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Los
Primeros Cien Años de
LAS FLORES DEL MAL
Por
Bernardo Ezequiel Koremblit
"... No ha de pasar este centenario sin que nosotros
también documentemos el carácter de libro fundamental, "ese poema de caridad
sublime, de fraternal humanidad, digno del corazón de un santo", central
y único que es Las Flores del Mal en la historia de la literatura junto a los
de Platón, Shakespeare, Homero, Quevedo, Goethe, Dostoyewski, Cervantes, Virgilio
y Montaigne. Ni pasará tan silenciosamente este 1957 sin que lo veamos al lado
de la Divina Comedia; pues después de la catedral teológico-poético-filosófica
de Dante sólo Las Flores del Mal sus ciento cincuenta y un poemas relacionados,
conexos, ensamblados y coligados constituyen un solo poema, un solo tejido afín
y coherente es el único libro de poesía por donde pasa y transita la vida
en todas sus manifestaciones, las más altas y las más bajas, en todos sus aspectos,
los más tiernos y los más implacables, con sus hierros, sus sedas, sus ascetismos
y sus voluptuosidades, sus pecados y sus virtudes y las indulgencias y las sanciones
que el hombre recibe del cielo y del infierno. ,,("Impregnado de cristianismo",
dice Jean Massin de Las Flores; "moralista a su manera, Thierry Maulnier;
"viejos fondos de catolicismo", Verhaeren; "el horror de la vida
y el éxtasis de la vida", De Quincey; "de la materia en putrefacción
se obtiene un poema fosforescente", P. Mansell Jones; "Las Flores
son un Infierno sin Paraíso'', Barbey D'Aurevilly; "Dante del bulevar",
Anthero de Quentar; "Dante estaba en el comienzo, cuando la ola subía,
mientras que Baudelaire se halla en el final, cuando la ola refluye", Nydia
Lamarque;(...)
(...) Los cien años han corregido la excomunión de 1857 documentando
que con este libro surgió un nuevo arte, una nueva literatura, una poesía nueva,
distinta, en pugna con las ideas de las personas honestas que fundaban empresas
y abrían casas bancarias con asientos prolijos e impecables. El libro centenario
mostró la naturaleza predestinada de Baudelaire, y el carácter integral de sus
poemas demuestra que a Baudelaire le interesaba y lo preocupaba una sola cosa:
todo. Aparte de lo demás, esto es lo que se sabe en el primer centenario de
esas tristes y perfectas flores del bien.
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