Él dice: “Y entonces comprendí por qué no había podido estar solo en el asiento. Era el frío lo que me daba la certeza de mi soledad. «Ahora lo siento ―dije―. Y es raro, porque la noche está quieta. Tal vez se me ha rodado la sábana»”. Él está solo. Se siente solo. Él es quien sueña. Tal vez se le ha rodado la sábana. (Aquí se nota lo que decía antes, sobre qué cosas habla él: sobre lo real, tangible)

            Los ojos de perro azul, ese código de ellos, para el recuerdo. Para buscarse. Aunque él, dice ella, amanece y olvidará. Ella lo recuerda, pero nunca lo puede encontrar. ¿Cuándo se habla por primera vez de los ojos de perro Azul? “Fue entonces cuando recordé lo de siempre”. ¿Lo de siempre? Él, al principio, dice, en un hallazgo maravilloso: “Yo creía que me miraba por primera vez. Pero luego, cuando dio la vuelta por detrás del velador y yo seguía sintiendo sobre el hombro, a mis espaldas, su resbaladiza y oleosa mirada, comprendí que era yo quien la miraba por primera vez”. Ahí van los olvidos de él, o simplemente, que él sueña por primera vez, que siempre se soñaban y no se recordaban… y luego la frase: “Fue entonces cuando recordé lo de siempre”. Va de nuevo: ¿lo de siempre?

En un momento, él le dice: «Me gustaría tocarte ahora». Y ella responde: «Lo echarías todo a perder ―volvió a decir, antes que yo pudiera tocarla―. Tal vez, si das la vuelta por detrás del velador, despertaríamos sobresaltados quién sabe en qué parte del mundo». Y de nuevo, las referencias de ella poéticas, u oníricas. Desde el sueño, por algún recoveco imposible de establecer, él trata de encontrar esa cosa de no pérdida… Por otra parte, ambos, en el sueño, viven esa realidad de un modo tranquilo, no dramático, a pesar de saber que se perderán cada vez. Ojos de Perro Azul. Sueños, uno o muchos. No se sabe.

            Él sueña. Sueña con él, y con ella. Y además, sueña con un lugar, en el que hay sueños de otros, cercanos. Huele, en su sueño, a campo. ¿Qué es eso? De dónde sale. Ella le dice: “conozco esto más que tú. Lo que pasa es que allá afuera, está una mujer soñando con el campo”. Los aciertos poéticos de García Márquez, son notables. La exacta mezcla que sentimos en los sueños.

            Alicia en el país de las maravillas. Ella sueña al rey rojo. El rey sueña con ella. Si él despierta, ella muere. Él sueña con ella. Él amanecerá, y como tantos, no recordará. Ella sí aparentemente… pero en el sueño de él, y el sueño de él, termina cuando despierta… acaso fue un solo sueño. Uno solo.

 

El cuento:

Ojos de Perro Azul - Por Gabriel García Márquez

 

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