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La
Loca De Amherst
Por
Paola Kaufmann
Una palabra muere
cuando es dicha,
dicen.
Yo digo
que recién empieza a vivir
ese día.
Emily
Dickinson
En
el siglo XIX vivió en Nueva Inglaterra una mujer a la que llamaban
"el mito". La Poeta Reclusa le decían, y también la
Monja de Amherst, la Mujer de Blanco, la Bella de Amherst: Emily Dickinson.
Una mujer que escribió, en el dorso de una receta de cocina, que Amherst,
su pueblo, era "la definición de Dios", y que sin embargo,
en medio del más puritano de los entornos, jamás abrazó
la religión.
Contemporánea de Walt Whitman, de Edgar Alan Poe,
de Nathaniel Hawthorn, de Mark Twain, fue considerada una de las grandes poetas
americanas recién a cuatro años de su muerte, con la publicación
del primer tomo de "Poemas" en 1890. Algunos de sus biógrafos
la describen como un ser solitario, casi enfermizo: una mujer-niña
extremadamente tímida, frágil y etérea, encerrada en
su cuarto, escribiendo febrilmente día y noche, ajena al mundo y a
todo lo que no fuera la Literatura. Otros, en cambio, como una mujer rebelde
y excéntrica, con un extraordinario sentido del humor, alguien que
fue fabricando voluntariamente su imagen y moldeando un destino de fama a
sabiendas de que, en vida, ese destino sería imposible de alcanzar,
entre otras cosas, por ser mujer. Hay quienes aseguran que todo, su poesía
y su reclusión, fue el fruto de un amor imposible hacia un hombre casado.
En realidad, de varios amores imposibles hacia varios hombres casados. Hay
quienes dicen que sostuvo durante toda su vida una relación lesbiana
con Sue Gilbert Huntington, posteriormente Sue Dickinson, su amiga más
querida, su vecina de siempre, y por añadidura, su cuñada. Hay
quienes dicen que su arte no era genuino, sino más bien una capacidad
magistral para copiar lo ajeno y transformarlo en algo completamente distinto.
Hay quienes opinan que de esto se trata, en definitiva, la literatura, y que
Shakespeare hizo mas o menos lo mismo. Pese a las innúmeras opiniones
e interpretaciones literarias y psicológicas, su vida fue y sigue siendo
una suerte de emboscada para los curiosos de las biografías, y de enigma
perpetuo para los críticos de su obra.
La vida en cuestión de Emily Dickinson puede resumirse muy brevemente:
nació en Amherst, Massachusset, el 10 de Diciembre de 1830. Tuvo dos
hermanos, Austin, un año mayor, y Lavinia Dickinson, tres años
menor que ella; un padre autoritario cuyo interés primordial era la
educación, y una madre que siempre estuvo presente, si bien no fue
una figura preponderante para ninguno de los hermanos. Fue una adolescente
normal, que participaba de las fiestas y los bailes, de las caminatas y paseos
a caballo y de las amistades del colegio. A los 17 años supo, según
sus propias palabras, que nunca se transformaría en "la bella
de Amherst", que su "cara de gitana, de labios anchos y ojos oscuros"
no cambiaría a las facciones suaves y elegantes que había soñado
para sí, y desde entonces, dejó de preocuparse por su apariencia.
Enamorada de las hermanas Bronte, se identificaría primero con la poco
agraciada pero independiente Jane Eyre; más tarde, cuando sobrevino
la fiebre por escribir, con Emily Bronte, y finalmente, casi sin proponérselo,
con Berta, la esposa demente de Mr. Rochester encerrada en el ático
de Thornfield. De esa primera época data el único daguerrotipo
que se conoce, ya que nunca más Emily Dickinson permitió que
su imagen quedara plasmada en ningún lado. De 1847 a 1848 estudió
en el Seminario para Mujeres de Mount Holyoke; en 1850 conoció a Sue
Huntington, que sería su segunda hermana por el resto de su vida, y
la mujer de Austin. En 1852 aparece publicado el primer poema en un diario
local, y en 1862 le envía varios poemas a Thomas W. Higginson, una
eminencia de las letras, para someterse a su veredicto y también con
la intención de publicarlos. Higginson, si bien encuentra en su poesía
algo magnético e inexplicable, también la considera imperfecta,
inaprehensible en la rima, y recomienda fervorosamente no publicar. El mismo
veredicto recibió, vale la pena apuntarlo, Hojas de Hierba, de Walt
Whitman. En 1854 viaja con su familia a Washington para acompañar a
su padre en la tarea política. En 1864-65 permanece por varios meses
en Boston, para hacerse tratar de la vista. No volvió a salir de Amherst,
y durante los últimos quince años antes de morir, no salió
siquiera de su casa. Vivía la mayor parte del tiempo en su habitación
del primer piso en la casa paterna, junto con su hermana Lavinia, quien tampoco
se casó nunca y era la encargada de las tareas "sociales y externas".
Tuvo al menos un amor, el Juez Otis Lord, amigo y compañero de estudios
de su padre, con quien empezó un romance tardío pero apasionado
cuando éste quedó viudo, y que se continuó hasta la muerte
de Lord en 1884. Si bien planeó casarse e ir a vivir con Lord a Salem,
Massachusset, el matrimonio nunca se concretó. Durante los últimos
años prácticamente no escribió nada, y se dedicó
a cuidar a su madre inválida por un derrame cerebral, y a cocinar,
puertas adentro siempre. Cuando en 1882 murió de tifus su sobrino Gilbert,
de apenas 8 años, ella enfermó del mal de Bright, una deficiencia
renal crónica pero mortal. Murió el 15 de Mayo de 1886. Un par
de meses más tarde, limpiando su cuarto y a punto de cumplir la tradición
de quemar todos los papeles de los muertos, Lavinia encuentra en un cajón
del bureau donde Emily solía escribir casi 2000 poemas, muchos de ellos
atados en fascículos, como si hubiesen sido preparados para publicarse
así. A pesar de las opiniones en contra, Lavinia mueve cielo y tierra
hasta que consigue que la poesía de Emily salga a la luz. Sin embargo,
la publicación de los tres volúmenes de poesía, y de
las cartas de Emily Dickinson, acarreó además de la fama, el
escándalo.
En 1882, cuatro años antes de la muerte de Emily,
llegó a Amherst Mabel Loomis Todd, una joven de veintitantos años,
casada con David Todd, profesor invitado del Amherst College. Mabel, además
de joven, era lo que puede llamarse una mujer de mundo: tocaba el piano y
cantaba muy bien, escribía ensayos menores sobre sus viajes, pintaba
decentemente, odiaba cualquier tarea doméstica pero, por sobre todas
las cosas, era en extremo sociable, y de inmediato conquistó a los
Dickinson, especialmente a Sue y Austin, quienes vivían en una mansión
llamada "Evergreens" ubicada detrás de la casa paterna de
los Dickinson, y quienes, además, acostumbraban a dar fiestas "culturales"
con cierta asiduidad. Un año más tarde, Mabel Todd y Austin
Dickinson eran amantes, y esta relación, que perduró en el tiempo,
incluía también a David Todd, conformando un ménáge
at trois que no pasó desapercibido en la puritana Nueva Inglaterra
de Emily Dickinson. Para entonces, Emily era ya "el mito" viviente
de Amherst, la mujer que hacía quince años no salía de
su casa, y vestía exclusivamente de blanco. Hasta qué punto
estuvo involucrada en el romance de su hermano con Mabel Todd no puede saberse
con certeza, sin embargo, a partir de entonces, la relación con Sue,
su cuñada y amiga íntima, empezó a deteriorarse. Emily
Dickinson, tal vez como una prueba de lealtad y de amistad, nunca recibió
personalmente a Mabel Todd, esto significa que Mabel nunca la vio. Ni siquiera
en el cajón, antes de enterrarla, se le permitió verla. Austin
Dickinson, a sabiendas de su esposa y de toda la ciudad (y, presumiblemente,
de sus dos hermanas) fue un adúltero respetado, o más bien prolijamente
ignorado, hasta su muerte. Cuando Emily murió, Vinnie quedó
a cargo de la casa paterna, y allí siguió viviendo junto a sus
treinta gatos. Desde que descubrió los poemas de su hermana, se dedicó
con un empeño y una devoción casi fanáticas a publicar
la poesía de Emily, y para esto recurrió primero a Sue, quien,
por motivos no del todo entendidos -aparentemente habría intentado
mandar poemas sueltos a distintas revistas, que fueron rechazados-, decidió
entonces que lo mejor sería una publicación casera, local, o
no publicar nada. Vinnie, defraudada por Sue, recurrió entonces a Mabel
para copiar uno a uno los poemas manuscritos de Emily, y seleccionarlos para
su publicación. Thomas Higginson, el hombre que treinta años
atrás había cortado de cuajo las ilusiones de fama de Emily,
esta vez decidió que publicar era lo correcto. El primer volumen de
poesía llevó en la tapa el nombre de Thomas Higginson y de Mabel
Todd, como editor y coeditor respectivamente. Lavinia Dickinson no fue siquiera
mencionada.
El affair de Austin y Mabel estaba en boca de todos cuando
apareció el libro de Emily con el nombre de Mabel como editora, y esto
terminó destrozar la relación entre Sue por un lado y Austin
y Vinnie por el otro. A partir de entonces, de un modo extraño, Mabel
Todd se convirtió en la referencia obligada sobre vida y obra de Emily
Dickinson. Durante años dio charlas y se dedicó a la selección
de poemas para los siguientes dos tomos de poesía, más un tomo
de cartas, que fueron apareciendo entre 1890 y 1896. Antes de entregar el
manuscrito para el tercer tomo, consiguió que Vinnie firmara la donación
de un terreno aledaño a la casa de los Todd, terreno que le había
sido prometido por Austin pero que, por supuesto, nunca había sido
explicitado en el testamento. Con la firma de la donación, Mabel entregó
el manuscrito final a Higginson, y el último libro de poesía
de Emily Dickinson fue publicado inmediatamente. Sin embargo, unos meses después,
Vinnie presentó una acusación ante la justicia alegando que
había sido estafada por el matrimonio Todd, obligándola a firmar
un papel cuyo contenido desconocía. El escándalo llegó
finalmente a la corte donde, contra todas las expectativas, el juez falló
en favor de Vinnie, obligando a los Todd a devolver el terreno. Unos meses
después del veredicto, Vinnie murió, a los sesenta y seis años:
la persona que más cerca estuvo siempre de Emily, y la responsable
directa de la publicación de los poemas, pasó a la historia
como la hermana mediocre y rencorosa de la excéntrica y genial reclusa
de Amherst. Los Todd siguieron viviendo en Amherst, aunque nunca volvieron
a cruzarse en el camino de los Dickinson. De hecho, Mabel guardó en
un arcón todo lo que todavía poseía de Emily, y no volvió
a tocarlo hasta 1930, cuando su única hija Millicent Todd decidió
contar la verdad sobre la misteriosa vida de Emily Dickinson. La única
sobreviviente de la familia, Martha Dickinson, hija de Sue y Austin, dedicó
también su vida a contar la vida y obra de su tía a partir de
las memorias propias y de su madre. Los dos libros son hoy obras capitales
de referencia para cualquier investigación seria sobre Emily Dickinson,
si bien ambos cargan con el sesgo que el rencor y la historia de los padres
les impusieron.
Hoy ya no queda ningún sobreviviente de los Dickinson
en Amherst. La casa paterna, conocida como el Dickinson Homestead, a dos cuadras
del centro de la ciudad, se mantiene exactamente igual, probablemente gracias
a la construcción de ladrillos que le valió en otro tiempo el
rótulo de "la mansión". En el cementerio, Edward Dickinson,
Emily Norcross Dickinson y sus dos hijas, Emily y Lavinia, yacen en el mismo
cuadrado de tierra, cercado por una reja. La gente suele dejar flores, pero,
salvo que uno se detenga a leer las inscripciones de las piedras, nada indica
especialmente que allí se encuentra la tumba de una de las mayores
poetas de América. Al contrario que en los demás epitafios de
la familia, la lápida de Emily Dickison dice: "Born in 1830, Called
Back in 1886". Esta frase, "called back" (reclamada, o llamada
de vuelta) fue escrita en una breve carta a sus sobrinos, unos días
antes de morir, y posiblemente hayan sido las últimas palabras escritas.
Como para darle el gusto a todos los que, mucho más tarde, la acusarían
de apropiarse de las palabras ajenas, éstas tampoco le pertenecían:
"Called back" era el título de un thriller psicológico,
un best seller de la época, hallado sobre su mesa de luz la mañana
siguiente a su muerte. Nunca se supo quién ordenó tallar esas
palabras en la piedra, aunque probablemente haya sido Vinnie, siguiendo las
órdenes expresas que Emily Dickinson había dejado para su propio
funeral: un cajón blanco, un vestido blanco, lilas sobre el pecho,
y que nadie, nadie en este mundo, tuviera la oportunidad de verla, ni siquiera
muerta. Y que sacaran el cajón por la puerta trasera de la casa. .
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